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Protección sanitaria en caída libre

por 20 julio, 2018

Protección sanitaria en caída libre
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Nos advierte el CEP  a través dee El Mercurio que el gasto de bolsillo en salud se ha incrementado en los últimos dos años. Es decir, si pagar directamente del bolsillo al momento de enfermar es malo –como pensamos que es-, la protección social en salud ha empeorado. Óscar Arteaga, colega de la Universidad de Chile, se queja frente a la noticia de una desactualización de la estructura previsional en salud. Lo que está claro es que si miramos el gasto, la protección financiera promedio del sistema de salud ha empeorado. No hay duda al respecto.

El caso de la industria farmacéutica es un cuento aparte, cuyas floridas manifestaciones de imperfección en el funcionamiento del mercado –colusiones, marginación en exceso, etc.- hemos venido conociendo sistemáticamente a través del tiempo, sin que haya sido posible introducir regulaciones en beneficio del consumidor. Bien podría haber allí una causa que explique el incremento del gasto de bolsillo en medicamentos sólo por efecto de encarecimiento de los fármacos. El CEP podría analizar este eventual fenómeno en más detalle.

Cabe analizar también si es que los precios de las clínicas, en general, han crecido más allá que lo que las coberturas de los planes lo han hecho. Esta es una hipótesis plausible, dado que la MLE de FONASA se reajusta arbitrariamente una vez al año en sus propios precios, los que distan de lo que finalmente al usuario se cobra en días cama y derechos de pabellón y dado que las ISAPRE no han podido, en muchos casos, incrementar las primas de sus planes por los recursos de protección, mientras que las clínicas sí han reajustado sus precios.

cabría explorar en más detalle un eventual desplazamiento que podría estar ocurriendo en la población beneficiaria de FONASA, desde la lista de espera MAI al uso de la MLE. Este desplazamiento podría explicar perfectamente un incremento del gasto de bolsillo en todos los componentes de dicho gasto, medicamentos, intervenciones quirúrguicas, procedimientos ambulatorios y consultas médicas. Entonces, es necesario separar analíticamente la población beneficiaria de FONASA de la población ISAPRE para volver sobre la distribución del gasto que se grafica. Si fuera posible verificar esta hipótesis del desplazamiento, entonces estaríamos frente a un solo gran fenómeno: la pérdida creciente de protección social en salud de los problemas que no están garantizados.

Pero, vamos viendo. Nada de lo descrito en los dos párrafos anteriores es central en esta discusión. Lo central, a mi juicio, es que Chile hizo en el 2005 una opción por la priorización de servicios de salud e inventó el GES. En esa oportunidad quedó claro, a pesar de párrafos mitigantes que se incluyeron en el proyecto de ley, que no todos los problemas de salud tendrían su solución garantizada. Es decir, que los derechos exigibles en salud tendrían un límite. Eso fue lo que firmamos. De tal limitación se desprenden naturalmente, a mi juicio, dos fenómenos: listas de espera en la modalidad de atención institucional del sistema público –MAI- para patologías NO GES y mayor pago de bolsillo si las mismas personas que están a la espera –beneficiarios de FONASA- se desplazan a hacer uso de las modalidades de atención de Libre Elección –MLE- y sus variantes.

Visto así, asistimos ni más ni menos que a un fenómeno esperado, ya descrito en su componente de listas de espera en reiteradas oportunidades –es el dolor de cabeza de todo gestor ministerial- y ahora redondeado con la mirada que el CEP pone sobre el componente del gasto de bolsillo.

Producto de lo anterior y para tenerlo definitivamente claro, sugerimos hacer algunas cosas, al CEP o a cualquier otra agencia con vocación de influencia sobre las políticas públicas en salud.

Primero, haría falta distinguir lo GES de lo NO GES en la materia, lo que de paso nos permitiría saber si GES ha sido o no eficaz para reducir el gasto de bolsillo en los problemas que aborda, dado que fue ésta una de las razones que se esgrimió para la construcción de esta política pública con “enfoque de derechos”. Quizás –y esa sería mi hipótesis-descubramos que GES resuelve muy bien la cobertura propia, pero desplaza la falta de cobertura, que se agrava en lo NO GES. Pero, solo para no desesperar, ya dijimos en su momento que en salud en Chile nos interesaba lo prioritario, lo GES. ¿O será que el país ya está viviendo la intolerancia social de que existan problemas de salud que no sean objeto de la protección social? Como técnicamente es imposible garantizarlo todo ¿Será que garantizar derechos en salud es, como en su momento algunos dijeron, impracticable?

En segundo lugar, cabría explorar en más detalle un eventual desplazamiento que podría estar ocurriendo en la población beneficiaria de FONASA, desde la lista de espera MAI al uso de la MLE. Este desplazamiento podría explicar perfectamente un incremento del gasto de bolsillo en todos los componentes de dicho gasto, medicamentos, intervenciones quirúrguicas, procedimientos ambulatorios y consultas médicas. Entonces, es necesario separar analíticamente la población beneficiaria de FONASA de la población ISAPRE para volver sobre la distribución del gasto que se grafica. Si fuera posible verificar esta hipótesis del desplazamiento, entonces estaríamos frente a un solo gran fenómeno: la pérdida creciente de protección social en salud de los problemas que no están garantizados.

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