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Lo justo es justo

por 17 enero, 2019

Lo justo es justo

Crédito: http://parquecultural.cl

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A mi juicio, que podrá ser escaso a “juicio” de aquellos que no me quieren nada, las tres cuestiones elementales que ningún gobierno puede dejar de tener entre sus prioridades, si es que pretende que algún día el país dirigido alcance el desarrollo, son las siguientes: salud, educación y pensiones. En ese orden.

Las razones de aquello son muy simples y estoy seguro que tanto católicos, protestantes, Bolsonaros o Maduros, coincidiremos en que, más allá de nuestro origen y de adónde vamos después de muertos, el leitmotiv de este (casi) fallido experimento llamado raza humana, es la constante lucha por su supervivencia.

Esto no es materia de elección, naturaleza obliga. Biología obliga y la homeostasis cumple su rol.  Si a esto sumamos los componentes metafísicos que tienen que ver con la perpetuación del yo (que no es lo mismo que la percepción del yo en psicología), con el incomprensible temor a lo desconocido, además de los componentes sociales como la familia, la propiedad privada, la perpetuación de la especie etc., no resulta difícil entender el rol que cumple una adecuada atención en salud, como primer pilar necesario para conservar lo más elemental de lo elemental: la vida, nuestra vida.

Luego y habiendo asumido que la vida es dura, que el chancho está mal pelado, que la desigualdad es muy grande y que los vicios burgueses son muy agradables tanto a la vista como al tacto y al paladar, el populus requiere tener -al menos- la esperanza del acceso a la educación para su descendencia, toda vez que ésta es la escalera más eficaz para ascender (aunque sea un poco), en la pirámide de ingresos.

Finalmente, cuando nuestros huesos ya no nos acompañan o por lo menos enfrentan las barreras de forma distinta a nuestra subjetividad, tenemos la ingenua esperanza que, después de haber colaborado eficazmente en el proceso de generar fortunas para otros, esta superestructura que nos hemos dado tanto para cuidar nuestros intereses como para coadyuvar en el proceso de preservación y a la cual pomposamente llamamos Estado, nos retribuya en cómodas cuotas mensuales algún dinero que nos permita terminar dignamente nuestros días, previo a cerrar definitivamente los ojos y dar paso a las futuras generaciones.

Así, en esa forma descarnada y brutal, podríamos resumir esta pasantía por el mundo.

Pero claro, hay otras cosas, “qué duda cabe,” como gustaba decir el Presidente olvidado. En el intertanto, nos hemos ido desarrollando, la necesidad de preservación nos lleva cada día a estadios superiores de lucha y en ese afán, los hombres y mujeres que pueblan este pedazo de roca perdida llamada tierra, hemos ido creando cosas que nos faciliten los diarios quehaceres e inventándonos necesidades que le den un poco más de sentido a esta pasantía. Porque, claro, ya no basta con asegurar la perpetuación de la especie, si en el camino o durante ese proceso podemos hacer otras cosas y porque no decirlo, disfrutar de otros placeres anexos, alejados del plan original. O sea, y a modo de ejemplo: tener sexo para cumplir la misión original está bien, pero tenerlo en invierno en una tibia cabañita de madera rústica a orillas del Gran Lago del Oso, definitivamente es mucho mejor.

Y ya que hablamos de anexos, quisiera preguntar: ¿habrá alguno más relevante que el arte en sus diferentes manifestaciones? Personalmente no lo creo.

Personalmente creo que Justo Pastor es el más claro ejemplo de lo mal que se hicieron algunas cosas durante los gobiernos de la Concertación y Nueva Mayoría. A pesar de resultar a todas luces evidentes, a pesar de ser uno de los críticos de arte más prolíficos y sesudos de la escena nacional, a pesar de ser sus opiniones un referente obligado en el mundo de la plástica contemporánea nacional, a pesar de sus títulos, magísteres y doctorados y premios nacionales e internacionales, nadie posó sus ojos en él

Objetivamente no aporta en nada a la cadena reproductiva. Pero claro, si a la cabañita mencionada le sumamos un poco de buena música, unas bellas pinturas colgando de la pared, la cosa se pone aún más interesante. Todos nuestros sentidos se predisponen y nos sumergimos en un torbellino de sensaciones y placeres, los cuales tampoco aportan en nada a la cadena reproductiva. Sin embargo, nos predisponen a una sublime valoración del otro con lo cual el acto mismo, la cochinada misma, adquiere matices y tonalidades que tal vez en otra columna me atreva a describir.

Hace algún tiempo, en plena campaña de “Patagonia sin represas”, mi amigo y maestro Hernán Sandoval, fue invitado por el periodista Fernando Paulsen a hablar de esta campaña en su programa “Medianoche.”  La primera pregunta de Paulsen fue clara y directa: “¿por qué no? ¿Por qué quieren impedir que se concrete el megaproyecto?”. La respuesta de Sandoval fue genial, lúcida, infantil, ingenua, pero profunda, intelectualmente insuperable: “Porque es feo,” dijo.

Paulsen, como era de esperarse, quedó sorprendido. Nadie en su sano juicio se puede oponer a un proyecto de miles de millones de dólares, simplemente porque es “feo”. Pero Sandoval le demostró que sí, que para la raza humana la belleza es más importante y trascendente que el dinero, toda vez que juega -además- un rol relevante en el proceso evolutivo: “La belleza ha tenido un papel fundamental en la selección reproductiva, es decir en la elección de parejas sanas y libres de enfermedades”. No resulta  casualidad entonces, que el propio Aristóteles, haya identificado lo bello con lo bueno, como la materialización en la realidad de la perfección.

Entonces, un ser humano que dedica su vida al arte, bien sea a la creación o al estudio del arte, es digno de mi más sublime respeto. Honestamente hablando, no me interesa si es de derecha de izquierda o de centro, me interesa disfrutar de su creación o de sus conocimientos. Me interesa y quiero maestros que me enseñen a apreciar lo que mi genética me impide aprender livianamente; no me basta con fascinarme mirando un reloj de Dalí, quisiera conocer qué hay detrás de cada una de sus pinceladas y si amo a Google es porque me permite cambiar rápidamente el switch desde la pintura a la psicología, de tal manera de intentar descifrar qué había en la cabeza de Gauguin o por qué se suicidó  Mark Rothko una vez finalizado su  “Untitled”. Aunque una vez que aprendí a mirar, pude descubrir que no hay nada más que emoción en su pintura y sólo existe en ella el adiós a lo existente. Y eso me emociona, eso me hace vivir.

Por eso creo que es justo reconocer que después de tantos balazos a los pies, el Presidente Piñera por fin dio en el blanco y tuvo la sapiencia de nominar como el agregado cultural de nuestro país en la mítica, paradigmática y bella Francia, a un maestro que reúne “justo” esas características que he señalado: Justo Pastor Mellado.

Algunos dirán: ¿quién es ese? Otros dirán que su gestión en el Parque Cultural Valparaíso no fue buena, otros dirán que es una persona que nunca se sintió cómoda con nuestro país. Otros, como Luis Alarcón, co-Director de la Galería Metropolitana y esposo de Ana María Saavedra -directora de la misma galería- dirán que “era esperable por la función de apoyo explícito, y a esta altura permanente, a la derecha por parte de Mellado”. Y etcétera, etcétera.

Curiosamente, puede que muchos, desde su particular mirada, tengan razón, pero lo cierto es que ninguna de esas opiniones o visiones, pone en duda o cuestiona las capacidades intelectuales de Mellado para asumir este desafío.

Personalmente creo que Justo Pastor es el más claro ejemplo de lo mal que se hicieron algunas cosas durante los gobiernos de la Concertación y Nueva Mayoría. A pesar de resultar a todas luces evidentes, a pesar de ser uno de los críticos de arte más prolíficos y sesudos de la escena nacional, a pesar de ser sus opiniones un referente obligado en el mundo de la plástica contemporánea nacional, a pesar de sus títulos, magísteres y doctorados y premios nacionales e internacionales, nadie posó sus ojos en él.

No militaba, no rendía pleitesías a ningún dirigente desatacado y por tanto prescindir de él no tenía costos políticos. La verdad es que para Piñera tampoco los tiene, podrían haberlo guardado en el closet de los viejos próceres intelectuales y no habría pasado nada. Sin embargo, se le entrega este reconocimiento que a muchos nos alegra. Más aun, nos alegra que lo haya aceptado.

Seguiremos pensando distinto a la derecha, seguiremos diciendo que no nos gusta Piñera, seguiremos diciendo que Chadwick debería renunciar porque eso es lo que corresponde que haga (porque es de caballeros hacer eso cuando la situación lo amerita); pero en este caso particular y sin complejos de ninguna especie, felicito al Presidente por este nombramiento y me alegra por el mundo del Arte y la Cultura de nuestro país, que uno de sus mejores y más abnegados hijos pueda decir en la cuna de la Democracia: Bonjour, je m’appelle Justo Pastor Mellado, attaché culturel du Chili en France.

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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