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¿Por qué protestan las educadoras?

por María Isabel Díaz 28 junio, 2019

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Señor Director:

Incrementar recursos públicos para la educación parvularia siempre es una muy buena noticia, en particular si tiene el propósito de mejorar las condiciones de trabajo pedagógico en los jardines infantiles más vulnerables. La creación de un voucher mejorado que busca enfrentar las asimetrías que se presentan en el sistema y paralelamente avanzar en más cobertura, debiera ser motivo de aplauso cerrado de acuerdo a los impulsores de esta medida. Sin embargo, para la sorpresa de varios, las educadoras hicieron un paro de advertencia, no están contentas ni convencidas con la iniciativa.

Si aplicamos pedagogía legislativa el proyecto de ley que se ha promovido con otros titulares, tiene el propósito de abrir la subvención a los tramos de “nivel medio” (2 a 4 años) al 100% de los establecimientos escolares. Además incorpora la subvención para una parte de los jardines infantiles (VTF) con financiamiento público -los municipales y de fundaciones- que equivale al 30% del total de la oferta, con la finalidad de superar las brechas que se presentan entre los jardines infantiles. De acuerdo a esos propósitos la interrogante que surge es: ¿por qué razón las educadoras están en contra de una medida que se ve muy positiva?

El asunto es que no se ha informado explícitamente la gran dificultad del proyecto; en la práctica los más de 1.700 jardines (VTF) municipales y de fundaciones que presentan brechas estructurales no podrán postular al voucher. La paradoja es que hoy más del 97% de esos jardines no cumple con los requisitos obligatorios ni los cumplirá a futuro, si la iniciativa no va asociada a un plan de inversión pública que supere las carencias reglamentarias de infraestructura. De esta forma el voucher incrementado y suplementado, que se ha insistido persistentemente que será para los jardines infantiles, terminará siendo absorbido en su gran mayoría, por las escuelas y colegios subvencionados, puesto que ellos sí cumplen con todos los estándares que exige el modelo de subvención. Así las familias comenzarán a adelantar la postulación de sus hijos -¡de dos años!- al sistema escolar para asegurar un cupo, generando un fenómeno de escolarización temprana, lo que sería inédito en las medidas de política pública a nivel internacional, advierten las educadoras en sus consignas.

En ese escenario, se abrirá una competencia entre jardines y colegios, con condiciones desiguales para unos y otros. Para avanzar el proyecto tiene que superar aristas técnicas y políticas, como lo hemos expresado distintos actores del campo educacional, pero la controversia va más allá de la subvención. Las educadoras están alertando que se están tomando decisiones que cambiarán el rumbo de la educación parvularia en las próximas décadas, sin haberse realizado un debate amplio y participativo.

María Isabel Díaz

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