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Cáncer: de la fatalidad a la esperanza

por 23 agosto, 2018

Cáncer: de la fatalidad a la esperanza
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Las enfermedades y la muerte ocupan un lugar importante en la humanidad. Nacer sano y morir sin dolor esperando la resurrección o la permanencia en la memoria de nuestros cercanos son aspiraciones permanentes en la vida común de las personas. Nos preocupan las transiciones entre una etapa y otra, sobre todo aquellas dotadas de drama y distorsión.

La medicina como función compensatoria de estos riesgos hace lo posible, a veces promete mas de lo que puede y las ofertas excesivas pueden hacerla caer en el descrédito. Nos confundimos mucho con las expectativas que despiertan  ilusiones que van mucho más allá de lo razonable y se nos encuentra con grandes frustraciones. No es fácil adaptar la mente y la tranquilidad espiritual al ciclo vital inexorable pero en evolución.

Los grupos de interés, la mayoría legítimos, luchan por obtener y asegurar lo mejor para enfrentar los daños de la enfermedad. En muchas patologías de edad moderna se han organizado pacientes, familiares o benefactores para poner alguna de ellas en la agenda de la prioridad social que compite por soluciones y recursos. El VIH/SIDA fue emblemático hacia fines del siglo pasado como antes lo fueron la tuberculosis, la desnutrición y la mortalidad de madres y niños. Todas ellas generaron grandes movilizaciones sociales, generaron leyes y se les asignó recursos monetarios e inteligencia social que consiguieron sus objetivos que enorgullecen.

El cáncer, concebido como antes una fatalidad ha ido tomándose la escena lentamente, mucha gente no quiere hablar de esa innombrable enfermedad, pero a pesar de todo la conciencia se mueve y los indicadores epidemiológicos y sociales la ponen en lugar destacado. A pesar de las amenazas de las infecciones reemergentes o nuevas, como el cólera, la meningitis y las temidas influenzas que aterrorizan a las comunidades.

El cáncer, concebido como antes una fatalidad ha ido tomándose la escena lentamente, mucha gente no quiere hablar de esa innombrable enfermedad, pero a pesar de todo la conciencia se mueve y los indicadores epidemiológicos y sociales la ponen en lugar destacado. A pesar de las amenazas de las infecciones reemergentes o nuevas, como el cólera, la meningitis y las temidas influenzas que aterrorizan a las comunidades.

Mucha gente se reconvierte a la militancia a favor de la prevención y tratamiento oportuno y eficaz de los diversos cánceres. Nacen iniciativas sociales, los pacientes sacan la voz, los médicos especialistas piden mas recursos para poder aplicarlos equitativa y eficazmente a todos y todas. La reforma de salud de 2002 que  creó el plan de garantías AUGE, fue un rayado de cancha que recogió una aspiración pero también generó riesgos.

No es un proceso fácil y es necesario balancear el discurso entre la fatalidad y la esperanza porque así podremos adaptarnos mejor y responder los desafíos. Mucha información y debate es necesario y debemos provocarlo y  alimentarlo. Compartir la información y empujar la causa en las comunidades, intercambiar información con experto de otras latitudes, conversar y adoptar tareas de bien común. Promover legislación y levantar recursos. Planificar participativamente las estrategias de control del cáncer porque tenemos mucho que hacer.

En eso estamos con el Foro Nacional de Cáncer y esperamos tener impacto.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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