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La Moneda versión 2018: Volver al Futuro

por 27 febrero, 2018

La Moneda versión 2018: Volver al Futuro
Terminada la primera fase de designaciones, el gran ganador de esta etapa –la pretemporada, en términos futbolísticos– es, sin duda, Sebastián Piñera. Impuso sus términos, logró armar un equipo de su total confianza, el que tiene muy claro dónde deberán estar sus lealtades. Es un grupo conocido, que sabe su estilo, su ritmo, su nivel de exigencia, la forma en que invade todos los espacios. Ahora veremos con cuánta independencia podrá gobernar y cuál será el rol que cumplirá Chile Vamos. Claro que, hasta aquí, todo hace prever que la relación con los partidos será compleja, como en 2010.
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Tal como la trilogía de Robert Zemeckis y Steven Spielberg, en la cual Marty McFly viajaba por el tiempo, a partir del 11 de marzo parece que vamos a experimentar la misma sensación: “Esto ya lo he vivido antes”.

Una suerte de recuperación del pasado, de reencuentro con la historia reciente. El lugar es el mismo –La Moneda–, los actores son casi idénticos, con la excepción de un cambio menor en los roles de reparto. Dupla Chadwick-Ubilla en Interior; Cecilia Pérez en Segegob; Carlos Alvarado de subsecretario de la Presidencia. Blumel por Larroulet; Larroulet por Blumel en el segundo piso. Debieron pasar ocho años para conocer la segunda parte de la saga.

La verdad es que la presentación del equipo de la segunda línea no sorprendió mucho. Pese a que en Chile Vamos estaban tratando de ganar tiempo para poder colocar a algunos de sus jugadores(as), el Presidente electo prefirió volver a su cronograma inicial, entregando con ello una señal anticipada de lo que se confirmaría al conocer los nombres: el piñerismo estará por sobre los partidos.

Nueve subsecretarios que ya habían cumplido esa función –seis de ellos en el mismo cargo–, quince independientes y uno que otro rostro de los partidos base de la coalición. Un premio de consuelo –como el de Alejandra Bravo en Bienes Nacionales, la presidenta de un partido, el PRI, en extinción; o el dirigente de la UDI Pablo Terrazas– que logró una tibia sonrisa en la UDI y RN. Pese a que ambos partidos quedaron casi en igualdad de condiciones, a diferencia de 2010, en que los gremialistas se impusieron con todo, no pueden haber sacado cuentas alegres.

Los únicos que debe estar aún celebrando son Evópoli y Manuel José Ossandón, quien pese a reiterar mil veces que no tendría nada que ver con el Gobierno –como una manera de fiscalizar que se cumplan las exigencias que hizo para apoyar a Piñera en segunda vuelta– instaló a uno de los suyos en la Subsecretaría General de Gobierno, cargo que le permitirá tener un contacto directo con el mundo social organizado.

Analizando esta conformación del equipo gubernamental, es legítimo que muchos se estén preguntando si esta repetición de nombres responde a que cuentan con la confianza total de Sebastián Piñera como principal atributo o, más bien, a la falta de originalidad y, lo que es peor, a la escasez de personas calificadas para ejercer tan importantes cargos. Sea la razón que sea –yo creo que es la primera–, me imagino las críticas descarnadas que habrían existido hacia Michelle Bachelet en el caso de haber repetido el mismo formato para enfrentar su segundo período. Recordemos que la prensa escrita alcanzó a levantar una tenue polémica por la famosa repetición del plato de un par de personas.

¿Qué novedades trajo la designación de los subsecretarios? Pocas. Quizás lo más relevante fue el refuerzo político en dos carteras, cuyos ministros no la tendrán fácil. Alvarado acompañará a Blumel en la Segpres y Alfonso Silva a Roberto Ampuero en RR.EE. Pese a la indudable capacidad profesional del primero –y la cercanía con Piñera–, la relación con el Poder Legislativo requiere un amplio conocimiento del teje y maneje  parlamentario, incluyendo sus códigos, formas y, por supuesto, mañas. Más todavía considerando que el futuro oficialismo no tendrá mayoría en ambas Cámaras.

¿Qué novedades trajo la designación de los subsecretarios? Pocas. Quizás lo más relevante fue el refuerzo político en dos carteras, cuyos ministros no la tendrán fácil. Alvarado acompañará a Blumel en la Segpres y Alfonso Silva a Roberto Ampuero en RR.EE. Pese a la indudable capacidad profesional del primero –y la cercanía con Piñera–, la relación con el Poder Legislativo requiere un amplio conocimiento del teje y maneje  parlamentario, incluyendo sus códigos, formas y, por supuesto, mañas. Más todavía considerando que el futuro oficialismo no tendrá mayoría en ambas Cámaras.

La nominación de Silva –ex subsecretario y embajador– representa no solo un alivio para el escritor sino también para todos los chilenos, considerando que se vienen tiempos complejos en materia internacional, partiendo por los alegatos orales en La Haya.

En el sentido contrario, llamó la atención que se nombrara a Raúl Figueroa en Educación, un abogado que ha sido muy crítico de la gratuidad universitaria y que tiene un perfil muy similar al ministro Varela. Lo lógico es que hubiese ocupado el cargo una persona con mucha experiencia política, para enfrentar un panorama que ya se está complejizando, sin que hayan asumido aún. En círculos de Chile Vamos se ha llegado a especular que, en el diseño de Piñera, está el dejar algunas áreas como “fusibles”, de manera de generar un conflicto algo artificial que le permita al Gobierno no profundizar mucho en esta materia.

Y, al igual que en el futuro equipo de ministros, el Mandatario electo envió una nueva señal para atraer al mundo democratacristiano: esta vez nombró a María José Zaldívar, al igual que en enero lo hizo con el hermano de los Walker. Pero aún no ha habido comentarios desde la DC, parece que están todos de vacaciones o siguen en la depresión profunda.

Respecto de los intendentes, anunciados ayer lunes, el panorama fue algo distinto. Aunque en apariencia se les dio en el gusto a los partidos –5 UDI, 5 RN, 2 Evópoli y 3 independientes–, al revisar en profundidad los nombres, estos son en su mayoría gente con poca experiencia política, justo en un rol que pasará a tener una importancia enorme desde el 2020, enfrentando una elección en que deberán competir con pesos pesados de todos los otros sectores.

Sin embargo, Piñera volvió a ser claro en las señales: cuando debe resolver una disputa entre los partidos, opta por una persona de su confianza. Fue tanta la ansiedad en Chile Vamos –la UDI llegó al bochornoso espectáculo de postular a Lavín, aunque este les quitó el piso en menos de 24 horas– por ocupar la Intendencia Metropolitana, que Piñera eligió finalmente a una mujer cercana, integrante de su campaña e independiente: Karla Rubilar. El que mando soy yo, punto.

Terminada la primera fase de designaciones, el gran ganador de esta etapa –la pretemporada, en términos futbolísticos– es, sin duda, Sebastián Piñera. Impuso sus términos, logró armar un equipo de su total confianza, el que tiene muy claro dónde deberán estar sus lealtades. Es un grupo conocido, que sabe su estilo, su ritmo, su nivel de exigencia, la forma en que invade todos los espacios. Ahora veremos con cuánta  independencia podrá gobernar y cuál será el rol que cumplirá Chile Vamos. Claro que, hasta aquí, todo hace prever que la relación con los partidos será compleja, como en 2010.

Vamos a ver si la saga se compone solo de dos películas o llega a una tercera. Todo dependerá de si el actual Mandatario electo es capaz de traducir en hechos rápidos las grandes promesas de campaña.

Los tiempos mejores no se ven fáciles, incluso en el terreno en que Piñera tiene más confianza: aumentar el crecimiento. De hecho, la agencia calificadora Fitch puso esto en duda. Pero el estado catastrófico en que se encuentra la futura oposición es tan profundo, que por ahora es probable que se filme la tercera película, en gran parte, gracias a la ex Nueva Mayoría.

A tal nivel llega el desconcierto y confusión en ese conglomerado –si se le puede poner ese nombre–, que el ex presidente del partido de Michelle Bachelet, Osvaldo Andrade, además amigo personal de la Mandataria, señaló en una entrevista que ella no había sido capaz de asumir su condición de jefa de la coalición, como una manera de explicarse la crisis oficialista. Cero autocrítica, como lo hemos visto en todos los partidos desde diciembre a la fecha. De seguir así, capaz que tengamos más de tres temporadas.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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