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Financiamiento y miopía en Educación Superior

por 30 mayo, 2018

El desafío para el Gobierno es construir un nuevo modelo de financiamiento y, para avanzar en esa titánica misión, hay tres tareas prioritarias. La primera, idear un nuevo sistema de créditos para la educación superior, ya que, mientras la gratuidad no sea universal, los estudiantes necesitan un crédito accesible, justo y con las mejores condiciones de pago posibles.
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La ley que reforma la Educación Superior es un avance importante y deja  desafíos para el Gobierno. El ministro, Gerardo Varela deberá crear la nueva Subsecretaría de Educación Superior, instalar la superintendencia, coordinar los cambios en el sistema de acreditación y seguir entregando la gratuidad, ahora asegurada por ley. Sin embargo, hay un área que fue debatida con poca profundidad y cuyo desarrollo es clave: el financiamiento de la educación superior.

Durante el debate legislativo se cayó de forma permanente en la trampa de equiparar la discusión sobre el financiamiento con la gratuidad. Si bien esta política representa un aumento de los recursos públicos en el nivel y un importante apoyo a los estudiantes beneficiados, parece olvidar que la docencia no es el único quehacer de la educación superior y que el país también enfrenta otros desafíos claves, como, por ejemplo, potenciar la investigación y la innovación.

En este escenario, el desafío para el Gobierno es construir un nuevo modelo de financiamiento y, para avanzar en esa titánica misión, hay tres tareas prioritarias.

La primera, idear un nuevo sistema de créditos para la educación superior, ya que, mientras la gratuidad no sea universal, los estudiantes necesitan un crédito accesible, justo y con las mejores condiciones de pago posibles. Si bien el proyecto de ley presentado en los últimos días de la administración anterior es un avance y reconoce consensos importantes, como el retiro de la banca privada, no se hace cargo de mirar el sistema de ayudas estudiantiles como un todo ni tampoco apunta a un sistema integrado y que ponga en el centro a los estudiantes.

En segundo lugar, tenemos la eterna promesa incumplida: potenciar la investigación, el desarrollo y la innovación, conocida como I+D+i. Nuestro país destina apenas el 0,4% del PIB a esta área, mientras que los países de la OCDE, en promedio, destinan un 2,4%, llegando algunos incluso al 4%. Las universidades e instituciones juegan un rol clave, pues son las que participan en más de la mitad de las iniciativas del ámbito. Para que el país siga creciendo y desarrollándose es clave potenciar y aumentar el financiamiento de los programas que estén dirigidos a la tercera tarea, hacer los ajustes necesarios para que la gratuidad sea un aporte y no un inconveniente para los planteles.

El desafío para el Gobierno es construir un nuevo modelo de financiamiento y, para avanzar en esa titánica misión, hay tres tareas prioritarias. La primera, idear un nuevo sistema de créditos para la educación superior, ya que, mientras la gratuidad no sea universal, los estudiantes necesitan un crédito accesible, justo y con las mejores condiciones de pago posibles. Si bien el proyecto de ley presentado en los últimos días de la administración anterior es un avance y reconoce consensos importantes, como el retiro de la banca privada, no se hace cargo de mirar el sistema de ayudas estudiantiles como un todo ni tampoco apunta a un sistema integrado y que ponga en el centro a los estudiantes.

En Educación 2020 consideramos que gran parte del problema radica en que la gratuidad está orientada a financiar la docencia sin considerar que hoy los aranceles se utilizan para costear todo el quehacer de las instituciones. Cumpliendo el punto señalado en el párrafo anterior, se podría aliviar, en gran parte, el problema. Aun así, es clave lo que ocurrirá con la comisión de expertos, que definirá los aranceles regulados para la gratuidad. En este sentido, esperamos que se avance en la configuración de un modelo de cálculo que sea pertinente, objetivo y transparente.

Es necesario superar la miopía que generó la gratuidad y entender que el nuevo modelo de financiamiento debe mirar de forma integral a la educación superior, en todas sus funciones de docencia, investigación, extensión y vinculación con el medio y desde la convicción de que es un motor fundamental para el desarrollo del país.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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