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El Chile que quiero

por Constanza Arancibia Silva 11 julio, 2018

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Señor Director:

El 2015 en una clase de taller de la carrera de Arquitectura en la PUCV, nuestro profesor Mauricio Puentes, comenzó a hablar sobre los diferentes tipos de viviendas sociales por el mundo, recuerdo que levanté la mano y le pregunté: -¿profe, cuál es el país que tiene las mejores viviendas sociales? a lo que él me responde: -aquel país que no necesite de ellas. Hoy con todo este tema de las viviendas sociales en la Rotonda Grecia en Las Condes, Santiago, no puedo no acordarme de esta respuesta. Las viviendas sociales existen porque hay desigualdad y deficit habitacional, si vamos a estar inmersos en este sistema con tantas falencias es necesario asumir ciertas deficiencias y aprender a vivir con ellas para ir avanzando en el tiempo para que logren apaciguarse o desaparecer, porque sueño que algún día mi país no necesite más viviendas sociales para sus habitantes, mientras tanto hay que hacer todo lo posible en que este sistema de viviendas habitacionales funcione, pero no solo para los nuevos moradores, si no para la comunidad entera que habita un barrio.

La vivienda social es una realidad que vive el país hace más de un siglo, que nace en 1906 con la Ley de las Habitaciones Obreras, logrando que con el paso de los años se logre avanzar en este tema habitacional en donde el estado le brinda ayuda a los chilenos que se encuentran en los estratos más pobres del país. Es aquí donde quiero detenerme y plantear mi punto de vista con respecto a este tema contingente que ha sido tan comentado estos días, e incluso ridiculizado por algunos canales de televisión. Cuando hablamos de gente pobre en nuestro país, lo asociamos a la miseria, al mal vivir, a la delincuencia, a espacios feos, a la segregación y cuantas más variables negativas, pero nadie se detiene a pensar que el ser pobre no es sinónimo de aquello. ¿Ustedes creen que alguien pobre no quisiera vivir en un lugar humilde, acorde a sus ingresos pero digno?, yo creo que eso es lo que quiere toda la gente, sea del estrato económico alto o bajo, VIVIR DIGNOS. Por muchos años el estado chileno segregó a los más pobres, alejándolos de la misma ciudad, siendo casi una vergüenza para la sociedad, llevándolos a lugares alejados de servicios básicos y áreas verdes, tan solo por ser pobres y no tener el poder adquisitivo para decidir donde vivir.

Esta semana se ha visto en televisión como los vecinos de Las Condes han salido a reclamar su derecho de no querer estas viviendas sociales, entre sus argumentos están la delincuencia, que van a ensuciar la visual colgando toallas en todos lados, que harán colapsar el barrio con tanta gente y así un sin fin de argumentos irrisorios. El repudio hacia estas personas no es solo porque presentan un discurso clasista y peyorativo, yo creo que va por otro lado. Estamos viviendo en un país sin resiliencia. No estamos siendo capaces a adaptarnos de manera positiva a situaciones adversas, no queremos salir de nuestra zona de confort y ayudar a nuestro entorno. Me alegra que el alcalde Joaquín Lavín, siendo de una posición política distinta a la mía, tenga el mismo discurso que yo. El plantea que ya no estamos en un Chile en donde se segregan a los más pobres, que es justo que tengan la posibilidad de vivir en mejores barrios y que él desea sinceramente que estos vecinos se conozcan y puedan aprender a vivir juntos. Eso es lo que deberíamos querer todos para nuestra sociedad ¿o no?.

No quiero solamente criticar a estos vecinos y sus conductas, también es necesario ponerse desde todos los lados en torno a esta problemática. Tampoco puedo ahondar en juicios de valor porque eso sí que sería tedioso e infinito de analizar, pero creo que a pesar de no ver en estos vecinos ABC1 ni resiliencia, ni un discurso más empático con sus futuros vecinos más pobres, hay un problema también de estado, que a manera personal vengo analizando y planteando hace un par de años. El proceso de adquirir una vivienda habitacional tiene un antes y durante, ya que las personas deben postular, juntar sus ahorros para poder financiar parte de su nueva vivienda, un durante en donde se les entrega la casa y no pueden venderla o arrendarla por un periodo de tiempo, pero y ¿qué pasa en ese durante y después? Creo que es fundamental crear programas que enseñen y eduquen a las personas, un tipo de clase cívica. Porque lo más probable que la Señora Carmen que ha vivido 20 años en un campamento, no sabe lo que es un reglamento de un edificio, que ahora vive en comunidad y que es necesario respetar espacios, horarios, y conductas para vivir en armonía con el resto de los vecinos. Aquí no planteo en que se enseñe a habitar, porque eso no se puede enseñar, el habitar es algo intuitivo en donde el cuerpo leerá el espacio y obtendrá el cómo poder ocupar ese lugar acorde a las necesidades y requerimientos propios. Estoy apuntando en enseñar lo que es vivir en comunidad, apuntar a programas que enseñen reciclaje, diseño interior, restauración de espacios, responsabilidades cívicas y temas relacionados. Lo de las toallas colgadas en estos nuevos edificios habitaciones por ejemplo, se debe entender desde la perspectiva de que mucha gente ha vivido en espacios no verticales, en donde han tenido un patio y la libertad de colgar su ropa con un apropio y libertad que entrega el mismo espacio, pero ¿cómo le decimos a la Señora Carmen que ahora debe tener un tendedero, que quizás no es buena idea colgar las toallas en la baranda, porque vive en un edifico tan lindo y bien emplazado que hay que cuidar la estética visual del entorno porque también es del resto y de ella?. Es por ello que también es necesario crear espacios acorde a sus futuros moradores, porque quizás no todos tengan la posibilidad de comprar secadora para poder secar sus prendas en invierno como el resto de la gente, por lo que sería necesario agregar una lavandería a este edificio para que la gente pudiese lavar y secar cómodamente. Me he detenido en este punto y lo he tomado como ejemplo porque al final de cuentas todas estas cosas que han reclamado los vecinos de Las Condes, responden a un sistema que necesita mejorar, y si el estado no lo ha realizado, nosotros como sociedad y entorno podemos aportar nuestro granito de arena para poder ayudar a la comunidad, y hacer que paulatinamente el estado tome la iniciativa.

Es necesario que la vivienda social se convierta en un proceso en donde sus futuros moradores se conviertan en los protagonistas, ya sea previamente, es decir, aportando a los arquitectos del proyecto acorde a sus necesidades, requerimientos y posibilidades económicas de mantener el espacio que habitarán, como también posterior a este proceso, donde es necesario crear instancias entre los antiguos y nuevos vecinos, actividades a nivel barrio que den cabida a la reinserción social, cursos que les den herramientas para que puedan hacer de sus hogares lugares hermosos y hacerlos partes del movimiento de la democratización que está teniendo el diseño, instancias que les expliquen los reglamentos de comunidad, actividades culturales que les permitan acceder a tener momentos de ocio a los que antes no podían acceder, y así distintas actividades que sean un aporte en la nueva convivencia. En pocas palabras ayudarlos a comenzar a habitar nuevos espacios que son desconocidos para ellos.

Para finalizar, aclarar que el tener educación y dinero no nos hace automáticamente buenas personas, cuando estudiamos y tenemos un título profesional nos especializamos en un área determinada y por consecuencia puede generarnos la capacidad de adquirir mayores ingresos y con ello un mejor pasar. Pero hay algo que no se compra ni con dinero, ni con títulos, y esos son los valores que nos han enseñado las personas que nos aman en nuestros hogares. El saber respetar y aceptar al resto a pesar de ser muy diferentes en lo social, cultural y económico, porque antes de una casa, de un título profesional, de un auto, de millones de viajes, de una billetera abultada, somos personas que pertenecen a una sociedad y que deben vivir en armonía, siendo empáticos, caritativos, tolerantes, resilientes y bondadosos. Hagamos un Chile mejor, pero desde adentro, desde nuestros actos y sentimientos.

Constanza Arancibia Silva
Licenciada en Arquitectura PUCV en proceso de titulación

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