lunes, 18 de enero de 2021 Actualizado a las 22:43

OPINIÓN

Autor Imagen

El congreso del PC, la Convención Constitucional y la democracia

por 27 diciembre, 2020

El congreso del PC, la Convención Constitucional y la democracia
No obstante, si se considera que el proceso constituyente es probablemente la iniciativa política más importante desde el fin de la dictadura y determinará en buena medida el futuro del país, no es menor la forma en que el PCCh, uno de los partidos políticos fundamentales de la historia democrática de Chile, se involucre en él.
  • Compartir
  • Twittear
  • Compartir
  • Imprimir
  • Enviar por mail
  • Rectificar

El Partido Comunista de Chile (PCCh) destaca hoy en el escenario político nacional. El alcalde Daniel Jadue se posiciona en las encuestas presidenciales, en competencia en la oposición con Pamela Jiles. El 7 de diciembre el PCCh felicita a Nicolás Maduro por su triunfo en el “proceso electoral impecable” ignorando las condiciones que hacen imposible la realización de un proceso electoral democrático.

El apego histórico del PCCh a la democracia en la política chilena se tensiona con las resoluciones del XXVI Congreso, donde reitera su definición como marxista leninista y se subvalora la relevancia de la Convención Constitucional (CC) y del proceso constituyente.  Al mismo tiempo, se declara como feminista de clase y, emulando la CC, decide elegir un comité central paritario, novedad de primera importancia en el escenario político nacional. En este contexto, interesa analizar la perspectiva del congreso del PCCh sobre la CC, la democracia y su actual estrategia política.

El PCCh y la Convención Constitucional

El 80% de los ciudadanos han manifestado la voluntad de elaborar una nueva constitución mediante una Convención Constitucional (CC). Fueron necesarios 40 años de lucha para intentar terminar con la constitución de Pinochet y lograr, por primera vez en nuestra historia, la posibilidad de elaborar democráticamente la Carta Fundamental. No obstante, en el documento de Resoluciones del Congreso del PCCh, la CC aparece solo para ser criticada y para proponer en su lugar una “auténtica Asamblea Constituyente” porque esa carecería de la dimensión nacional y popular.

Lamentablemente, el PCCh llegó tarde a votar por el NO en 1988 y no suscribió el acuerdo del 15 de noviembre de 2019. Ahora, echando por la borda su tradición democrática en el país, el PCCh retoma un lenguaje y táctica en que tiende a predominar el uso de la fuerza en un país que solo quiere cambios profundos, pero en paz. Esta aparente contradicción es por la que luchó Salvador Allende y es la que actualmente ha decidido la mayoría del país. El PCCh no debe, ni puede sustraerse de esta histórica tarea.

El debate en torno a la CC tiene al menos dos dimensiones. La primera se refiere a la forma en que se gestó y a quienes participaron en el acuerdo del 15 de noviembre del 2019; el argumento sería que los partidos políticos habrían expropiado y excluido del protagonismo al movimiento social que habría hecho posible el proceso constituyente. El segundo argumento sostiene que la CC no es una Asamblea Constituyente (AC) pues no es totalmente soberana.

Respecto de lo primero es posible pensar que el acuerdo pudo haber sido mejor. No obstante, los partidos políticos viabilizaron un proceso, frente a una situación que parecía carecer de una salida institucional, poniendo en el horizonte una nueva constitución que hasta poco antes parecía imposible. Más aún, los procesos ulteriores llevaron a que la CC fuera paritaria, cuestión absolutamente inédita en el mundo. En pocos días el movimiento feminista hizo posible concretar una demanda centenaria abriendo así un nuevo horizonte a las luchas de las mujeres.

Con todas las imperfecciones, se ha logrado que los pueblos originarios tengan una representación de 17 escaños, cuestión también inédita en nuestro país. Más allá de estos avances fundamentales la participación ciudadana en la CC dependerá de la capacidad de acción de las organizaciones sociales, los partidos y la sociedad civil de generar propuestas constitucionales e incidir en el debate de la CC. Central será el diálogo e información de nuestras/os convencionales con la sociedad civil antes y durante el proceso constituyente. Objetar que la CC no sea una AC no es admisible, pues como lo aclaró Gabriel Boric, poco después del 15 de noviembre una AC totalmente soberana sólo sería posible, tras una guerra civil.

Esa y otras circunstancias análogas no tienen nada de deseable. En consecuencia, la CC tiene que ceñirse a lo que definen las normas vigentes previo al proceso. Habrá que ver cuáles son las restricciones que ello pondrá al proceso constituyente; pero, si se logra una amplia unidad y un fortalecimiento de la oposición, se abrirá una gran oportunidad de elaborar una Constitución que habilite a la política, permita avanzar hacia una mayor igualdad, y a un perfeccionamiento de la democracia representativa complementada con formas importantes de democracia participativa.

La falta de valoración del acuerdo del 15.N como arquitecto de la salida institucional a la crisis planteada por el 18.O y la subestimación de la CC como instancia de elaboración democrática de la NC sugiere una falta de comprensión por parte del PCCh de la democracia representativa y la manera como ésta se relaciona con la democracia participativa.

La perspectiva del PCCh sobre la democracia

El informe al congreso reitera que el PC se define como marxista leninista. No considera necesario explicar las razones de mantener esta definición ni tampoco lo que ello significa hoy día. Indispensable para la deliberación política sería conocer en qué está la teoría marxista leninista hoy.

Para la derecha y sectores de la Unidad Constituyente, la definición de marxista leninista es solo una confirmación de sus convicciones respecto del carácter antidemocrático de este partido. En la izquierda algunos señalan que poner en el debate la reflexión sobre la evolución política del PC es hacerle el juego a la derecha por dividir a la oposición. Otros afirman que las convicciones marxistas leninistas no deben ser tomadas al pie de la letra, que lo relevante es la lucha del PC por la democracia y los derechos de los trabajadores en Chile.

No obstante, si se considera que el proceso constituyente es probablemente la iniciativa política más importante desde el fin de la dictadura y determinará en buena medida el futuro del país, no es menor la forma en que el PCCh, uno de los partidos políticos fundamentales de la historia democrática de Chile, se involucre en él.

En este contexto, en las Resoluciones no aparece el concepto de democracia representativa y la necesidad de su permanente perfeccionamiento, solo la descalifica al señalar: “la democracia procedimental que emerge y se abre camino con el consenso y la democracia de los acuerdos como forma política de mantención del neoliberalismo y sus secuelas de todo tipo”. ¿A que se refiere con el concepto de democracia procedimental? Aunque no se explica, cabe pensar que se refiere a los mecanismos propios de la democracia representativa que incluyen elecciones periódicas, alternancia en el poder, separación de poderes, libertad para que los ciudadano(a)s se organicen en partidos políticos, libertad de expresión etc. ¿Sugiere el PC que esta “democracia procedimental” debe ser desechada y reemplazada por otra?

Una mejor democracia (que nunca termina de perfeccionarse) requiere que la representación sea complementada con mecanismos de democracia participativa. Más aún, el esfuerzo de complementación no se puede limitar a elementos particulares como puede ser la iniciativa popular de ley o la acción revocatoria sino que implica repensar la relación entre los procesos deliberativos de la sociedad civil y la deliberación en las instituciones políticas.

No obstante, no es posible debilitar ni menos prescindir de los componentes fundamentales de la democracia representativa. En tal sentido, resulta significativo que el documento emanado del congreso del PC concluya que “protagonismo y la lucha del pueblo constituyen el factor decisivo para definir una nueva trayectoria donde los objetivos a alcanzar son la igualdad, la plenitud de los derechos sociales, la justicia social, la democracia participativa y la soberanía popular”, sin decir cosa alguna sobre la democracia representativa. Estando el país ad-portas de un proceso constituyente resulta difícil de entender que el documento emanado del Congreso no incluya proposiciones sobre cómo perfeccionar la democracia representativa, si sustituir o no el régimen hiperpresidencialista por uno parlamentario o semipresidencial, como abordar el proceso de descentralización luego de la decisión de elegir los gobernadores regionales y los otros temas jurídico-políticos de la sala de máquinas de la constitución.

La estrategia

Históricamente, el PCCh sostuvo la tesis que la vanguardia revolucionaria era la clase trabajadora. Esta afirmación se vio alterada por el efecto que tuvo la revolución sandinista. En un artículo clave en la Revista América Latina del Instituto de América Latina (IAL) de la Academia de Ciencias de la Unión Soviética, Sergo Mikoyan, su director, establecía que en ciertas condiciones otras expresiones vanguardista distintas al PC podían asumir las tareas revolucionarias. La rebelión popular de masas y la creación del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) durante la dictadura fue una expresión de aquella nueva tesis.

En su ultimo Congreso el PCCh establece que la contradicción fundamental en el pais es entre  Capital y Trabajo, la meta fundamental en el horizonte, que no olvidamos, es la construcción de una sociedad socialista, que será realidad cuando prevalezca la dignidad del trabajo por sobre el capital” y se propone  “avanzar, en perspectiva, hacia nuestro objetivo de superación socialista de las contradicciones de clase”. En esta estrategia reconoce “la existencia de otros actores más allá de la clase trabajadora tradicional, estamos hablando del amplio abanico de expresiones laborales diversas, el trabajo doméstico, los cuidados, etc. (...) es imprescindible darnos la tarea de conocer e insertarnos con mayor profundidad en todas esas expresiones que hoy son plurales y no singulares, siendo el territorio el espacio fundamental desde donde hacerlo.”

Por estas razones,  valoran “ los esfuerzos en los territorios, en las primeras líneas, para defender el derecho a la desobediencia y a la protesta social, (...) y protegerse de las amenazas y agresiones de las policías y grupos de ultraderecha.” Estrategia que tiene fuertes semejanzas con la anterior rebelión popular de masas.

Desde esta perspectiva entienden que el “desafío estratégico seguir trabajando para que la convención constituyente se convierta en una auténtica Asamblea Constituyente”, para lo cual se aprestan a “rodear con la movilización de masas el desarrollo de la Convención Constitucional”.

Lamentablemente, el PCCh llegó tarde a votar por el NO en 1988 y no suscribió el acuerdo del 15 de noviembre de 2019. Ahora, echando por la borda su tradición democrática en el país, el PCCh retoma un lenguaje y táctica en que tiende a predominar el uso de la fuerza en un país que solo quiere cambios profundos, pero en paz. Esta aparente contradicción es por la que luchó Salvador Allende y es la que actualmente ha decidido la mayoría del país. El PCCh no debe, ni puede sustraerse de esta histórica tarea.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

Más información sobre El Mostrador

Videos

Noticias

Blogs y Opinión

Columnas
Cartas al Director

Espiral de violencia

Envíada por Valentina Terra Polanco, Observatorio Niñez y Adolescencia | 16 enero, 2021

Cartas al Director

Noticias del día

TV