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De impostor a converso

por 13 agosto, 2018

De impostor a converso
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Desde un inicio, se me hizo inevitable asociar todo lo de Rojas a la obra de Javier Cercas: “El impostor”. La ficción de una épica biográfica, asociada a otra épica mayor. Esta es la receta o la historia.

Primer movimiento.- Es necesario construirse desde los inicios una historia personal sobre muy pocos antecedentes verídicos o verificables, lo importante es que se hagan parte de una historia mayor. Si además esa otra historia, la grande, resulta asociada a momentos históricos notables y tiene épica, todo podrá ser aún mejor.

Para que funcione esta primera acción, el impostor debe situarse en un lugar privilegiado. O sea, ni ayudista ni amigo, simplemente ha sido un breve militante, como lo afirma la Wikipedia. Y por supuesto en la juventud, esa que tiene rostro de detenido- desaparecido y ejecutado. Retomemos. Viene arrancando del Chile de Pinochet y se instalará en Suecia, uno de los mayores centros de recepción de exiliados. Y luego, será acogido y podrá reconstruirse en Estocolmo, Upssala o Lund.  

Segundo movimiento.- La ruptura y el alejamiento con esos orígenes épicos y de aprendizaje llegan casi por añadidura. Estuve ahí, conocí la interna, puedo dar testimonio. Este es el momento preciso cuando ya ha comenzado el proceso inverso: el de impostor a converso.

Es la hora de abrazar las banderas e ideas contrarias y hacerlo con convicción y vehemencia, dando charlas y escribiendo libros para señalar a los demás esa nueva situación de luz y verdad. En todo esto hay algo de profeta, de iluminado, incluso hasta de sanación. Para evidenciar el arribo a converso, el impostor deberá recordar siempre ese punto de partida situada en el ex, en el adentro, en el yo fui.

Ningún ministro de culturas podría soportar en el cargo, si los invitados no llegan, si le devuelven invitaciones, si los premiados no se presentan y si esa historia oculta, llena de grises entre Chile y Suecia comienza a reconstruirse. Y por último un dato al cierre. La vara de ser autoridad, profesor, obispo, general, ministra o simple ciudadano ha crecido. El impostor-converso parece que no podrá estar a la altura. Y entonces vendrá ese ineludible sexto movimiento: el de su renuncia.

Tercer movimiento.- Es el tiempo de las ganancias, cuando ya se está reubicado en las nuevas coordenadas.

Pero, la ambición es aún mayor: ahora debe instalarse en la patria, porque es preciso ser profeta allá. Ese es el cierre del círculo. La osadía máxima. Y ahí el impostor se da cuenta que no es el único, quizás pueda ser el más desfachatado. Pero para el pragmatismo y los nuevos tiempos esa historia sirve. El gobierno de los tiempos mejores lo necesita, porque en esa Arca caben todos, incluido los conversos.

El cuarto movimiento.- Ocurre hace pocos días y es ser nominado ministro del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. De sapo a príncipe. De la trastienda a los salones.

Ni en el más loco de sus sueños imagina este retorno a Chile como la autoridad de ese mundo díscolo, progresista, generalmente de izquierda y crítico constituido por los creadores y creadoras de cultura.

¿Qué puede ser más meritorio y significativo en esta trayectoria de impostor a converso?

¿Qué podrá ser más audaz que un impostor-converso a ese cargo mayor y en ese ministerio?

El quiebre

El quinto movimiento.- El impostor ya nombrado ministro tropieza con sus escritos y palabras de hombre maduro y sensato. Lo que ha dicho lo ha dicho. Está escrito y además es reciente.

¿Cómo podría derribar ese relato que lo condujo al preciado cargo?

No quiere sitios de memorias. No quiere al Museo de la Memoria, porque quizás le incomoda su propia memoria. Porque un impostor, camina siempre con esa sombra maldita de lo que quiere ser, versus lo que efectivamente fue.

Decirse ex MIR es asociarse a una historia de proyectos y pérdidas. Decirse ex MIR, es asociarse a luchas que sufrieron derrotas y que han sembrado miguitas de respetos, desde los más diversos ámbitos. Entonces, el impostor es además impúdico porque ambiciona por añadidura ser receptor, también de esos respetos.

¿Pero cómo podría renegar de la historia de su madre: la compañera Juanita Mullor, militante del PS, torturada y secuestrada por la DINA en Villa Grimaldi, que fallecerá a poco de arribar al exilio?

¿Cómo esperar que dada la connotación del cargo, desde Chile y Suecia no comiencen a destaparse los grises de esa historia de impostor?

Hasta el tercer movimiento todo funciona. El cuarto amenaza con derrumbar todo. Porque esas declaraciones de ayer le saltan a la cara al impostor-converso.

Porque ningún ministro de culturas podría soportar en el cargo, si los invitados no llegan, si le devuelven invitaciones, si los premiados no se presentan y si esa historia oculta, llena de grises entre Chile y Suecia comienza a reconstruirse.

Y por último un dato al cierre. La vara de ser autoridad, profesor, obispo, general, ministra o simple ciudadano ha crecido. El impostor-converso parece que no podrá estar a la altura. Y entonces vendrá ese ineludible sexto movimiento: el de su renuncia.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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