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Ministerio de la Familia y Desarrollo Social ¿qué hay más allá del cambio de nombre? Opinión

Ministerio de la Familia y Desarrollo Social ¿qué hay más allá del cambio de nombre?

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María Ignacia Fernández
Por : María Ignacia Fernández Directora Ejecutiva de Rimisp – Centro Latinoamericano para el Desarrollo.
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El gobierno acaba de anunciar la creación del Ministerio de la Familia y el Desarrollo Social, en reemplazo del recientemente creado -en el anterior gobierno del Presidente Piñera- Ministerio de Desarrollo Social. “Uno de los proyectos más significativos del Programa de Gobierno”, señaló el Ministro Blumel al término de la ceremonia de firma del proyecto de ley.

Mientras que la creación de un Ministerio de Desarrollo Social era a todas luces necesario, la transformación del mismo en un Ministerio de la Familia no es más que un golpe de efecto ideológico, para señalar que la familia está en el centro de las preocupaciones del gobierno. Golpe de efecto que está dando buenos resultados, sobre todo si sirve como oportunidad para valorar y reconocer a todas las familias, independientemente de su composición, y hacerle de ese modo un guiño a las agendas liberales.

Pero detrás de la forma no hay ningún argumento técnico que justifique tal decisión. Señalaba Blumel que con este nuevo ministerio el gobierno avanzaría en i) Introducir enfoque familiar en políticas sociales; ii) incorporar a clase media; iii) apoyarlas a lo largo del ciclo vital. Tres cosas que el Estado de Chile, en consistencia con la agenda y recomendaciones internacionales en materia de protección social, viene haciendo progresivamente al menos desde Chile Solidario. En efecto, dicho programa es el primero que, después de una serie de esfuerzos que durante los años ’90 tendieron a fortalecer el capital social de comunidades y organizaciones como estrategia de combate a la pobreza, pone abiertamente el foco en los hogares (familias). El sistema de protección social se ha ido posteriormente ampliando a lo largo del ciclo de vida (niños, adultos mayores) y niveles socioeconómicos (clase media) con el paso de políticas focalizadas a sistemas de protección cuasi universales como el Plan Auge o Chile Crece Contigo. No hay, en consecuencia, nada nuevo en el alcance del nuevo Ministerio.

[cita tipo=»destaque»]Lo que resulta, en todo caso, más complejo, es la escasa adecuación de este proyecto a la abrumadora evidencia que tanto en Chile como en otros países de la región, se ha ido acumulando respecto de la poca efectividad de los esquemas de protección centrados exclusivamente en hogares (familias) para resolver los problemas de pobreza y vulnerabilidad social. Estos esquemas cumplieron un ciclo virtuoso de inversión en capital humano y apoyo monetario directo, pero no han logrado vincular a las familias con la estructura de oportunidades de empleo y generación de ingresos que el país “ofrece” al conjunto de la población y que se encuentran a la base del bienestar familiar.  Por eso es que la discusión regional hoy se centra en cómo vincular estos esfuerzos que desde comienzos de la década del 2000 ponen el foco en las familias, con otros de inclusión laboral y productiva que, con base en un análisis de las condiciones que ofrece el territorio donde habitan las familias, permita ofrecerles oportunidades individuales, pero sobre todo colectivas de generar ingresos suficientes y por cuenta propia.[/cita]

Lo que resulta, en todo caso, más complejo, es la escasa adecuación de este proyecto a la abrumadora evidencia que tanto en Chile como en otros países de la región, se ha ido acumulando respecto de la poca efectividad de los esquemas de protección centrados exclusivamente en hogares (familias) para resolver los problemas de pobreza y vulnerabilidad social. Estos esquemas cumplieron un ciclo virtuoso de inversión en capital humano y apoyo monetario directo, pero no han logrado vincular a las familias con la estructura de oportunidades de empleo y generación de ingresos que el país “ofrece” al conjunto de la población y que se encuentran a la base del bienestar familiar.  Por eso es que la discusión regional hoy se centra en cómo vincular estos esfuerzos que desde comienzos de la década del 2000 ponen el foco en las familias, con otros de inclusión laboral y productiva que, con base en un análisis de las condiciones que ofrece el territorio donde habitan las familias, permita ofrecerles oportunidades individuales, pero sobre todo colectivas de generar ingresos suficientes y por cuenta propia.

Esperemos que cuando se inicie el debate nuestros parlamentarios puedan ver más allá de la políticamente correcta preocupación por la familia y aprovechar la oportunidad que este proyecto abre para discutir sobre el contenido de la política social que Chile necesita.

Múltiples experiencias muestran que es factible crear capital social y capacidad de agencia de forma relativamente ágil, al conformar grupos pequeños; pero los casos en los cuales dicho capital social y capacidad de agencia alcancen una escala económica que permita pensar en efectos multiplicadores para el territorio, son mucho más escasos.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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