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Condenado por dar las cifras reales del déficit público griego

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La historia se remonta a 2009, año, recordemos, cuando comenzó la debacle financiera griega y la crisis del euro. El gobierno griego tuvo el descaro de notificar a la Comisión Europea sus previsiones totalmente fantasiosas de déficit público: 3% del PIB en marzo, luego 6% en septiembre, muy por debajo de lo que ya era previsible.

El nuevo gobierno elegido en octubre de 2009 corrigió la situación al anunciar una cifra del 12%, mucho más creíble. Este anuncio, en el contexto de la crisis post-financiera, fue la chispa que desencadenó todo.

Tras severas críticas al sistema estadístico griego, el gobierno nombró en el verano de 2010 a un nuevo director de estadísticas, Andreas Georgiou, con el mandato de restaurar el Instituto de Estadística y garantizar su independencia. En marzo de 2010, el Instituto informó a la Comisión de un déficit para 2009 del 13,6% del PIB, superior al último pronóstico, pero que Eurostat, la Oficina Europea de Estadística, se negó a validar. Tras las sucesivas misiones de verificación entre los expertos de la Comisión y el Instituto, finalmente se notificó y validó un déficit del 15,4% del PIB de 2009 en noviembre de 2010. Desde entonces, todos los actores europeos reconocen que las estadísticas griegas han sido restauradas y elogian el trabajo de Andreas Georgiou. Todos los actores, excepto los de Grecia.

Mientras tanto, la clase política griega se había embarcado en una frenética búsqueda de un chivo expiatorio. Y se encontró uno, él que anunciaba las malas noticias. Comienza la pesadilla de Andreas Georgiou. Se le acusó de haber distorsionado deliberadamente las cifras y exagerado el déficit griego. Ataques personales, amenazas físicas, querellas legales...

Como la acusación de mistificar los números fue rechazada dos veces en las cortes, nuestros histéricos necesitaron otro ángulo de ataque.

Primero, la difamación. Andreas Georgiou se sorprendió públicamente de ser acusado de hacer trampa, cuando ninguno de sus predecesores lo fue por permitir números falsos. Un tribunal acogió la acusación. Veredicto: un año de prisión remitida.

Luego, diversos ardides. Un tribunal, a principios de agosto de 2017, acogió el cargo en su contra de “haber transmitido ilegalmente el 10 de noviembre de 2010 a Eurostat un informe sobre las estadísticas de finanzas públicas del país sin informar al organismo colectivo (es decir, el directorio del Instituto de Estadística)”. Veredicto: dos años de prisión remitidos. Que sumados a la condena anterior valen dos años efectivos.

Mientras tanto, la clase política griega se había embarcado en una frenética búsqueda de un chivo expiatorio. Y se encontró uno, él que anunciaba las malas noticias. Comienza la pesadilla de Andreas Georgiou. Se le acusó de haber distorsionado deliberadamente las cifras y exagerado el déficit griego. Ataques personales, amenazas físicas, querellas legales...

La acusación es absurda y la condena impactante. ¿Qué director de un instituto de estadística sometería a votación de su junta directiva la publicación de una cifra, aún si fuera políticamente sensible? Además, la ley griega nunca menciona ninguna notificación o aprobación del directorio. Finalmente, el reglamento europeo, aceptado por Grecia, estipula que la notificación a Eurostat de las estadísticas de finanzas públicas de los años anteriores es responsabilidad exclusiva del director del Instituto Nacional de Estadística.

Todo esto en un contexto en el que se impone en todo el mundo un principio deontológico de independencia del instituto nacional de estadística en términos de métodos, procedimientos, contenidos y fechas de publicación. Eso es lo que el Código europeo de buenas prácticas estadísticas dice textualmente.

Andreas Georgiou ha apelado la sentencia pronunciada en agosto y será juzgado a principios de marzo por el Tribunal Supremo griego. Si esta condena se confirma, es la prisión la que espera a Andreas Georgiou si pone un pie en su país (ahora reside en los EE.UU.).

La justicia es, por supuesto, independiente. Pero no sería lo más astuto de parte de las autoridades griegas mantener la condena de su director de estadísticas mientras trata de vender su probidad y respeto por las reglas, en particular, a los mercados financieros que requiere para la refinanciación de su deuda.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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