sábado, 14 de diciembre de 2019 Actualizado a las 02:15

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Dos niveles de la crisis del PS

Dos niveles de la crisis del PS
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Las pasadas elecciones internas del Partido Socialista lo condujeron a su peor crisis desde el retorno a la democracia. A las innumerables irregularidades y la total ausencia de un estado de derecho en la orgánica socialista, se sumó el reportaje que corroboró prácticas de acarreo ilegales y reñidas con la ética partidaria. Aunque lo último represente a una parte minoritaria del PS, la lógica de construcción de partido que hizo posible este abuso extremo no lo es. Lo nuevo de la crisis está asociado con la relación entre el objeto del escarnio público y las condiciones internas del PS que lo hicieron posible.

La crisis pública puso al descubierto la mecánica de crecimiento del PS, situación que presenta, al menos, dos niveles de análisis posibles. Por una parte, está la arena pública en la que se desenvuelve mayoritariamente el fenómeno político. Por otra, se encuentra la lógica de construcción y funcionamiento de la organización partidaria. Usando una analogía informática, mientras el primer nivel está más cerca de la interfaz usuaria que el partido le ofrece a la ciudadanía —el software—, el otro es el soporte que hace posible el primero, pero que no es visible para el usuario —el hardware—. La legitimidad de la analogía la ofrece el lenguaje con que la militancia naturalmente se refiere al segundo nivel: lo que para la ciudadanía es una caja negra, nosotros lo llamamos “máquina”.

Los problemas que acaecen al nivel de la lógica de construcción de partido son graves y deben ser abordados con urgencia. El problema no es comunicacional. Las irregularidades que han salido a la luz pública son sólo algunas de los innumerables problemas de la última elección. El reportaje sobre San Ramón mostró sólo una parte de las prácticas que suceden en otros lugares. Volviendo a la analogía, el problema no es sólo de programación de la interfaz usuaria —aunque por cierto también lo es—, sino que está alojado en el funcionamiento del aparato. Demostrar que algunas partes del sistema están bien y otras mal —como han señalado quienes creen que el problema se resuelve anulando algunas mesas electorales— no da cuenta de la incoherencia entre los principios de construcción del instrumento partidario y los desafíos que esperamos resolver a través suyo en los próximos años.

El nivel de la arena política pública reclama un tipo de acciones y gestos específico. Mientras al nivel en que las cosas pasan es difícil reconocer responsabilidades individuales, la responsabilidad política personal es constitutiva del liderazgo. Mientras ningún analista serio diría que la directiva actual es responsable de la lógica de construcción de partido que heredó, muchos convendrán en que sí lo es en relación con la omisión de abordar el problema que ya había sido públicamente denunciado. En 2017, un reportaje televisivo vinculó al socialismo con la instrumentalización de sectores populares a través de redes asociadas a narcotraficantes. Dos años después, como un virus informático no purgado, la situación reflotó al nivel de la interfaz.

En la esfera política pública, la responsabilidad y la coherencia en la performance es sustantiva. Es inviable un proceso de recomposición partidaria, si los dirigentes del PS no asumen su responsabilidad política. No habrá cambio en la lógica de construcción partidaria si se blinda a quienes no ejercieron sus facultades para hacerse cargo de un problema para  todos evidente. No es posible que las soluciones que adopte el PS sean creíbles si Elizalde y Santander no renuncian a participar en la nueva mesa directiva.

No obstante lo anterior, que es evidente para la mayoría de militantes del PS y de otros partido, los demás nos quedaremos con el problema alojado en la raíz del sistema. Cualquier gesto político o acción remedial sería un puro engaño si no bregamos por cambiar la lógica de construcción de partido interna. En este sentido, la propuesta de convocar a un Congreso Extraordinario, cuyo mandato sea recuperar la soberanía militante, está más a la altura que cualquier salida intermedia. De esta manera se puede abordar el problema estatutario y establecer un estándar mínimo de militancia que permita desalojar el virus.

La pregunta que queda abierta es qué personas deben conducir este proceso para dar certezas de que están ahí para cambiar aquellas partes de la lógica de construcción de partido asociadas a las prácticas que causaron la crisis, que cubren desde el caciquismo y el clientelismo, hasta la despolitización, el autoritarismo directivo y el enorme peso de las lealtades personales. Combatir, en el fondo, las causas primeras que pusieron a disposición de criminales una sección del socialismo. 

En este marco, si la nueva directiva deberá afrontar la tarea de encargarse de rehabilitar la imagen pública del PS y convocar a un Congreso Extraordinario para responder a la necesidad de cambiar la lógica de construcción de partido interno, es condición necesaria que las personas que la conformen hayan optado sistemáticamente en sus trayectorias por prácticas no relacionadas a los problemas de raíz en esta crisis, de tal forma que el proceso de rectificación y rehabilitación del Partido Socialista sea, al mismo tiempo, efectivo y creíble

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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