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Fin a la confesión y al voto de obediencia en la Iglesia católica

por 21 mayo, 2018

Fin a la confesión y al voto de obediencia en la Iglesia católica
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Sin duda la renuncia de los obispos es un hecho relevante frente a la evidente crisis de legitimidad que afecta a la iglesia católica en Chile y en general en los países donde tiene presencia. Pero la renuncia de todos los obispos me recuerda aquel pasaje de la obra de Lope de Vega, Fuenteovejuna. Y seria ahora más o menos así: “¿Quién cometió los abusos e injusticias? Fue la iglesia señor. Y quien es la iglesia… la iglesia somos todos.” El castigo puede estar aplicado, pero entre la multitud y el tiempo la individualidad se pierde, y las instituciones se reponen. Las instituciones tienen funciones que las hacen resilientes. Después del cambio de actividades de los obispos, merece la pena preguntarse ¿y ahora qué?

El acto del colectivismo y de solidaridad orgánica representada en forma heroica en Fuenteovejuna sucede nuevamente, pero en forma de tragedia. Una y otra vez, la iglesia católica cometiendo horrores, negándolos y luego pidiendo perdón aludiendo al inmenso dolor que siente como una colectividad abstracta. Y digo tragedia en el sentido de lo tortuosamente inevitable, del eterno retorno. En el sentido del castigado Sísifo en el mito griego.

Martin Lutero se dio cuenta de los abusos de la iglesia durante siglos. Sin embargo, fue capaz, sin renunciar a su fe y lectura teológica del fenómeno, de darse cuenta de aquellos aspectos sociológicos de una organización que la hacían estructuralmente abusadora. Escribió sus llamadas 95 tesis y las expuso al público.

Nadie podría creer ser capaz de hacer lo mismo y crear tal impacto en la historia de Europa occidental. Pero se puede aprender de Historia y de la Sociología Institucional y de las organizaciones. Y entonces preguntarse ¿Qué hace a la iglesia católica una entidad duradera a través del tiempo? Para sus feligreses es el espíritu santo. Para quienes creemos que se necesita un mínimo de criterio científico, son características estructurales que tienden a permanecer en el tiempo (reglas formales e informales) y son reforzadas por sus miembros. Quiero presentar sólo dos, para que el lector interesado pueda enriquecer este análisis apoyándolas o debatiéndolas.

Nadie podría creer ser capaz de hacer lo mismo y crear tal impacto en la historia de Europa occidental. Pero se puede aprender de Historia y de la Sociología Institucional y de las organizaciones. Y entonces preguntarse ¿Qué hace a la iglesia católica una entidad duradera a través del tiempo? Para sus feligreses es el espíritu santo. Para quienes creemos que se necesita un mínimo de criterio científico, son características estructurales que tienden a permanecer en el tiempo (reglas formales e informales) y son reforzadas por sus miembros. Quiero presentar sólo dos, para que el lector interesado pueda enriquecer este análisis apoyándolas o debatiéndolas.

Primero, el rito de confesión de los denominados pecados ante un sacerdote: Este fue un aspecto importante para Lutero al darse cuenta de las indulgencias. Pagar por ser perdonado. Bueno, entiendo que ahora no se hace. Sin embargo, un viejo sacerdote que puede ser o no obispo, no sólo sabe los pecados de sus feligreses, sino de los sacerdotes que deciden o deben confesar sus pecados a dios a través de él. Pensemos también en el caso de un sacerdote en una comunidad pequeña, quien es el confesor de los católicos y católicas del pueblo. ¿Tendrá usted la capacidad de desafiar a quien, probablemente sabe lo que nadie mas sabe de usted? Alguien puede contestar que existe el secreto de confesión. El problema es la extorsión disimulada. No hay forma de controlar aquellas interacciones simbólicas (gestos, ironías, etc.) que le harán sentir a ese adolescente o adulto el poder que te da un dispositivo (social) de leer tu mente como aquel capítulo de la serie “Black Mirror.” ¿Podría un adolescente comentar lo que le pidió el sacerdote el día anterior si este está enterado de sus más recónditos aspectos de su vida íntima? Eso no es poder por coerción, sino por consentimiento. Que al final, es el poder más duradero y estable.

Segundo, el voto de obediencia: la palabra de la autoridad eclesiástica es la palabra de dios. Si un sacerdote hace votos de obediencia, aparte del de castidad y humildad, es sin duda un dispositivo institucional de estabilidad organizacional por excelencia. Desobedecer a un superior es desobedecer la voluntad de dios que se manifiesta a través de él. Tal como Erving Goffman definía al ejército y los manicomios como “instituciones totales”, la iglesia lo es también. Y sobre todo para sus miembros no laicos. El dispositivo socio-institucional se extiende hacia los feligreses o laicos de similar forma como en una cadena de mando, pero ahora con una impronta sagrada. Hemos visto actos de irreverencia hacia la iglesia y sacerdotes, pero aún el poder de lo sagrado se sigue imponiendo como otro dispositivo de poder. La manifestación de dios a través de un hombre célibe, humilde y obediente puede tomar formas (como sabemos que pasa), que para la mayoría seria un acto sexual, sin embargo y lamentablemente, para un cooptado católico pueden ser manifestaciones divinas. No sugiero que los católicos sean imbéciles ni cómplices. Digo que el dispositivo de poder actúa ideológicamente, casi como un poder hipnótico sin un claro límite de qué es lo divino y qué no lo es. Y creo que debemos superar la idea obvia que es deber de las familias educar en este respecto. Estoy hablando de un principio institucional que le da un carácter de autoridad sagrada a un hombre que no corresponde que facilitan actos de abuso y su encubrimiento.

He mencionado dos dispositivos estructurales que hacen de la iglesia una institución que tiene en su seno situaciones facilitadores de abusos de poder. No hablo de intenciones de otros aspectos metafísicos. Mientras no sean revisados, la iglesia seguirá diciendo que sufre el dolor de sus víctimas, seguirá pidiendo perdón y talvez cambie de actividades a sus obispos en el futuro. Hay una causa pendiente para los católicos y para todos a quienes nos preocupa el ejercicio del poder con fines inaceptables. Es una causa similar a la de Lutero, esa de hace 500 años. Esa que surgió al darse cuenta que la iglesia es una institución de humanos, y por lo tanto lleno de espacios de ejercicio de poder. Que la iglesia haga un concilio, protocolos, confesiones anónimas o lo que sea necesario. Pero que elimine o controle los dispositivos estructurales que permiten el ejercicio y encubrimiento de abusos sexuales, de autoridad y otras prácticas moralmente cuestionables. Debatiendo este asunto desde las intenciones y supuestamente “cortando cabezas” es necesario, pero no suficiente. La verdad es que no soy muy optimista por otro factor macroestructural. El Estado Vaticano es uno de los Estados no democráticos del mundo, y lo que demando acá no pasara, aunque lo digan miles. Sin embargo, algún indicio quedara de que borrachos no estamos, como el papa de aquel entonces lo creyó de Lutero.

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