jueves, 29 de septiembre de 2022 Actualizado a las 04:26

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El machismo está en todos lados, pero el feminismo jamás estará en la derecha

El machismo está en todos lados, pero el feminismo jamás estará en la derecha
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Filosóficamente, el feminismo no se entiende sin un cuestionamiento al modelo económico imperante, porque para que el capitalismo o su expresión neoliberal existan, tiene que haber una estructura económica patriarcal.

En el orden de género, es decir, en la subordinación de las mujeres, se encarna la primera de las explotaciones –anterior a la del hombre por el hombre-, fruto de la posición de privilegio que los hombres tienen en el espacio productivo, delegando las labores de reproducción en las mujeres, sin recibir remuneración alguna por su trabajo, es decir, subsidiando con él, el desarrollo de toda la humanidad.

Y las universitarias hoy movilizadas, han sido clarísimas: esto es por mí y por todas mis compañeras. Y cuando dicen compañeras, no se refieren a quienes comparten las aulas o los patios de sus facultades.

Ellas hablan de esas niñas que entrarán al jardín infantil y no tendrán en su rincón juguetes solo muñecas y tacitas; de las niñas que estudiarán en básica y se les exigirá para que aprendan matemáticas como corresponde; de las jóvenes de enseñanza media que recibirán educación sexual responsable y no tendrán como único proyecto de vida el ser madres; de las mujeres que podrán estudiar la carrera que quieran y no solo alguna vinculada a la salud o la pedagogía; de las mujeres que entrarán a trabajar y no serán castigadas en su sueldo y en su previsión de salud por estar en edad fértil; de las mujeres que podrán desarrollarse laboralmente sin dificultades porque los padres de sus hijos tendrán el derecho y la obligación de cuidar de los hijos/as, repartiéndose la crianza con corresponsabilidad; de las mujeres que podrán ascender y trabajar en cargos de toma de decisión porque no habrá prejuicios que se los impida; de las mujeres que jubilarán con pensiones dignas, sin castigo por haber optado por criar o simplemente por ser más longevas.

Porque la derecha defiende y seguirá defendiendo que cada uno se rasque con sus propias uñas; no concibe una educación sexual que nos enseñe sobre afectividad y placer sexual; no permite que podamos abortar si es que nuestro método anticonceptivo falló y no queremos ser madres; no está a favor de un seguro único de salud ni de un sistema de seguridad social que reparta los riesgos o permita la solidaridad, respectivamente, entre mujeres y hombres, pobres y ricos, viejos y jóvenes, enfermos y sanos.

Y cuando hablamos de todos estos cambios, estamos hablando no solo de una transformación cultural, sino de una revolución. Y ahí es cuando empiezan las bajas… “Que no politicen el movimiento”, “que esto no se trata de izquierdas ni derechas”, “que en esto estamos todas las mujeres”… ¿Perdón? El machismo está en todos lados, pero el feminismo jamás podría estar en la derecha.

Y no lo está ni estará, porque la derecha ha implantado y consolidado un modelo neoliberal que sólo ha conseguido nuevas cadenas para las mujeres; unas en que la supuesta autonomía emancipatoria es instrumental a la doble jornada y que les ofrece flexibilización laboral a cambio de sueldos miserables, mientras el trabajo de cuidados sigue recayendo en ellas.

Porque la derecha defiende y seguirá defendiendo que cada uno se rasque con sus propias uñas; no concibe una educación sexual que nos enseñe sobre afectividad y placer sexual; no permite que podamos abortar si es que nuestro método anticonceptivo falló y no queremos ser madres; no está a favor de un seguro único de salud ni de un sistema de seguridad social que reparta los riesgos o permita la solidaridad, respectivamente, entre mujeres y hombres, pobres y ricos, viejos y jóvenes, enfermos y sanos.

Habrá muchas voces que también apuntarán a la izquierda, sobre todo a los conocidos “machitos de izquierda”, culpables de invisibilizar y obstaculizar las demandas feministas, siempre monedas de cambio respecto de las “grandes transformaciones”, que por supuesto nunca incluyeron la dominación ejercida hacia las mujeres. Por eso esta ola es también una interpelación directa a las nuevas organizaciones de izquierda y sus prácticas, un remezón a la forma en cómo se concibe y ejerce el poder y a la deuda histórica de la izquierda con los derechos de las mujeres.



Porque el feminismo es en sí mismo acción y teoría política, no nos sirve una izquierda pusilánime dispuesta “a ver si es o no viable” una ley que aborde de forma integral la violencia de género o si existe o no suficiente voluntad para acabar con un paradigma sexista de la educación, sino una que asuma la responsabilidad histórica de poner, de una buena vez, como prioridad la vida de la otra mitad de la población.

Que todos y todas lo sepan: la revolución será feminista o no será.

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