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Frente Amplio: la crisis de la centroizquierda y el desafío de sumar

por 14 julio, 2019

Frente Amplio: la crisis de la centroizquierda y el desafío de sumar
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El desafío para el ciclo político es consolidar una fuerza política y social con vocación de mayoría pero además proyectarla como opción de cambio y de gobierno. Este relato, repetido como mantra en las esferas frenteamplista, aún no logra pasar de una declaración de buenas intenciones ni materializarse en un camino o diseño que lo haga posible, en gran medida a raíz del vértigo que involucra la toma de decisiones y el riesgo que entraña para la unidad interna.

Retrotrayendo la mirada a los últimos meses es posible apreciar ciertos avances en el desarrollo de una política incidente que, sin embargo, tiene el riesgo de estancarse de cara a la definición municipal.

La votación de la presidencia de la cámara de diputados marcó un hito en el desarrollo político del Frente Amplio. Asumiendo la necesidad de apostar por la unidad de la oposición, la bancada fue capaz de votar por un DC conservador como Iván Flores, traspasado los costos de un eventual quiebre a la falange, lo que no tardó en ocurrir tras las votaciones de la idea de legislar de la reforma tributaria y previsional. Esta maniobra involucró ganar un espacio político como un actor capaz de tensionar el arco de fuerzas de la centroizquierda y al mismo tiempo agudizar su crisis interna, superando la fase de instalación y proyectándose como un fuerza incidente. El desafío hoy sigue siendo avanzar en esa línea, lo que requiere una lectura del cuadro que emerge a raíz de dicha crisis y proyectar escenarios que permitan capitalizarlo.

Lo cierto es que la crisis de la DC ha seguido agudizándose, materializándose un quiebre interno a raíz de la deriva derechista de la dirección encabezada por Chaín ante la imposibilidad de reconstruir un centro en un escenario de creciente polarización. A ello se suma la crisis del PS a raíz de la ausencia de liderazgo y capacidad de articulación en la centroizquierda, agravada por la polarizada elección interna que puso en evidencia las redes clientelares y los nexos narcopoliticos que amenaza con hundir al partido en una profunda crisis. En este cuadro los partidos auxiliares como el PPD y el PR carecen de capacidad de articular posiciones tras el fin del eje histórico PS-DC y la disolución de dicho campo de fuerzas, asumiendo en el caso del PR posiciones subordinadas al relato DC de reconstrucción del centro, y en el caso del PPD un estado de parálisis ante la ausencia de conducción del PS. En este cuadro los esfuerzos de recomposición en el ala izquierda de la ex NM se materializan en la coalición Unidad Para el Cambio, lo que da cuenta de la cristalización de un tercer eje en el campo de lo que fue la nueva mayoría.

Este cuadro de descomposición de la centro izquierda puede constituir una oportunidad para dar un salto en el desarrollo del Frente Amplio como la principal fuerza de la oposición, capitalizando la adhesión de una parte importante del pueblo concertacionista y proyectar una alternativa capaz de enraizarse en las comunas del país, sentando las bases de un proyecto de transformación a nivel nacional de cara a las elecciones de 2021.
En este sentido es importante asumir varias cuestiones que se encuentran ausentes en la reflexión del actual contexto y que en general son abordadas con escasa profundidad.

Lo primero es comprender que no existe la Nueva Mayoría. Existen tres ejes distintos respecto de los cuales es necesario abordarlo de manera diferenciada, y en ello es clave entender que es necesaria la construcción de una alianza política y programática con Unidad Para el Cambio para ampliar la base sustentación de un proyecto de superación del modelo en el mediano y largo plazo, para lo cual el Frente Amplio es relevante pero no suficiente.
Lo segundo es comprender que la necesidad de construir una mayoría política y social más allá de los muros del Frente Amplio, y por tanto salir del nicho del 20%, requiere necesariamente abordar con seriedad un valor que interpreta a un mundo que es imprescindible y que se constituyó en el relato del 88: la unidad contra la derecha.

Claramente depende de nosotros dotar de contenidos a esa unidad en cuanto voluntad de superación de lo que la derecha representa, en este marco no debemos perder de vista que es la traición a este valor lo que tiene en crisis a la DC y lo que permitió al FA capitalizar los contenidos en disputa y traspasarle a la falange los costos políticos de la división de la oposición.

Lo tercero es comprender que no todo pacto electoral involucra un pacto político programático. Un pacto puede ser instrumental si se operan en su interior las alianzas político programáticos necesarias para llevar claramente la batalla de ideas hacia al mundo al cual pretendemos llegar, sin exponernos a pagar el costo de la división frente a la derecha. Ello no solo facilita las condiciones que nos permitan enfrentar directamente y arrebatarle al oficialismo comunas claves y capitales regionales como Valdivia y Punta Arenas, que proyecten en buen pie las parlamentarias y presidencial, sino que salvaguarda la posibilidad de disputa de proyectos bajo un marco que nos permita convocar a un mundo que vota y que se encuentra carente de referencia ante la crisis profunda de la centroizquierda.

Cómo se ha señalado, es fundamental ampliar la base de sustentación de un proyecto de superación del modelo. Hoy existen condiciones de escenario para abordar un acuerdo político y programático entre el Frente Amplio y Unidad para el Cambio cuyo punto de partida sea una plataforma para el buen vivir en nuestras comunas, teniendo como base la síntesis de las experiencias de Recoleta y de Valparaíso. Desde allí, y en la medida que ambas coaliciones avancen en el establecimiento de sus prioridades, es posible construir un acuerdo electoral consistente en apoyos recíprocos en las apuestas alcaldicias a lo largo del país.

Desde ese piso de acuerdo podría ser posible manifestar desde ambas coaliciones la disponibilidad de un pacto amplio de oposición para las elecciones primarias a alcaldes, planteando la posibilidad de competir en listas separadas a nivel de concejales. La convocatoria a primarias amplias de la oposición podría poner presión en el tablero desde un pie de fuerza desde la izquierda muy distinto al inicial; en este marco serían otros quienes se resten y paguen los costos, pero no ambas coaliciones, que en dicho caso se verían igualmente fortalecidas al tener que concurrir en un solo pacto electoral para la elección alcaldicia, dando un paso sustancial en la unidad del progresismo y la izquierda de cara a los próximos desafíos electorales y en la unidad del campo popular.

Este es un debate que merece ser dado con seriedad y no de modo sensacionalista. Para ello es clave asumir que la táctica no involucra renuncias ni estratégicas ni ideológicas. En la tarea de construir un frente amplio por los cambios que el pueblo necesita, todas las ideas son bienvenidas.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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