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El cuerpo de las mujeres y el espacio público: territorios en disputa

por 17 abril, 2018

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Hace algunos días, fue publicado en un conocido medio nacional un artículo del excandidato a la presidencia de la república José Antonio Kast, en él, se invitaba al gobierno y por su puesto a la población en general a asumir una verdad incómoda, Daniela Vega era en realidad un hombre.

El espacio público al igual que el cuerpo de las mujeres, es un territorio de disputa. De hecho, así se ha podido constatar durante el primer mes del actual gobierno, en que a través de un protocolo se buscó limitar (la ya exigua) ley que despanalizó el aborto en tres causales. Es más, la situación resulta a veces incómoda, cuando se intenta a través de discursos aparentemente hegemónicos, reforzar estereotipos de género de carácter clásico, para continuar oprimiendo y constriñendo los derechos del sector mayoritario de la sociedad, las mujeres. Por otro lado, se ha intentado acallar infructuosamente el debate por una necesaria ley de identidad de género, para evitar justamente que la opción de género de las personas trans, pueda ser reconocidas por el Estado.

Los avances en materia de igualdad de derechos y reconocimiento de la diferencia durante el gobierno de Michelle Bachelet marcaron un precedente para la sociedad chilena. Si bien, ganó la opción conservadora, con el 50% del electorado y por una amplia mayoría, existe otro 50% que no se ha querido, aparentemente, introducir con fuerza en los asuntos públicos, por lo que no se conoce cual es su opinión respecto de estos asuntos, pero que podría enmarcarse en la crisis de legitimidad de la política y las instituciones, que con el tiempo se ha ido profundizando.

Así como el ex diputado Kast, pide respeto a su intolerancia y a su discurso que genera un malestar evidente, y resulta prácticamente intolerable en la esfera democrática (de hecho, está instalando un debate que como sociedad se ha silenciado durante los años de transición, que consiste en la redefinición del concepto democracia), las mujeres pedimos respeto en el tratamiento que se nos otorga en la construcción de la opinión pública, ya que somos más que un cuerpo que se intenta controlar y normar, tenemos opinión y creamos conocimiento, también podemos liderar procesos de cambio, que apunten a la necesaria transformación de las instituciones y de la deconstrucción de la androcéntrica realidad social, económica y política chilena.

Para encausar la discusión, resulta importante recordar que el feminismo de la diferencia no buscaba precisamente que las mujeres fuéramos iguales a los hombres per sé, sino más bien, avanzar en el reconocimiento de que las sociedades son diversas y esa diversidad, que es la riqueza principal en una nación, pudiera reconocerse, sin necesidad de adoptar patrones de opresión establecidos como el mandato clásico de la sociedad conservadora. Es más, Simone de Beauvoir, insistió que no se nace mujer sino se llega a serlo. Si Daniela es mujer, y su identidad de género es femenina ¿por qué interpelarla en la esfera pública de una manera tan grosera como lo hace el excandidato? Resulta a lo menos curioso, el tono en que se expresa, quién defiende además una supuesta “libertad de expresión” cuyos propios términos expuesto en el texto, acaban por violentar las conciencias de las personas que no se encuentran de acuerdo con sus planteamientos.

Lo peligroso de este tipo de discursos, es que nuevamente informa a las mujeres que sus cuerpos siguen siendo un espacio a disputar. Daniela, es cuestionada a través de su cuerpo físico (si es biológicamente hombre o mujer), situación que ocurre con frecuencia a todas las mujeres.

El caso de Daniela permite constatar la fragilidad en que las mujeres, a pesar de los avances en reconocimiento, todavía se les puede criticar y violentar en la esfera pública, precisamente por su aspecto físico (situación que a los hombres no les acontece), y mandatar a que éstas subyuguen a las reglas establecidas. Es más, todas las mujeres son víctimas de ello, incluso aquellas que pertenecen a la actual coalición de gobierno, cuyas ministras fueron víctimas de la manipulación de su imagen, a través de una reconocida revista de papel cuché que acabó por “blanquearlas”, para que cumplieran con los estereotipos de género impuestos por la clase alta, y los sectores políticos a los que ellas adscriben.

El debate por la incorporación de más mujeres en la esfera pública consiste justamente en visibilizar las brechas y sesgos de género, que se resisten a desaparecer en la sociedad. Lo de Kast, es una pequeña muestra, de que antojadizamente alguien puede llegar a cuestionar, sin tener fundamento alguno, ni tener la capacidad de elaborar un argumento, a una mujer porque se le da la gana.

La resistencia por tanto de las mujeres consiste en avanzar en la conquista de su espacio en la esfera pública, instalando voces diferente. Ir más allá de los temas destinados a ellas, que serían de acuerdo a “la cultura dominante”, la infancia, los derechos sexuales y reproductivos, las licencias médicas, la pobreza, entre otros, es decir “los clásicos”, no obstante, el desafío consiste en introducir a las mujeres en el debate también de la defensa nacional, la seguridad pública, la política, la economía y finanzas públicas, la infraestructura, porque es allí, donde se encuentra el poder real. Las exclusiones de esos asuntos, se sostienen por medio de ataques contra sus propios cuerpos normados, que personas como el ex diputado, buscan relegar a un espacio de secundaridad, y por cierto, no solo invisibilizarlo, sino también atacarlo por no poder controlarlo y corregirlo a su antojo.

Hace un mes, hemos impulsado junto a otras mujeres académicas, una propuesta teórica plasmada en un libro que pone en el centro del debate a las mujeres y su relación con las instituciones. Si bien este libro, no se centra ni pretende estar inserto en los llamados estudios de género, el Estado y Las Mujeres, intenta contestar a personas como el exparlamentario, que las mujeres vamos a disputar la conquista no solo de nuestro cuerpo heteronormado, sino también es una propuesta que disputa  la esfera pública y el conocimiento (construido también con una visión masculina de la realidad), desde nuestras propias disciplinas (la economía, la ciencia política, el derecho, las ciencias exactas, la defensa y seguridad, la psicología, por nombrar algunos de los 11 temas).

Así como el ex diputado Kast, pide respeto a su intolerancia y a su discurso que genera un malestar evidente, y resulta prácticamente intolerable en la esfera democrática (de hecho, está instalando un debate que como sociedad se ha silenciado durante los años de transición, que consiste en la redefinición del concepto democracia), las mujeres pedimos respeto en el tratamiento que se nos otorga en la construcción de la opinión pública, ya que somos más que un cuerpo que se intenta controlar y normar, tenemos opinión y creamos conocimiento, también podemos liderar procesos de cambio, que apunten a la necesaria transformación de las instituciones y de la deconstrucción de la androcéntrica realidad social, económica y política chilena.

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