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El buen negocio de la educación chilena: ¿a quién y cuánto importan los y las escolares?

por 1 octubre, 2018

El buen negocio de la educación chilena: ¿a quién y cuánto importan los y las escolares?
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Como si se tratara de la venta de una típica chingana del novescientos funcionando, con chuicos y damajuanas incluidos y el farolito también, en Rengo hoy se remata un colegio en la cúspide del año lectivo, donde se ven involucrados directivos, docentes, alumnos y alumnas pertenecientes a él, todo por el mismo precio y en la misma bolsa. ¡Y al mejor postor!

Los padres del Colegio Antilén (Sociedad Educativa Antilén Ltda., hoy en procedimiento concursal de liquidación), como si el problema versara sobre una carrera de caballos o en una pelea de gallos de riña, quién gana o quién pierde, y no sus hijos y la formación futura de sus propios hijos, los futuros profesionales del país, expresan "lo único que nos importa es que el colegio continúe con la educación. El remate es una buena instancia para la continuidad de giro".

Advierto que algunos padres de los escolares del Colegio Antilén no entienden que la educación no es “giro”, no es lucro, no es un negocio y tampoco debería serlo, ni siquiera avizorarlo como una mercancía, pues estamos hablando de la formación intelectual de nuestros ciudadanos y ciudadanas, nuestros compatriotas, tal vez los mismos que mañana van a guiar los destinos del país o van a dirigir, por qué no, las instituciones educativas.

En un modelo educativo cada vez más democrático, en una educación para la democracia y para la libertad, las cooperativas docentes hacen falta, son cada vez más necesarias, son la cara opuesta al negocio del conocimiento. Entonces, deberían ser fomentadas por las autoridades, para llegar a cambios concluyentes, efectivos, sobre la calidad y distribución de la educación lejos de las desigualdades que nos afectan, ¿quiénes van a enseñar mejor, con equidad, igualdad y calidad, si su lugar de trabajo, sus herramientas para enseñar a aprender les pertenecen?

Hasta el momento, poco he oído hablar de alumnos y alumnas, de aprendientes, tampoco se escuchan las voces docentes, pero sí se habla de socios, eso sí tiene significado en el discurso, pesa, como en cualquier negocio de baratijas del Barrio Patronato. ¡Qué poco importa la educación de nuestros connacionales, qué falta de respeto a los formadores de mentes escolares! ¿Qué educación queremos, qué educación ofrecen, para qué sirve la educación? ¿Queremos un país bien formado y acorde a las necesidades que este siglo requiere o queremos fomentar “emprendedores”, como promueve el Presidente Piñera, que vendan gaseosas, chocolates y helados en el Transantiago? En la escuela se aprende a ser, a saber y a hacer, por eso la educación no debe ni puede ser un comercio, no creo en la educación mercantilizada,  “inmoral es la dominación económica (…) inmoral es el mando de las clases dominantes sobre otra” (Freire, 1999; p. 102).

Hace años atrás, por este mismo medio, cuando la matufia de los sostenedores descaradamente se asían con los dineros que el Estado invertía en estas asociaciones “sin fines de lucro”, pagando cada sostenedor sueldos de hambre a los docentes, aunque ellos invertían aquellos dineros en negocios “non sanctos”, propuse, ante la necesidad, ante la urgencia y ante la desvalorización de la educación, el armado de cooperativas docentes. Expresaba allí que, en vez de malgastar dineros públicos en un puñado de privados inescrupulosos, la solución era promocionar cooperativas donde directivos, docentes y alumnos fueran los protagonistas de su propia historia educacional.

La herencia de la educación administrada por privados, es otro de los lamentables lastres que dejó la última dictadura cívico-militar. ¿Por qué las autoridades de la cartera, por qué el Estado de Chile y su gobernante, en pleno siglo XXI, cuando cada día más los países necesitan ciudadanos mejor formados, dejan la educación en mayor desamparo y en manos de quien pueda comprarla o venderla como si se tratara de una vulgar mercancía? Deben entender estos señores que la educación está lejos de ser un gasto, es una inversión a largo plazo y es lo único que puede sacar a los países pobres de la mediocridad, de la miseria y de la explotación.

Es este el momento exacto para que el Ministerio de Educación y su ministro, Gerardo Varela, le entreguen al país señales claras y precisas sobre qué significa la educación en Chile y cuánto importa. ¿Importa? Y si realmente la educación importa y es prioridad o tal como lo expresa la OCDE en sus recomendaciones, que este remate del Colegio Antilén sea rápidamente impedido y se le otorgue a su plantel docente los destinos de la educación de ese establecimiento educativo, el Colegio Antilén.

Este acto de justicia y reivindicación de la escuela sería, se convertiría, en el puntapié inicial para que todas aquellas escuelas privadas, con sostenedores de dudosa ética, que pertenecen y defienden el comercio inescrupuloso de la educación, pasen definitivamente a manos de quienes han estudiado y han elegido enseñar a aprender.

En un modelo educativo cada vez más democrático, en una educación para la democracia y para la libertad, las cooperativas docentes hacen falta, son cada vez más necesarias, son la cara opuesta al negocio del conocimiento. Entonces, deberían ser fomentadas por las autoridades, para llegar a cambios concluyentes, efectivos, sobre la calidad y distribución de la educación lejos de las desigualdades que nos afectan, ¿quiénes van a enseñar mejor, con equidad, igualdad y calidad, si su lugar de trabajo, sus herramientas para enseñar a aprender les pertenecen?

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