domingo, 17 de febrero de 2019 Actualizado a las 09:34

Amortanasia: ¿Por qué la Eutanasia es un acto de amor y la necesitamos en Chile?

por Francisco Papas Fritas 19 agosto, 2018

Amortanasia: ¿Por qué la Eutanasia es un acto de amor y la necesitamos en Chile?
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Señor Director:

Fueron tiempos de gritos, sudoración, intranquilidad e incomodidad. Mi padre no paraba de sufrir. Recuerdo que era viernes y mi madre lo llevó nuevamente a urgencia, allí quedó internado en el Hospital Barros Luco. Con mi madre intentábamos descansar un poco en casa en medio de la intensidad y exigencias de esos días, pero una llamada irrumpió esa mañana de domingo, era una funcionaria del Hospital. Regresamos rápidamente al Hospital y cuando llegamos lo encontramos conectado a un respirador artificial. Recuerdo que lloré, mucho, pensaba que no habíamos hecho suficiente para ayudarlo… Los médicos nos dijeron que mi padre tenía metástasis cerebral. Lo último que recuerdo de mi padre fue el dolor, el sufrimiento que padeció y esa sensación de impotencia que nos desbordaba como familia.

De aquello han pasado 8 años y hoy me encuentro realizando la instalación político artística Amortanasia -porque es mi oficio y es lo que sé hacer-, un proyecto que ayuda y acompaña a personas al buen morir, para abrir el debate y echar luz sobre el oscurantismo que cubre hablar de la muerte en este país, y para que las familias, de todo tipo, comprendan la muerte desde el amor, desde la compasión del proceso, la humanidad y la determinación de morir sin sufrimiento innecesario.

Para esta obra investigué muchísimo, me adentré en el mundo del dolor y encontré en el proceso a muchas personas en total desamparo y padeciendo esa impotencia, la misma que viví con mi familia. También descubrí que en Chile se realizan eutanasias, claro, de modo clandestino y accesible a muy pocas personas por lo caro que es hacer todo desde esa oscuridad que deja el desamparo de la ley y una legislación arcaica, un privilegio para pocos, como la mayorías de las cosas de este país. Mi padre, por ejemplo, tenía una enfermedad terminal pero no obtuvo, por pobreza y la ley vigente, la ayuda para un buen morir, y sufrió, nosotros también como familia y sentimos ese desamparo, y solo nos quedó el dolor de verlo sufrir sin nada que poder hacer.

¿Acaso no es deseable morir sin sufrir y rodeado de las personas que amas? Esa es la idea central de Amortanasia, amor y muerte, un acto de compañía y dignidad, cuando lo que queda es sufrimiento y una simulación de vida que no es vida, es muerte con apariencia de vida, no buena y dolorosa, nos convoca el amor.

Hoy hay muchas personas sufriendo con algún familiar o ellas mismas sufriendo y viendo sufrir a su entorno por una enfermedad o condición ya irreversible y que solo implica dolor e indignidad pero que no pueden ni siquiera informarse y decidir junto a los suyos como quieren terminar sus días de agonía.

Y es que hay un grupo, desde su cosmovisión de las cosas, desde su religiosidad, que ven virtud en el sufrimiento, que imponen su modelo de martirio, que claramente no es el mío y, supongo, tampoco el de muchas familias. Quizás por eso nos encontramos con esa paradoja que es vivir en un país sin posibilidad de Eutanasia a pesar de que 7 de 10 personas están a favor de ella en Chile (CADEM, Febrero 2018), porque hay un grupo que desde su religiosidad nos imponen a sufrir para su gracia y apego a su dogma.

Y es que ese modelo de martirio, ese que pregonaba Sor Teresa de Calcuta, la misma que no curaba enfermos, ni les daba cuidados paliativos –como desveló una investigación periodística- y que tenía "hospicios" donde los dejaba morir y consagraba su sufrimiento a Dios, pues, decía ella, el sufrimiento liberaba sus almas del mal... contra esa idea de martirio hoy luchamos con empatía, compasión, altruismo, solidaridad, amor... Amortanasia.
Y es que me pregunto ¿Por qué en otros países se ha avanzado en ello? Quizás algunos señalen a que son países donde la religiosidad no permea a la sociedad como en Chile, a lo menos en las grandes esferas de toma de decisiones, como Suiza, Holanda, Luxemburgo, Bélgica, Canadá, etc. ¿Pero cómo se explica qué en Colombia, país eminentemente religioso, se haya aprobado la Eutanasia incluso de manera más vanguardista que muchos de los países europeos antes mencionados? Porque se ha entendido que un buen morir es un acto de amor, como lo señala el médico colombiano especializado en Eutanasia, Gustavo Quintana, pues no hay nada más inhumano que obligar a sufrir a alguien por un dogma, amar significa empatizar con el otro y no querer su sufrimiento.

Quienes se oponen esconden su fundamentalismo religioso y hablan de que no hay que avanzar en eutanasia, sino en mejorar el acceso a la medicina paliativa ¿pero qué pasa cuando esta ya no cumple su función? Ahí se revela el fondo, porque entienden el sufrimiento, el dolor como virtud. Y en lo personal no me opongo a que, desde su creencia, al verse en esa situación ellos puedan optar a ese camino, pero debe ser eso, una opción y no una imposición. Sor Teresa, misma que veía en el sufrimiento de aquellos que ayudaba con rezos para que soportaran su dolor, en sus últimos días, obtuvo lo mejor que pudo dar la medicina, hasta su muerte en compañía.
Y es que cuando vemos a jóvenes junto a sus familias clamar por eutanasia, como el caso de Valentina Maureira, quien imploró al gobierno pasado un proyecto de eutanasia, sin obtener respuesta y falleciendo meses después, tras larga agonía. O el caso de Paula Díaz, que inspira este proyecto, o el caso de los ancianos de Conchalí aplastados por un sistema que los abandonó en el sufrimiento dejándoles la horrible opción del suicidio en soledad, o el de mi padre o el de tantas personas y familias que hoy sufren, tanto dolor físico, como ese dolor indescriptible que nos consume cuando vemos sufrir a quienes amamos sin nada que podamos hacer. Todo aquello nos obliga como sociedad a discutir, nos debemos como sociedad la dignidad de un buen morir.

Es por eso que llamo a apoyar el proyecto de Eutanasia que hoy se discute -por primera vez en Chile en el Congreso-, con todo lo insuficiente que pueda ser, pero es un mínimo avance que nos debemos, que les debemos a nuestros seres amados para que tengan, a lo menos, la posibilidad a la mano de decidir sus últimos días juntos a los suyos. Mientras tanto, yo y un grupo de personas que suman más cada día, seguiremos con el proyecto Amortanasia, subvirtiendo la imposición del sufrimiento que nos lega una Constitución escolástica, ultra conservadora y religiosa, apoyando y acompañando al buen morir a quienes hoy lo necesitan con urgencia, pues no los abandonaremos, ese es nuestro acto de amor, eso hoy es Amortanasia.
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