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Eutanasia: ¿Tortura para un final?

por 24 enero, 2019

Eutanasia: ¿Tortura para un final?
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Esta semana hemos visto como el caso emblemático de Paula Díaz ha conmocionado a todo un país, y sin lugar a dudas ha reabierto el debate respecto de lo que debiese ser una opción personal: La Eutanasia.

Culturalmente nuestra sociedad no está preparada para poder hablar acerca de la Eutanasia, ya que el solo hecho de hablar acerca de la muerte es un tabú. Hoy debemos ser capaces de comenzar a romper esos esquemas y sentarnos a debatir acerca de este punto; es un acto sano, democrático y necesario.

Etimológicamente la palabra Eutanasia proviene del griego antiguo (euthanasia) y su significado es “muerte dulce” ¿Tiene sentido, no?

Actualmente y por definición, la eutanasia es aquel procedimiento voluntario, intencionado, estudiado y consciente que realiza un médico para acelerar la muerte de un paciente terminal de algún padecimiento incurable; a solicitud consciente, estudiada y deliberada por el paciente o sus familiares, quienes, plenamente enterados de que no existe tratamiento curativo para la dolencia; le solicitan al médico que la realice sobre el paciente para así dar fin con el dolor y un sufrimiento intolerable e intratable.

Desde un punto de vista religioso es complejo de analizar. Pero quiero hacer las siguientes preguntas: ¿Qué haría Cristo si viese el sufrimiento y la angustia de un paciente y su familia, por un dolor intratable a causa de una enfermedad incurable y con un final más que cierto? ¿Sería Cristo capaz de permitir esto?

De acuerdo a las escrituras, el suicidio asistido no es un pecado imperdonable, y si bien pudiese ser considerado un pecado grave, debemos ser capaces de entender que las sagradas escrituras son palabras vivas que manifiestan el amor y la misericordia de dios.

“El Señor es bueno para con todos, y su compasión, sobre todas las cosas” (Salmos 145:9). “Sed misericordiosos, así como vuestro Padre es misericordioso” (Lucas 6:36). La eutanasia bajo este punto de vista incluso se pudiese considerar un acto de compasión, misericordia y de caridad cristiana.

Ahora desde un punto de vista Bioético no hay ningún tipo de consenso, todo lo contrario, cada vez hay más discrepancias ente un bando y otro. Los principios de autonomía, justicia, beneficencia y no maleficencia deben ser interpretados de acuerdo a los múltiples casos posibles, cuidadosamente, para que no sean transgredidos.  

Para poder propiciar la práctica de la eutanasia es que se debe hacer una distinción de quienes pueden ser beneficiarios o no, de poder tomar esta decisión. Naturalmente, esta medida solo debe ser tomada por quienes se encuentren clínicamente desahuciados y que la medicina contemporánea simplemente no puede curar, ni tampoco aliviar.

Se debe tener cuidado mezclar este tipo de pacientes con aquellos que por depresión o por sentirse una carga para la familia/sociedad, puedan acogerse a esta medida; ellos no responden a una necesidad clínica, sino que responden a una necesidad mental, social o económica. Permitirlo iría en contra de cualquier norma ética, moral o religiosa; sería un acto de desprecio hacia la vida y la dignidad humana. Atentaría totalmente contra lo que realmente fue concebida la eutanasia.

Eso sí, es tarea urgente propiciar un proyecto de ley que resguarde clínica, psicológica y económicamente a los pacientes y sus familias en caso de que se vean enfrentados a una enfermedad catastrófica. Además de ello, se deben inyectar mayores recursos en todas las unidades de cuidados paliativos de nuestra red hospitalaria, o al menos que cada región cuente con una unidad especializada y a la vanguardia de los países de la OCDE, que facilite el perfeccionamiento de los profesionales que se encuentren en ellas, con el fin de entregar una atención especializada, digna y lo más humana posible. Esta es una tarea pendiente que el Estado tiene para con la salud pública.

Lamentablemente este tipo de temas no se pueden analizar en profundidad en una columna. Ante esto, solo he querido colocar el tema sobre la palestra para generar debate y que juntos como sociedad podamos ver que es lo más correcto y necesario hacer.

Así como es un derecho humano básico brindar las condiciones sanitarias para que un bebé pueda nacer, lo mismo debiese ser para que un ser humano pueda fallecer. Es una cuestión de dignidad humana y de buen morir.

Chile es una mesa para todos.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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