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Por Allende aún crepitan las fogatas

por 11 septiembre, 2019

Por Allende aún crepitan las fogatas
La vida ha cambiado, pero Allende sigue en el tesoro de los recuerdos de la vieja generación. A pesar de los profundos cambios de la vida también está presente en las nuevas generaciones…para López Obrador es un ejemplo. No obstante, con la recomposición mundial del capitalismo, cambió el Estado, cambió la economía, cambió la estructura social; pero, en el sistema-mundo actual la figura de Allende sigue destellando.
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Septiembre se ha transformado en un mes simbólico para los chilenos. Cada 11 la coreografía política nacional se vuelve a teñir de Allende, cada 11 se suceden los homenajes y  crepitan las fogatas por el líder caído. También cada 11 se le vuelve a denigrar.  Si el tiempo, todo lo borra o se transforma en un recuerdo difuso, ¿por qué la figura del dirigente nacional-popular mantiene ese potencial de recuerdo? Respuestas pueden haber muchas, entre otras, la profundidad de la propuesta emancipadora, el miedo al-otro, el temor a la movilización político social, las insatisfacciones con la hora presente, la preocupación por perder los privilegios obtenidos con el golpe Estado, el recuerdo de la traición, la vergüenza por la entrega de joyas a la dictadura para la “reconstrucción nacional”,  etc.

La vida ha cambiado, pero Allende sigue en el tesoro de los recuerdos de la vieja generación. A pesar de los profundos cambios de la vida también está presente en las nuevas generaciones…para López Obrador es un ejemplo. No obstante, con la recomposición mundial del capitalismo, cambió el Estado, cambió la economía, cambió la estructura social; pero, en el sistema-mundo actual la figura de Allende sigue destellando. Ahora bien, sus propuestas de cambio de la sociedad fueron pensados/diseñados para otro tiempo, en esos años se vivía bajo las condiciones del capitalismo de Estado, además, internacionalmente  existían un fuerte campo socialista, aguerridos movimientos de liberación nacional y una fortalecida clase obrera internacional, destacando la presencia de un campo teórico en que arreciaba la teoría crítica que a través de conceptos y categorías  unía naciones, continentes, y a jóvenes y viejos. Hoy poco queda de todo eso.

Sin embargo, hay aspectos que trascienden y que podrían explicar en parte la permanencia de la figura de Allende en este otro-tiempo.

El joven Allende se inicia en las luchas sociales en medio de la crisis que condujo al derrumbe del dominio de la oligarquía en un momento en que en Chile la sociedad política lo era todo. Ante esta situación y ante la falta de garantías democráticas asumió la responsabilidad de enfrentarla desde el movimiento estudiantil, y en medio de profundas convulsiones participa en el Putch de la República Socialista (1932). Armado de esta experiencia y desde al análisis de la guerra civil española, concluye que en nuestro país era posible construir un Estado en que se desarrollara la sociedad civil dado la postración en que este se encontraba, encontrándose aquí la decisión de permanecer en los bordes-internos del sistema político valorizando la democracia como constructo histórico, entendido como una fórmula de convivencia que debía ser impulsada y ampliada desde la izquierda a contrapelo de los esfuerzos de la derecha por limitarla. De esa manera Allende aceptó el desarrollo estable de la competencia política, concretizándose su pensamiento desde el rol que asumió la izquierda desde el Frente Popular.

Muy joven, desde su posición humanista, concluyó que la relación ciudadano/Estado era un problema social y ético al mismo tiempo. Su respeto por el dominado, entonces, lo condujo a una concepción ética que relacionó una profunda crítica al capitalismo, con conocer cabalmente la realidad nacional,  y desarrollar una práctica y voluntad política cotidiana e inquebrantable, aspectos que hicieron posible el proyecto de emancipación social. Al combinar su entendimiento de la ética con el respeto a la democracia y relacionarla con la soberanía popular, abrió la ruta a las alianzas nacional-populares iniciadas con la fundación del Frente del Pueblo (1951), continuado por el FRAP (1956) y culminado con la formación de la Unidad Popular (1969), resaltando en esta trayectoria la propuesta de la vía político-institucional, es decir, la posibilidad de tomar el poder sin asaltar el poder. En otras palabras, sin la valorización de la democracia liberal y la determinación de profundizarla y transformarla en democracia de mayorías, amén de económica y cultural, para transformar de raíz la sociedad chilena, hubiese sido imposible la experiencia de la Unidad Popular.

¿Qué queda de esta herencia histórica? Por supuesto, la dignidad, el heroísmo, la consecuencia, en fin, factores morales. Pero, en la perspectiva del siglo XXI con las grandes transformaciones operadas por la recomposición mundial y con la instalación del Estado neoliberal en Chile, permanecen varios factores claves que trascienden el tiempo, factores constituidos por la unidad que forman: un proyecto de sociedad, una ética que no solo interprete sino que cambie la sociedad, un programa de gobierno de carácter nacional-popular, una estrategia sustentada en la vía político institucional, una políticas de alianzas que ponga en el centro a los sectores populares, una visión del factor internacional y la construcción de una herramienta de cambio constituida por partidos/movimientos sociales (movilizados). Esto es el allendismo, una propuesta transformadora de la sociedad que requiere superar por la vía de la comprensión/acción el miedo y el individualismo que atenaza a vastos sectores democráticos para enfilar hacia el cambio emancipador.

Pero, esto significa reconocer que lo normal en una sociedad son los disensos democráticos  contenido en sus desbordes por un contrato social legitimado en las urnas. En fin, las fogatas seguirán crepitando mientras la democracia sustantiva y la justicia social no lleguen para todos.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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