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Mantequilla o cañones

por 4 diciembre, 2020

Mantequilla o cañones
Considerando la metodología de cómputo de potenciales militares, es posible estimar que las actuales capacidades de nuestro Ejército son muy similares a las del peruano, que la Armada de Chile es tres veces superior que la del vecino del norte, que la Fach es 50% mayor que la Fuerza Aérea del Perú y que nuestra supremacía es aun mayor respecto de los otros países vecinos, lo que nos permitiría desarrollar un efectivo rediseño militar que no ponga en riesgo nuestra seguridad exterior y prescinda de capacidades no consistentes e incompatibles con los nuevos escenarios, manteniendo una suficiencia razonable.
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La reciente aprobación de la Partida de Defensa del Presupuesto Fiscal para el año 2021 incluye una importante reducción para responder a la urgente necesidad de redestinar recursos a las prioritarias demandas sociales y al dramático impacto de la pandemia del COVID-19.

Para entender esta situación es necesario recordar que en las últimas décadas nuestras Fuerzas Armadas han seguido aplicando una obsoleta doctrina del siglo XIX, para operar en el siglo XXI, con tecnología del siglo XX, intimidando a los países vecinos mediante capacidades militares inconsistentes con las políticas exterior, de defensa y presupuestaria y, de esta forma, prescindiendo de los dividendos de la Paz que resultan del tratado que puso fin al diferendo con Argentina sobre el Canal Beagle, de las sentencias de la Corte Internacional de Justicia de la Haya en los litigios con Perú y Bolivia, y de los desafíos de una nueva sociedad global que nace, abandonando la imperiosa necesidad de impulsar una urgente Revisión Militar que materialice los dividendos de la paz, que nos permita evitar a tiempo su quiebra anunciada.

Deberá desarrollarse una reingeniería que facilite iniciar una reducción del contingente de las Fuerzas Armadas, desde alrededor de las 80 mil personas actuales a cerca de 60 mil efectivos totales, integrado por un núcleo de militares profesionales, además de civiles especialistas y el aporte temporal de oficiales y soldados en carreras cortas y de un servicio militar voluntario.

Considerando la metodología de cómputo de potenciales militares, es posible estimar que las actuales capacidades de nuestro Ejército son muy similares a las del peruano, que la Armada de Chile es tres veces superior que la del vecino del norte, que la Fach es 50% mayor que la Fuerza Aérea del Perú y que nuestra supremacía es aun mayor respecto de los otros países vecinos, lo que nos permitiría desarrollar un efectivo rediseño militar que no ponga en riesgo nuestra seguridad exterior y prescinda de capacidades no consistentes e incompatibles con los nuevos escenarios, manteniendo una suficiencia razonable. Así podremos desplegar una fuerza conjunta, consistente, sustentable, polivalente, moderna, multipropósito, resiliente, reversible, lista y capaz, que mantenga de forma sustentable capacidades militares de uso dual, suficientes para respaldar una postura estratégica de cooperación y legítima defensa y posible de financiar según las ineludibles nuevas prioridades sociales del Estado.

Para materializar esta propuesta deberá desarrollarse una reingeniería que facilite iniciar una reducción del contingente de las Fuerzas Armadas, desde alrededor de las 80 mil personas actuales a cerca de 60 mil efectivos totales, integrado por un núcleo de militares profesionales, además de civiles especialistas y el aporte temporal de oficiales y soldados en carreras cortas y de un servicio militar voluntario. Esta reducción de personal se obtendría optimizando las cuotas de retiros anuales, de una disminución consistente en los nuevos ingresos a las escuelas militares, de un programa extraordinario de retiros y de la flexibilización de la carrera militar.

El contingente resultante operará nuevos multiplicadores de fuerza, tales como helicópteros pesados polivalentes para el Ejército (CH47 Chinook) y dos Patrulleros de Alta Mar (OPV) adicionales para la Armada, al mismo tiempo –entre otras transformaciones relevantes– permitirá desactivar equipamiento acorazado del Ejército, tres fragatas y dos submarinos de la Armada y enajenar aviones F16 A/B.

Como resultado del rediseño conjunto propuesto, será posible una reducción progresiva e incremental del gasto de defensa permanente que alcanzaría alrededor de MMUS$600 anuales (15% del actual presupuesto) para el año 2025 y que luego crecería en función del menor gasto previsional inferido por la reducción futura de pensionados y el término de un necesario programa de reinserción civil para el personal que deba dejar tempranamente la carrera militar.

 

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