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Clase de ética

por 4 mayo, 2019

Clase de ética
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Este fin de semana, el mundo del deporte fue nuevamente sorprendido por una actitud que, desde la perspectiva sensacionalista, es propia de un “loco”. La decisión de Marcelo Bielsa, quien ordenó a su equipo, el Leeds de Inglaterra, dejarse marcar un gol, luego de que este anotara el tanto que les dejaba con la primera opción de ascender a la división de honor. Todo esto, enmarcado en el competitivo escenario del futbol, donde el triunfo es la única meta y donde el respeto se gana conforme las copas que adornan las estanterías de los clubes deportivos.

La noticia dio la vuelta al mundo, sorprendiendo a la opinión pública con un acto inédito. Probablemente, estamos tan poco acostumbrados a lidiar con estas “buenas prácticas”, que siendo un gesto que deja entrever fundamentos de respeto y consideración, nos hace ruido y se manifiesta como una rareza. En un mundo donde la instrucción es una norma de guerra: “ganar a toda costa”, donde la razón justifica los medios y donde los mártires son parte del proceso.
El impacto de este tipo de liderazgo, no se refleja necesariamente en el corto plazo. El verdadero impacto está en la cultura, generando adeptos que se identifican con una manera de vivir y de pensar las relaciones humanas, se fundamenta en la otredad y el bienestar común y se manifiesta en la humildad de vincularse desde una posición horizontal con el único fin de disponerse al aprendizaje bidireccional. Es relevar la pasión con la que se vive la vida, la consecuencia, quien vive bajo el mantra de la fortaleza espiritual.

Estamos ante una verdadera clase de ética, la misma que recoge el virtuosismo originario del ser, el mismo que forma parte de vínculos carentes de egos, el mismo que hoy en día no es solo una necesidad si no un clamor popular. En nuestras organizaciones, valoramos el aprendizaje cuando se alinea con nuestros propósitos particulares, cuando no solo lo sabemos también lo experimentamos, lo compartimos. Un liderazgo que conoce y acciona desde el reconocimiento de la individualidad y su impacto en lo social y logra utilizar su poder en beneficio mutuo.
¿Necesitaremos entonces más “locos”? Algún día, no tan lejano, cuando las organizaciones hayan realizado su transición completa y la sociedad vuelva a poner en la cadena de valores la equidad, la igualdad y la otredad, entonces seguramente nos sorprenderemos cuando un acto de injusticia sea la gran noticia en los medios de comunicación.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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