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La libertad religiosa: un derecho a conquistar

por 21 noviembre, 2018

La libertad religiosa: un derecho a conquistar
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Contra todo lo que creamos, la libertad religiosa se encuentra amenazada en una parte no despreciable del planeta. En el mundo judeocristiano hay un consenso generalizado en orden a que el Estado no puede perseguir a minorías religiosas ni imponer una iglesia oficial. Sin embargo, en cuarenta países tal acuerdo no existe, produciéndose violaciones significativas de la libertad religiosa. Occidente parece no darse cuenta de la desdichada suerte de múltiples minorías religiosas en el resto del mundo. Hoy se requiere un movimiento cultural, en el cual son claves los medios de comunicación sociales, que denuncie la discriminación y la represión por motivos religiosos, y que promueva un apoyo activo a minorías nacionales que no quieren abandonar sus creencias, aunque ello le cueste literalmente la vida.

El reciente “Informe de Libertad Religiosa 2018”, publicado este jueves por la Fundación Ayuda a la Iglesia que Sufre, nos presenta un análisis con información completa y actualizada de la situación de este derecho humano en 196 países. En China, por razones ideológicas, la libertad religiosa no existe. El régimen comunista que la gobierna promueve una ideología atea, que iguala religión con superstición y que no acepta el pluralismo. En la India el ultranacionalismo está siendo especialmente agresivo en contra de minorías religiosas como son la católica, evangélica y musulmana, pues considera que ellas constituyen una amenaza para la unidad nacional. El islamismo, cosa distinta del islam, ataca minorías como la judía y la cristiana, e incluso a corrientes dentro del Islam que son contrarias a la hegemónica. La persecución religiosa ha disminuido en Siria, Irak, Tanzania y Kenia, pero ha avanzado en Irán y Turquía. El antisemitismo también ha cobrado nuevas víctimas por lo que se observa un aumento de la emigración judía a Israel. Ante la crisis de la emigración en Europa y el ascenso del nacional populismo, ha aumentado la islamofobia.  

Chile, por el contrario, es un país en el que se respeta la libertad religiosa. Sin embargo, ello no significa que la relación entre política y religión sea pacífica. En efecto, en los dos últimos años se ha debatido la razón de ser de los feriados religiosos; se ha discutido acerca de las creencias religiosas, la objeción de conciencia y el uso de recursos públicos a propósito de la despenalización del aborto; y no han dejado de sorprender los ataques en contra de templos evangélicos y parroquias católicas, especialmente en La Araucanía. Se trata de problemas bastante menores, teniendo a la vista el cuadro mundial; sin embargo, no podemos dar por sentado que tenemos garantizado el pluralismo religioso y una respetuosa relación entre Estado e iglesias.

Chile, por el contrario, es un país en el que se respeta la libertad religiosa. Sin embargo, ello no significa que la relación entre política y religión sea pacífica. En efecto, en los dos últimos años se ha debatido la razón de ser de los feriados religiosos; se ha discutido acerca de las creencias religiosas, la objeción de conciencia y el uso de recursos públicos a propósito de la despenalización del aborto; y no han dejado de sorprender los ataques en contra de templos evangélicos y parroquias católicas, especialmente en la Araucanía. Se trata de problemas bastante menores, teniendo a la vista el cuadro mundial; sin embargo, no podemos dar por sentado que tenemos garantizado el pluralismo religioso y una respetuosa relación entre Estado e iglesias.     

La situación mundial, sin embargo, demuestra que el fenómeno religioso goza de buena salud. Tras seis décadas de persecución en los socialismos reales el resurgimiento religioso no deja de asombrar. Se calcula que hoy existen cien millones de chinos que profesan la fe cristiana, por lo que su gobierno acaba de llegar a un acuerdo de mutuo respeto con el Vaticano. Por otro lado, el retorno de los debates acerca de la religión en el espacio público, desde Estados Unidos a Brasil, pasando por Irlanda y Francia constituye una formidable invitación a tomarse más en serio la fuerza de la fe y el valor de la tolerancia. Hoy más que nunca sabemos que una democracia es laica en la medida que no impone religiones, pero tampoco las discrimina, relegándolas al espacio privado. Los tiempos que corren nos demuestran que cuando se expulsa a la religión por la puerta, esta vuelve por la ventana. Más estremecedor aún, el mundo de hoy da cuenta de millones y millones de seres humanos que, no estando dispuestos a matar por sus creencias, sí están dispuestos a morir por ellas. Su mensaje es muy simple: todos tenemos derecho a vivir en paz, bajo un mismo cielo y en un mismo pedazo de tierra, se llame China, India, Rusia o Afganistán.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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