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Constituyentes líderes de zonas extremas

por 3 noviembre, 2020

Constituyentes líderes de zonas extremas
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Es hora de entrar a la cancha. Con el rotundo triunfo de la opción Apruebo, la sociedad chilena ha optado por ponerle fin al ciclo de la Carta Fundamental ochentera que dibujó un Chile próspero en lo económico, pero medianamente vacío en valores de cohesión, fraternidad y tejido social.

Así es, digo próspero porque no cabe duda de que el crecimiento material y las oportunidades que brinda un sistema económico de oferta y demanda impacta en las actividades personales, familiares y permite planificar y llevar a cabo acciones de bienestar para los seres queridos. En ese sentido, un nuevo texto constitucional no tiene ni debe por qué borrar de un plumazo las externalidades positivas de una economía de mercado, la libertad de emprender, los incentivos al desarrollo económico, innovación ciencia y tecnología, que han probado ser los agentes de generación de riqueza material de las sociedades.

No obstante, dicha libertad y externalidad positiva debe contar con las debidas regulaciones, límites e incompatibilidades que permita generar una libertad económica pareja, equilibrada y coherente con la protección de los bienes públicos que la propia sociedad ha determinado preservar y/o proteger. Es aquí la primera tarea contemporánea de la nueva Constitución: una economía al servicio de la sociedad que se diseña, lo que requiere de macizas reglas y marcos definitorios robustos que, precisamente, deben emanar de una convención societal.

Una segunda tarea fundamental para trascender de la Constitución ochentera al nuevo Chile es construir tejido social y valores cualitativos para nuestra nación. No basta una buena economía, alto ingreso per cápita, balanzas comerciales positivas si nuestros compatriotas son egoístas, indiferentes y no se conocen entre ellos, si no tienen un tiempo, un espacio para la comunidad, para la reflexión colectiva y realización comunitaria.

Debemos procurar inspirar una Constitución que promueva la comunidad, la fraternidad, la interacción entre cuerpos intermedios, la libre asociación subrayada como un aporte individual a lo colectivo, como parte de los deberes con la tierra que nos vio nacer o nos acogió. No será posible otro Chile si seguimos incentivando el egoísmo, la competencia individual por el éxito económico, sin conocer a tus vecinos, sin organización, sin asociaciones comunitarias, sin participación gremial, sin valores comunes ni identidad nacional. En síntesis, un país vacío de alma.

Una tercera tarea fundamental es la igualdad territorial, Chile es una República Unitaria, contiene más de 4 mil km de longitud y debe establecer principios, formas de gobierno y administración que den cuenta de las diferentes formas de vida, ciclos económicos y riquezas naturales que se posee. Santiago es la capital de la República, pero no es el patrón del resto de zonas; la forma de administración regional y los modelos económicos zonales, deben tener espacios para la modificación, supresión y creación de formas distintas de generación de riqueza, dado que no es posible una sola lógica económica para 16 regiones tan distintas entre sí, como Antofagasta y su minería, Maule con su agricultura, Aysén con su prístina naturaleza y aguas.

Acá no aplica la lógica de mercado tradicional dictada desde Teatinos con Moneda, se debe dar protección constitucional a determinadas zonas y otorgar marcos de referencia para suprimir e incentivar actividades acordes al diseño de preservación que la sociedad definió para los territorios.

De esta forma los representantes a la Convención Constitucional de la Región de Aysén deben integrarse a deliberar. Serán solo tres, pero si se cuenta con el liderazgo, impronta, visión y libertad de acción para constituir mayorías con otras zonas del país, será posible ser parte de las frases y principios rectores de nuestra próxima Carta Fundamental que mire cada zona del país como una que merece ser desarrollada conforme a sus tiempos, personas e identidad que la distingue.

No da lo mismo a quién se elige.

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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