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“Poner a los niños en primera fila” ¿Qué se esconde detrás de la primera fila?

por 15 junio, 2019

“Poner a los niños en primera fila” ¿Qué se esconde detrás de la primera fila?
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Poner a los niños en primera fila. Con estas palabras el actual presidente Sebastián Piñera, durante su segunda cuenta pública del pasado sábado 1 de junio, ponía en énfasis lo que ha sido una de las principales materias a trabajar durante su segundo gobierno.  Con base en esto, es que todavía se legislan, en el Congreso Nacional, dos proyectos de ley dirigidos a la educación inicial. El primero de ellos, Sala Cuna Universal, el que busca aumentar la participación laboral de las mujeres garantizando igualdad de oportunidades, eliminando toda forma de discriminación arbitraria para que la familia y el trabajo sean compatibles,  garantizando que todos los niños tengan derecho a una sala cuna de calidad con lugares reconocidos por el Ministerio de Educación, permitiendo que padres y madres trabajadoras puedan desempeñarse profesionalmente con la tranquilidad que sus hijos estarán debidamente cuidados.

En segundo lugar, el proyecto Equidad en Educación Parvularia, que se resume a la creación de una subvención para los niveles medios del primer nivel educativo, permitiendo la creación de nuevos cupos para las familias más vulnerables del país. En palabras del mismo presidente, “…este proyecto de ley elimina la discriminación en materia de aporte fiscal entre instituciones públicas e instituciones privadas, un principio de justicia con nuestros niños”. Sin embargo, a pesar de todas las buenas intenciones de estos dos proyectos de ley, y lo maravilloso que parecen ser para nuestros niños y niñas, me cabe preguntar: ¿Es la primera infancia una real prioridad para el gobierno? ¿Realmente el foco principal está en mejorar la educación inicial?

Muy a mi parecer, estas no son más que una “pantalla” detrás de la cual se esconden intereses mayores de unos pocos particulares. Por un lado, el Proyecto de Ley Sala Cuna Universal parece ser más bien una medida dirigida a incentivar el regreso temprano de las mujeres trabajadoras a sus labores con fines económicos, más allá de promover la cobertura para todos los niños y niñas. Es en este último punto donde me detengo, pues esta medida no es como se presenta, del todo, universal.

¿Cómo? Así es. Los principales beneficiarios de esta iniciativa serán, los  hijos e hijas menores de dos años que estén al cuidado personal de las trabajadoras y trabajadores (cuidado personal exclusivo en el caso de los trabajadores) dependientes e independientes que estén afiliados a un sistema de previsión. Y surge más de una pregunta: ¿Cómo es que el derecho a sala cuna depende de la situación laboral del padre o madre? Cuando el cuidador pierde su empleo, ¿El niño o niña se debe retirar de la sala cuna? ¿Por qué el hijo de una madre sin trabajo remunerado no tendría el mismo derecho de acceder a la sala cuna? Y cuando este niño o niña  cumpla tres años, ¿Será capaz el sistema de atender y dar continuidad a los y las infantes una vez egresados de la sala cuna? La respuesta es no, no existe la infraestructura necesaria para recibir tal cantidad de matrículas. Parece ser claro que, más que una medida inclusiva, no hace más que segregar, profundizar la exclusión desde las edades más tempranas.

Junto con lo anterior, cabe mencionar que estamos hablando de un momento crucial, donde las figuras de apego y el bienestar psico-emocional son imprescindibles para el desarrollo de los niños y niñas: ¿Será capaz el actual sistema de proveer estas condiciones? ¿Contarán con las condiciones de infraestructura y personal para asegurar el bienestar y correcto desarrollo de estos pequeños que asisten a salas cunas? Y prosigo, ¿Quién financia y cómo se administra este sistema “universal”?

Aunque aún no está totalmente definido, se plantea la Creación de un Fondo Solidario a partir de un aporte con cargo a los empleadores más el aporte del Estado, el cual será administrado, y al parecer muy bien administrado, por entidades privadas. Continúo, ¿Quiénes serán los encargados de proveer este beneficio? Pues claramente los establecimientos públicos no darán abasto, con lo cual se abre la posibilidad de que jardines privados puedan recibir a los niños beneficiarios, y claro está, también a su financiamiento, sin mayores requerimientos que el reconocimiento del Mineduc, el cual no especifica detalles como la formación y la calidad educativa que allí se entrega. Eso por un lado.

En cuanto al segundo proyecto de ley, parece ser aún más perturbador, el cual mediante la creación de una subvención, según la Ministra Cubillos, “pretende poner el foco en las inequidades que, en educación, se generan en la infancia, romper la brecha  permitiendo que más niños puedan acceder a una educación parvularia de calidad, y donde sean las familias quienes puedan elegir el proyecto educativo que les resulte más pertinente”.

De este modo se procura aumentar la subvención para jardines subvencionados, valor establecido en base a la asistencia promedio de niños y niñas, lo que introduce directamente el concepto de competencia y mercado, financiamiento que puede ser destinado tanto a la labor educacional como a operaciones con dichos fines, abriendo la posibilidad al lucro. Además de lo anterior, esta subvención no prohíbe el copago, permitiendo el aporte de los apoderados con fines extracurriculares. Y por si fuera poco, este aumento de la subvención margina a establecimientos pertenecientes a JUNJI e Integra. Durante el año 2018 tuve la fortuna de recorrer distintas realidades del sistema preescolar, desde el jardín particular, hasta aquel más precario, ese jardín del campo, aquel donde producto de enfermedades, lluvias o temporales disminuyen la asistencia a  2 o 3 estudiantes por sala, o aquel que existe en una sede social prestada sólo uno o dos días a la semana para que madres de distintos sectores aledaños recorran largas distancias para llevar a su hijo al “Jardín sobre ruedas” porque es la única oportunidad que tiene. Ante estas realidades y diferencias no puedo evitar preguntarme ¿Cómo hace este jardín rural para mantener el financiamiento en base a la asistencia, cuando son quienes más lo necesitan? ¿Cómo se detiene esta inminente economía de mercado y competencia en la educación preescolar? ¿Será que esta iniciativa busca privatizar ahora también la educación preescolar? ¿Cómo se asegura la calidad y equidad de la educación parvularia frente a este lucro encubierto? Frente a tantas interrogantes queda claro que estos dos proyectos no buscan más que beneficiar a un pequeño grupo con intereses particulares escondidos detrás de nuestros niños y niñas, intereses en pro de aumentar el financiamiento de entidades privadas, tal como se ha hecho con la educación básica y media. Nada me detiene a pensar que es la crónica de una muerte anunciada.

Aún queda mucho por discutir en el Congreso de estos proyectos, sin embargo mientras no ponga el foco en lo realmente importante, serán pocos los avances que veremos en esta materia. ¿Y que es lo que realmente importa? Garantizar el correcto desarrollo y la satisfacción de las necesidades de los más pequeños, a través de medidas que aboguen a la flexibilidad y seguridad laboral de madres y padres, en beneficio del cuidado personal y del bienestar psíquico y emocional del bebe, evitando  alejarlos de las figuras de apego y con la opción de salas cunas sólo como medidas excepcionales.

Junto con lo anterior, se hace necesario crear entidades públicas encargadas de administrar el financiamiento a la educación inicial, regulando y fiscalizando los establecimientos que reciben este beneficio, eliminando el copago o cualquier aporte de los padres. Es necesario además aumentar la cobertura nacional, asegurando que  niños y niñas de todos el país puedan asistir a establecimientos sin distinción etaria, étnica, racial o situación laboral de sus padres, entre otros factores; establecimientos reconocidos por el Estado, garantizando la calidad educativa, desde la formación inicial de los y las educadoras, la cantidad adecuada de niños por cada una de ellas, mejorar la infraestructura, el apoyo en favor de los más desprotegidos y por sobre todo asegurando  ambientes de bienestar y aprendizaje acorde a la edad y desarrollo psico-cognitivo de los más pequeños.

Como se aprecia, queda mucho por trabajar.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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