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Cumbre borrascosa

por 13 marzo, 2018

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El 13 y 14 de abril está planificada la VIII Cumbre de las Américas, reunión de los mandatarios del continente, en Lima, Perú.  Los aprestos indican que su desenlace no será nada de fácil.

Dos hechos están en la base de este pronóstico: en primer lugar, la crisis de legitimidad del sistema político peruano, y en el trasfondo, los ecos de la crisis venezolana.

 Partamos por casa, desde hace meses las revelaciones del caso Oderbrecht han trascendido a plenitud, y las recientes declaraciones a la justicia peruana del principal operador del consorcio brasileño, han terminado por salpicar a casi la totalidad del arco político peruano.  En especial, el financiamiento ilegal de las campañas de la mayoría de los principales candidatos presidenciales en los últimos tiempos.

El saldo es devastador, el ex presidente Humala y su esposa se encuentran hoy encarcelados, el ex presidente Toledo está prófugo de la justicia, el APRA y el ex presidente Alan García también aparecen en las revelaciones de la justicia, lo mismo pasa con las campañas de Keiko.  No es todo, el actual presidente, Pedro Pablo Kuscinsky, PPK  para los peruanos, está sindicado de haber recibido fondos para sus campañas y además, de que empresas de su propiedad fueron beneficiadas durante su gestión anterior como ministro.

En este cuadro, las gestiones por declarar vacante el cargo amenazan a PPK, y volviendo a la Cumbre de abril, podrían converger los dos procesos.  No es todo, para desgracia de la diplomacia peruana, el tema de la próxima cumbre es “la gobernabilidad democrática y la corrupción”.  Un destacado analista mexicano me comentó hace poco, con el característico humor negro azteca: “podrían organizar un panel con ex presidentes para que cuenten sus experiencias”.

Seamos justos, el caso Oderbrecht no afecta solo al Perú, y su metástasis se extiende a varios países de la región, pero la cumbre contra la corrupción se va a desarrollar en Lima.

Aquí el tema central es la crisis venezolana. Fracasado el proceso de diálogo – negociación que con abnegación encabezo el presidente dominicano Danilo Medina entre el gobierno y la oposición venezolana, el país se apresta a unas elecciones cuyo desenlace difícilmente resuelva la crisis.

Si la coyuntura doméstica no es nada de fácil, el contexto tampoco ayuda.  Aquí el tema central es la crisis venezolana.  Fracasado el proceso de diálogo – negociación que con abnegación encabezo el presidente dominicano Danilo Medina entre el gobierno y la oposición venezolana,  el país se apresta a unas elecciones cuyo desenlace difícilmente resuelva la crisis.

En Venezuela desde hace rato se desarrolla un proceso donde confluye una aguda hiperinflación, una polarización política y un desorden institucional que entre otros elementos, se evidencia en la existencia de dos entes legisladores: la Asamblea Legislativa y la Asamblea Nacional Constituyente. Todo ello ha provocado un desorden del mercado, un agudo problema de desabastecimiento y con ello  forzado a la emigración a centenares de miles de venezolanos.  Las partes discuten sobre la causa de la crisis: unos culpan a las sanciones impuestas en el exterior, y otros a la política económica adoptada, lo cierto es que la crisis está y afecta a la mayoría de la población.

 No solo Venezuela se polarizó, sucedió desgraciadamente con los organismos multilaterales de la región.  La OEA se partió en dos, lo que se replicó en la CELAC y  UNASUR lleva varios meses en coma.  ¿Pasará lo mismo con la Cumbre de las Américas?

 La Cancillería peruana procedió en medio de este clima a retirar la invitación al presidente Maduro que semanas atrás le había cursado respetuosa y protocolariamente.  Invocó para ello las resoluciones de la Carta Democrática.  Pero como bien recordara un ex canciller peruano, las sanciones que dispone dicho documento, se basan en una decisión colectiva de la comunidad hemisférica y no en el acto individual de un Estado contra otro.  Hacerlo así, abriría el campo a múltiples vetos unilaterales que poco ayudarían.

 No son pocos los analistas limeños que advierten que las actuaciones “anti Maduro” más que diplomáticas son políticas, más que nacer de la experimentada cancillería peruana provendrían del Gobierno de turno. Con ello se capearía la tormenta de legitimidad interna.  La reciente liberación del ex presidente Fujimori, condenado por violación de DDHH, torna poco coherente las invocaciones a la defensa de la democracia y los derechos básicos como argumento para retirarle la invitación a Venezuela.

 En reciente reunión en Caracas, más de una docena de gobiernos acordó desplegar medidas políticas y diplomáticas para que Venezuela no fuese excluida de la cumbre, días atrás, otro grupo había apoyado la decisión peruana.

 Como se puede apreciar, a menos de un mes, nadie puede decir que esta cumbre será rutinaria.

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