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El destino de las dos oposiciones

por 15 diciembre, 2020

El destino de las dos oposiciones
Las conductas reactivas no consiguen marcar adhesión ciudadana. No poder influir en la agenda o colocar los bordes de la conversación sobre los temas importantes para los ciudadanos es lo que dificulta que la opinión pública vea al mundo socialdemócrata como opción de Gobierno. Un solo ejemplo ilustra esta falta de protagonismo: mientras el PPD intenta no sin dificultad levantar una propuesta presidencial, en el PS y PR parecen tempranamente haberlo descartado. En segundo lugar, la otra parte de la oposición –PC, FA y otros partidos, como el PH– parecen estar descubriendo que resulta mucho más confortable gestionar la intransigencia que la cesión. Esto es así porque, en el actual escenario de crisis institucional y de representación, administrar el descontento, el malestar y la indignación exige menos que administrar el poder.
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Luego del fracaso en septiembre pasado para conformar pactos electorales para participar de primarias legales para alcaldes, concejales y gobernadores regionales, desde la oposición se aseguraba que el plebiscito del 25-O conseguiría alcanzar este esquivo objetivo. Pero ni el 78,27% alcanzado en las urnas por la opción Apruebo consiguió la declarada unidad del bloque. Tampoco el discreto desempeño de las dos oposiciones en las primarias, en cuanto a participación y resultados, fue suficiente.

Huelga decirlo, lo anterior se da en el contexto de un Gobierno acabado en los hechos desde el 18-O, con una coalición fracturada y con un manejo de la pandemia transversalmente cuestionado, que ha terminado por horadar la propia base de apoyo electoral del oficialismo. Esto se expresa en los más bajos índices de aprobación a la gestión del actual Mandatario en estudios de opinión pública desde el retorno a la democracia.

La pregunta que ronda en los actores políticos y en la opinión pública es: ¿por qué, si suponemos que la oposición busca el poder, no logran ponerse de acuerdo? Si esto fuera enteramente verdad, no estaríamos enredados en la actual polarización improductiva que muestran las dos oposiciones. La respuesta hay que buscarla en los estilos y prácticas, a partir de los cuales las oposiciones desarrollan sus discursos y movimientos tácticos y estratégicos.

El llamado ahora 'mundo socialdemócrata' no ha conseguido por iniciativa propia, en estos tres años de esta segunda administración Piñera, incidir en la agenda. Es un sector –PPD, PS, PR– que siempre está reaccionando a lo que hacen o dejan de hacer los otros actores opositores y también el propio Gobierno.

En primer término, tenemos un sector de la oposición que no logra tener la proactividad para hacerse visible en el actual escenario político. El llamado ahora 'mundo socialdemócrata' no ha conseguido por iniciativa propia en estos tres años de esta segunda administración Piñera incidir en la agenda. Es un sector –PPD, PS, PR– que siempre está reaccionando a lo que hacen o dejan de hacer los otros actores opositores y también el propio Gobierno.

En política, la toma de posición frente a un problema, las propuestas y medios para resolverlos, serán sometidos al juicio de la opinión pública, que juzgará finalmente si son importantes o valiosas. Pero no se puede pretender identificarse frente a la ciudadanía solo por reaccionar a las iniciativas de los otros actores. Esto hace muy difícil, cuando no imposible, ser visto por los diferentes públicos como alternativa. Las conductas reactivas no consiguen marcar adhesión ciudadana. No poder influir en la agenda o colocar los bordes de la conversación sobre los temas importantes para los ciudadanos es lo que dificulta que la opinión pública vea a este sector como opción de gobierno. Un solo ejemplo ilustra esta falta de protagonismo: mientras el PPD intenta no sin dificultad levantar una propuesta presidencial, en el PS y PR parecen tempranamente haberlo descartado.

En segundo lugar, la otra parte de la oposición –PC, FA y otros partidos, como el PH– parecen estar descubriendo que resulta mucho más confortable gestionar la intransigencia que la cesión. Esto es así porque, en el actual escenario de crisis institucional y de representación, administrar el descontento, el malestar y la indignación exige menos que administrar el poder.

Esta práctica política explica por qué resulta más sencillo oponerse a los acuerdos –como lo hicieron varios en este sector el 15-N– que hacer concesiones. La dificultad para ceder o buscar acuerdos intertemporales con aquellos que piensan distinto –y esto vale para el resto de la oposición como para el Gobierno y oficialismo– es lo que está en la base de la posible conexión entre polarización y estancamiento de la vida política actual. Para esta parte de la oposición el éxito de las negociaciones con el adversario, en la medida que implican alguna cesión o renuncia, es más difícil de comunicar que su fracaso. Esto explica en buena parte el proceder de este sector de la oposición.

La naturaleza de los problemas que hoy tenemos exige a estas dos oposiciones rebajar la dimensión competitiva de la política y fortalecer su dimensión cooperativa. Sin embargo, este desafío está siendo cada vez más difícil de alcanzar.

Para la opinión pública parece estar quedando claro que, si realmente estos buscaran el poder, es decir, la transformación de la sociedad, la ampliación de la legitimidad, no tendrían tantas dificultades en ponerse de acuerdo.

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