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¿Teletrabajo sin ley o trabajo obligado en el domicilio?

por 27 marzo, 2020

¿Teletrabajo sin ley o trabajo obligado en el domicilio?
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 En el 2018 un estudio revelaba que al 74% de los chilenos les gustaría trabajar desde su casa, pero que su compañía no se lo permitía. Nadie podía vaticinar que producto del Covid-19 el Teletrabajo (TT) se abriera camino como un beneficio para disminuir las tasas de contagio y proteger la salud de los trabajadores. El TT se presenta como una alternativa efectiva para disminuir los riesgos de perder el empleo, para la sustentabilidad del país y para mantener la continuidad operacional de las empresas que tributan a la economía y a la sociedad.

Gracias a las nuevas tecnologías, el trabajo se mueve adonde están las personas y no las personas adonde está el trabajo y como país debemos estar conscientes que más allá de enfrentar una crisis, el TT seguramente ha llegado para quedarse.

Cualquier trabajador que utiliza un computador, un celular e internet es un candidato para teletrabajar (a tiempo completo o algunos días a la semana). Esta modalidad exige un cambio en la cultura laboral y de entender que el trabajo no implica necesariamente una acción de desplazamiento.  Como país nos enfrentamos a un cambio de paradigma de “ir al trabajo” vs “realizarlo” en cualquier momento y lugar.

Las empresas y la sociedad ven sus beneficios en un mayor compromiso de los empleados, en una reducción del ausentismo y de la rotación de los trabajadores, en el uso más eficiente de los recursos públicos, en una reducción de los niveles de contaminación del medio ambiente y de la migración urbana-rural, entre otras. Esta modalidad laboral permite una gestión descentrali­zada y flexible del trabajo, generando nuevas oportunidades de negocio y de inclusión laboral.

El fomento del TT ante la crisis sanitaria ha sido una respuesta del Gobierno y de las empresas para enfrentar el covid-19 y evitar el contagio de sus empleados. La forma en que se ha adoptado -sin la existencia de una ley de teletrabajo- ha sido logrando un acuerdo temporal entre el empleador y empleado, basado en que el art. 184 del Código del Trabajo obliga al empleador a “tomar todas las medidas necesarias para proteger eficazmente la vida y salud de los trabajadores” y, por tanto, de manera puntual, muchos trabajadores han convertido sus casas en sus oficinas.

La escasa difusión de experiencias de TT ha generado mitos que generan desconfianza en la población. En opinión de algunas personas este formato precariza los derechos de los trabajadores y los obliga a trabajar más.  La evidencia nos indica que el TT tiene el potencial de cambiar los patrones de trabajo e impactar positivamente sobre la inclusión laboral, felicidad, productividad laboral, salud, seguridad y economía familiar de los trabajadores.

El TT se encuentra estipulado superficialmente en el Código del Trabajo, en donde se excluyen “de limitación de jornada laboral quienes trabajan sin fiscalización directa, pudiendo prestar sus servicios en su propio hogar, fuera del lugar o sitio de funcionamiento de la empresa”. Así mismo, los sindicatos con un número de socios igual o superior al 30% del total de los trabajadores podrán acordar con el empleador pactos sobre condiciones especiales de trabajo, como el TT.

Dada las características geográficas del país, el TT podría ayudar a descongestionar las grandes ciudades y permitir que las personas trabajen en el lugar que elijan para vivir y formar una familia: “Trabajar en cualquier lugar, vivir acá y gastar acá”. Potenciar el TT ayudaría a que los talentos no emigren a grandes ciudades que ofrecen más oportunidades laborales y de desarrollo.

No contar con una Ley de TT aprobada, ni un ordenamiento jurídico, impide contar con disposiciones que regulen de manera especial el contrato de Teletrabajo y, por tanto, es uno de los principales obstáculos para el crecimiento y la confianza de esta práctica laboral en el país. Aprobar la ley de Teletrabajo -actualmente en el Senado- ayudaría a dar mayores garantías a los trabajadores y a las empresas para enfrentar esta crisis y permitiría -pasada la crisis- la creación de nuevas fuentes de empleo y de servicios orientados a una nueva población laboral, que tarde o temprano cambiará las actuales reglas de lo que hoy entendemos por trabajo.

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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