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¿Quién es Kodak?

por 10 diciembre, 2020

¿Quién es Kodak?
Una democracia sólida requiere la mejor integración de civiles y militares, unos en la decisión política, los otros en la mejor asesoría profesional. El dilema entre cañones y mantequilla está resuelto hace mucho tiempo y no es un dilema para las FF.AA., es uno político que requiere conocimiento y voluntad para expresar con claridad qué se quiere y para dónde vamos. La sintonía entre lo político y lo estratégico existe y se basa en la buena voluntad y el patriotismo de gente que busca lo mejor para el país, como lo demuestra este intercambio de opiniones. Lo que tenemos que fortalecer son las capacidades de liderazgo del directorio para que no nos pase lo que le pasó a Kodak.
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Celebro esta oportunidad que nos brinda El Mostrador para debatir con buenos argumentos sobre un tema de la más alta significación para el futuro del país, como es la seguridad nacional.

Don Eduardo Santos nos sorprende en su apertura al señalar que: “Gracias a El Mostrador tenemos la oportunidad para que civiles y militares podamos debatir sobre temas profesionales, tales como la imperiosa necesidad de rediseñar nuestras Fuerzas Armadas para enfrentar la ineludible reducción del gasto de defensa, como respuesta al dramático impacto de la pandemia del COVID-19 y a redestinar nuevos recursos permanentes a las prioritarias demandas”. De buenas a primera nos plantea que, de las nueve aproximaciones internacionalmente aceptadas para planificar el desarrollo de fuerzas, es “ineludible” e “imperioso” que apliquemos aquella que se centra en el presupuesto y que se conoce como “budget driven”. Esta idea preconcebida de conducir, por presupuesto, siendo válida y legítima, le ha hecho un daño muy grande al liderazgo político de la defensa a través del tiempo, pues se caracteriza más por estilo patronal de conducción versus el estilo racional y analítico, que demandan nuestros tiempos. La libertad y soberanía de un Estado aún siguen dependiendo de una adecuada seguridad.

El ingeniero Santos nos propone que nos enfoquemos en una metodología de desarrollo de fuerzas por capacidades, que es lo que se viene haciendo en la defensa nacional hace bastante tiempo y que se contradice con su afirmación de apertura, donde nos plantea que debemos enfrentar un desarrollo de fuerzas por presupuesto. Distinto es señalar que el país y sus autoridades políticas deban resolver qué presupuesto será el adecuado para no afectar las señaladas capacidades estratégicas.

Cuando las autoridades políticas nacionales y las Fuerzas Armadas de Chile abandonaron el modelo de planificación para el desarrollo de fuerzas basado en las hipótesis de conflicto vecinales, hace casi dos décadas, adoptaron un modelo de desarrollo por capacidades. Adaptado a la realidad nacional, eso sí. Es decir, el liderazgo civil que requiere ese modelo de desarrollo es inexcusable e ineludible y tiene que manifestarse en documentos específicos que reflejen el mando y conducción política de las autoridades elegidas, sobre las FF.AA.

Estos documentos imprescindibles son una Estrategia de Seguridad estatal, que articule todos los instrumentos del poder nacional y los haga converger sobre objetivos políticos claros y definidos, que satisfagan el interés nacional. Políticas de RR.EE., Defensa y Presupuestaria que sean subsidiarias de la anterior, plasmadas como políticas de Estado y consensuadas con las respectivas comisiones del Senado. Esto no ha sido posible de conseguir en Chile. El intento más claro, aunque tímido, fue la Estrategia Nacional de Seguridad y Defensa (ENSYD), que desde 2014 descansa en algún cajón en el Senado de la República esperando que alguien la considere, evidentemente con la debida actualización y separación conceptual entre lo político (seguridad) y lo estratégico (defensa nacional).

Sobre la base de estos argumentos podemos plenamente concordar con el ingeniero Santos que el gran problema de nuestra defensa ha sido la falta de liderazgo político para hacer explícitas las responsabilidades de conducción y mando que la Constitución Política de la República hace caer sobre las autoridades elegidas del país.

No puedo estar más de acuerdo con el Sr. Santos en su afirmación de que en los escenarios del siglo XXI ya no existen certezas. Así se trabaja desde hace mucho tiempo y los procesos de actualización y desarrollo de las FF.AA. nos han puesto en un pie de interconectividad e interoperabilidad, que nos da flexibilidad de respuesta sobre la base de capacidades estratégicas, que a su vez son polivalentes, puesto que permiten cubrir el espectro de las áreas de misión asignadas a las FF.AA. de Chile por su mando político.

El ingeniero Santos nos propone que nos enfoquemos en una metodología de desarrollo de fuerzas por capacidades, que es lo que se viene haciendo en la defensa nacional hace bastante tiempo y que se contradice con su afirmación de apertura, donde nos plantea que debemos enfrentar un desarrollo de fuerzas por presupuesto. Distinto es señalar que el país y sus autoridades políticas deban resolver qué presupuesto será el adecuado para no afectar las señaladas capacidades estratégicas.

Nuestro Ejército está bastante más cercano doctrinariamente a Grey, Lykee y Echavarría que al Afrika Korps de Rommel. Mientras que nuestra Armada, que tradicionalmente ha sido bastante más cercana a Corbett que a Mahan, hoy está mucho más cerca de Vego y Till. La misión Körner fue una misión encargada para modernizar al Ejército. Parece bastante obsoleta la idea de “traer” una misión militar para modernizar a una fuerza conjunta del siglo XXI, como son las Fuerzas Armadas de Chile hoy. Nuestras FF.AA. han desarrollado talentos y formado en Chile y el extranjero un cuerpo de oficiales y suboficiales de excelencia, en los más altos estándares internacionales y están disponibles para hacer su trabajo profesional.

Tal vez sea más necesaria una misión especial que fortalezca nuestros conocimientos como país en liderazgo y conducción política de la defensa y fortalezca la preparación profesional y actualización de aquellos civiles que, en buena hora, deseen especializarse en estos temas.

La mención que hace el ingeniero Santos a la empresa Kodak es muy apropiada. La pregunta ahora es: ¿quién representa a Kodak en esta analogía, las FF.AA. o la conducción política de la defensa?

Coincidiendo con Eduardo Santos, creo que llegó la hora de que enfrentemos el debate muy en serio. Hace mucho tiempo que el país necesita de un núcleo duro de gente especializada y actualizada en temas de defensa, para que contribuya con sus opiniones a generar los liderazgos políticos necesarios para que esta función imprescindible para el desarrollo del país se pueda desarrollar en buena forma. La defensa nacional es una política pública de la mayor relevancia, sin embargo, las escuelas de gobierno de nuestras universidades no le han dado la importancia ni el espacio que se requiere.

Las FF.AA. son obedientes y no deliberantes, pero son profesionales, capacitadas, altamente tecnologizadas y con altísimos estándares de desarrollo humano intelectual. Esto plantea un desafío de conducción y liderazgo que sobrepasa la mera obediencia. Una democracia sólida, requiere la mejor integración de civiles y militares, unos en la decisión política, los otros en la mejor asesoría profesional.

El dilema entre cañones y mantequilla está resuelto hace mucho tiempo y no es un dilema para las FF.AA., es uno político que requiere conocimiento y voluntad para expresar con claridad qué se quiere y para dónde vamos. La sintonía entre lo político y lo estratégico existe y se basa en la buena voluntad y el patriotismo de gente que busca lo mejor para el país, como lo demuestra este intercambio de opiniones. Lo que tenemos que fortalecer son las capacidades de liderazgo del directorio para que no nos pase lo que le pasó a Kodak.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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