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Afectuosidad desbordante

por 24 agosto, 2020

Afectuosidad desbordante
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Afectuosidad desbordante fue la razón que adujo la Iglesia para enviar a una zona de descanso al arzobispo Cox al ser acusado de abusos sexuales, tal como lo describiera la escritora y periodista Alejandra Matus. No tengo nada contra la Iglesia pese a ser atea, más aún, creo que es útil al ser humano, pero también estoy convencida de que muchos de sus representantes desarrollan una hipersexualidad. A veces la practican.

Es evidente, estadísticamente hablando, que en cualquier grupo humano habrá representación de todas las formas de sexualidad existentes en el mundo, aun cuando estas se repriman. En el caso de la Iglesia, es lógico que estas se intensifiquen entre aquellos sacerdotes que a diario son admirados, acariciados y buscados, sea por monjas enamoradas, jóvenes que quieren llegar al sacerdocio o feligreses agradecidos por la protección emocional que ofrece la Iglesia. Esto se observa en las historias de Maciel y Karadima.

La religión es importante en nuestras vidas, pero también todo lo que nos proteja. En estos días de encierro ha sido fácil entenderlo, porque a medida que aumentan las cuarentenas se hace más candente nuestra necesidad de protección y el papel fundamental que juega en esta el Estado, la religión, la pareja y la familia. Sin todo eso, estamos solos y al parecer en el mundo actual cada vez más, porque cada día desaparece un poco más de todo ello.

En Chile carecemos de un Estado protector, lo que se ha hecho presente con el neoliberalismo flagrante que vivimos. Cada día tenemos más ejemplos de su inoperancia, lo que hará más difícil su reconstrucción, pero está en nuestras manos construir una nueva institucionalidad, siendo autocríticos, rompiendo con los dogmas y siendo capaces de crear algo nuevo.

Al mismo tiempo, la pareja nuclear y las actuales formas de vida en familia están desapareciendo. En primer lugar, por razones objetivas y, algo muy positivo, al haberse legitimado las diversas formas de preferencia sexual.

Pero, aún en las distintas formas de apareamiento, es patente lo que ya es imposible ignorar: en cualquier tipo de alianza el amor se acaba. Algunos médicos informan que la hormona que segrega el enamoramiento, la oxitocina, dura máximo cinco años. No sé si expreso bien esta conclusión científica, pero para corroborarlo, solo basta mirar a nuestro alrededor, personal y comunicacionalmente. En la primera mitad del siglo XX, aun sin amor, las parejas y las familias podían sostener convivencias largas. La mujer estaba en la casa, paría en promedio más de 10 hijos por familia, aceptaba la segunda casa del proveedor y moría joven.

Después de la Segunda Guerra Mundial, por necesidades de la estructura productiva, la mujer debe salir al mercado de trabajo y las familias deben disminuir el número de hijos, lo que es posible con la píldora anticonceptiva que aparece a comienzos de los años 60. Disminuyen los salarios y sus niveles no permiten que solo un proveedor atienda todas las necesidades de un núcleo familiar.

Las mujeres comienzan a estudiar, a votar, a opinar. Se hacen candentes las historias de Ana Karenina y Madame Bovary. A fines del siglo XX ya ha desaparecido la obligación de mantener la virginidad, pero aparece la figura del femicidio. Pese a la porfiada realidad, el hombre no se resigna a cambiar de papel y a olvidarse de que ya no es el macho proveedor, el golpeador y el único que tiene derecho a la infidelidad.

Sobre esto tenemos que pensar y la necesidad será más candente cuando las estadísticas demuestren que el femicidio aumentó con el confinamiento. Si el femicidio venía aumentando hacia fines del siglo XX, solo porque la mujer se sentía con más derechos, es lícito pensar que después de estar meses confinados, en lugares estrechos, sin dinero ni abastecimiento y con la incertidumbre del futuro, las parejas emergerán medio muertas.

Los dirigentes, las organizaciones femeninas y de Derechos Humanos, deberán idear y proponer formas de convivencia donde todos seamos libres, nadie golpee a nadie y donde prime la armonía y la fraternidad aunque ya no exista el amor para toda la vida que traían el cine y las novelas rosa de los años 50. Quizás ayudaría establecer contratos matrimoniales por cinco años.

Desde un punto de vista estructural y lo que profundiza los problemas de la pareja, se destacan los graves problemas en el empleo que estamos viviendo. A mi juicio están muy vinculados, como causa, con el show de la pandemia. Estos vienen arrastrándose hace un número de años y en los países civilizados socialmente como Alemania, Suecia, Noruega, ya se han venido abordando hace un buen tiempo. En Chile han aparecido con brusquedad durante la pandemia, pero ya se observaban sin que el Estado ni los Gobiernos abrieran la boca al respecto.

Hacia fines del siglo XX, las fuentes de empleo femenino empiezan a disminuir en Chile cuando la industria fabril traslada sus talleres a China y a otros países asiáticos buscando mano de obra más barata. Muchas mujeres cambian al trabajo de temporeras en la agricultura o se quedan en sus casas haciendo trabajo a destajo.

Las fuentes de empleo en general, tanto para hombres como para mujeres, empezaron a disminuir o a variar desde 1960. Con la Alianza para el Progreso y la Reforma Agraria se comienza a reemplazar el inquilinaje por temporeros. La agricultura incorpora tecnología y hoy un administrador puede manejar solo un predio con softwares y drones. La industria forestal prepara la madera digitalmente. En las praderas desaparece el pastoreo. La empresa ganadera más moderna de AL, propiedad de los Edwards, maneja el ganado parado, encerrado, con música y películas. Así es inseminado, produce más leche, y su alimentación óptima la define un software. Igual se hace con otros animales, especialmente pollos, que además comen lo que obran con el alimento que se mezcla en una cadena sin fin que pasa por delante y detrás de sus cuerpos erguidos.

Los desempleados sin educación buscan empleos menores o acceden a créditos que se ofrecen por doquier. Crecen las ferias de ventas de todo tipo en las calles, con los coleros en ferias ya existentes y por cierto la prostitución y la delincuencia. El Estado no comenta lo que sucede y crea condiciones para el trabajo ilegal al instalar casinos de juego a lo largo de todo el país. Los mismos concesionarios de estos casinos tienen derecho a importar máquinas tragamonedas para juego individual que se instalan en los barrios populares.

Como se ha visto brutalmente en la pandemia, la delincuencia ha aumentado en Chile, pero ello ya hacía años que venía ocurriendo. La Sección sobre Chile del Informe sobre Trata de Personas del Departamento de Estado de los EE.UU., en 2013, concluyó que Chile es un país de origen, tránsito y destino de trata de hombres, mujeres y niños con fines de explotación sexual y trabajo forzado. No solo de niños chilenos, sino de niños de varios países de América Latina. El informe agrega que el país no cumple las normas mínimas para eliminar esta situación. Tampoco para eliminar la prostitución y el trabajo infantiles.

Las nuevas tecnologías son avasalladoras y apasionantes y un beneficio para los trabajadores sobreexplotados, pero para captar masivamente los beneficios y no dejarlos solo en manos de los empresarios hay que tomar medidas y esas debe impulsarlas el Estado.

En países civilizados socialmente, ya se estaba implementando una renta básica universal para ayudar a los desempleados, se habían hecho cambios profundos en la educación, que por lo demás es gratuita, y se analizaba lo que se podría hacer con el tiempo libre.

Chile es un país en potencia inmensamente rico para las nuevas coyunturas, porque cuenta con los recursos para impulsar la electromovilidad, al poseer energías solares y eólicas. El cobre y el litio son fundamentales en esta. Ya tenemos Transantiago eléctricos, cargadores de baterías a lo largo de todo el país, fuentes de energía alternativas, desalinización del agua de mar para las mineras.

No lograrán tapar el desempleo, la delincuencia y la desesperanza con la pandemia. Al revés, estos se profundizarán y necesariamente los gobernantes tendrán que informar sobre las causas reales de lo que está pasando. El Estado debe asumir un rol en la economía para lo cual es básico cambiar la Constitución. Mandar a la gente a las calles a delinquir para mantener los perdonazos y las ventajas a los empresarios grandes con la excusa de que dan trabajo, es una mentira. La aplicación de las nuevas tecnologías no es cara y todas son eliminadoras de fuentes de empleo, lo que es más que atractivo para los productores.

¡Pensemos en todo esto, en la pareja, la familia, el Estado y en los cambios que debemos impulsar, mientras nos tienen encerrados!

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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