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Cambia la Constitución, cambian los partidos políticos

por 1 marzo, 2021

Cambia la Constitución, cambian los partidos políticos
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Una pregunta que nunca está demás hacerse, ¿para qué sirve un partido político? Según los expertos, la función de los partidos políticos es la de promover la participación de la ciudadanía desde una activa vida democrática, iniciativa que tiene como finalidad la de contribuir a la integración de la representación a nivel nacional. Por lo general, quienes conforman estos partidos, son personas que comparten objetivos, valores y proyectos para ejecutarlos desde diversos contextos democráticos. Y es el campo electoral (presidencial, legislativo, local, etc.), el gran escenario que define el poder real de estas agrupaciones al interior de los países.

Pero… ¿qué sucede cuando todo lo antes expuesto no ocurre?, es decir, ¿qué pasa cuando la “declaración de principios” de un partido no es más que letra muerta o una conmovedora declaración de marketing?

Nuestra gran contradicción en Chile es que deseamos transformar la actual Constitución, porque asumimos que no nos representa en lo más mínimo. Pero ese gran cambio, definitivamente histórico y urgente, se hace de la mano de partidos políticos exageradamente desgastados y poco validados a nivel nacional; colectivos políticos anémicos y acabados tanto en su identidad, como también en su imagen y reputación… y como dice el dicho, “el que siembra, cosecha”.

Desde este escenario, complejo, se habla de reconstruirlo todo… el estilo de régimen de gobierno, el estilo de la nueva constitución que queremos, el estilo de la participación ciudadana… es decir, deseamos vivir bajo plataformas de gobernanzas revitalizadas y más democráticas, pero para eso, se requiere también de una renovación en nuestro hacer político, ya que como dijo Viktor Frankl un día: “Cuando no somos capaces ya de cambiar una situación, nos enfrentamos al reto de cambiar nosotros mismos”. Si tenemos la oportunidad de refundar la carta magna del país, debemos también aprovechar esta coyuntura para repensar qué estilo de partidos políticos necesitamos que nos gobiernen en un futuro próximo. Ya que solamente cambiar la carrocería del auto, pero mantener el mismo motor (averiado y antiguo), es aceptar inconsciente y resignadamente que las transformaciones no serán profundas y que seguiremos con los eternos “cambios cosméticos”.

Ahora, si alguien me preguntara en este momento, cómo me gustaría que fueran los partidos políticos en un futuro cercano, yo diría que me gustarían más transparentes, creíbles y consecuentes, más responsables en sus decisiones, con una oreja pegada a las necesidades de las personas, con una fuerte cultura por la meritocracia, con dirigentes motivados para liderar desde el servicio, con un funcionamiento interno abiertamente democrático, con un financiamiento claro, coherente entre su relato y sus acciones, comprometido con la sociedad civil, exigente con sus procesos y militantes (sin corrupción), al día con las problemáticas sociales (medio ambiente, pueblos originarios, entre otros)… ¡en fin!, para el gran salto que hoy busca dar el país con su actual proceso político constituyente, es obvio que se necesitará también de partidos verdaderamente renovados en lo axiológico y al servicio de una nación, más que sólo enfocados en alcanzar intereses propios.

Leo nuevamente lo escrito en el párrafo anterior (cómo me gustaría que fueran los partidos políticos en Chile) y quedo agobiado por tanta exigencia, lo sé, a la vez, observo con detención la actual crisis de sentido que hoy está viviendo el país a nivel de representación política; veo en perspectiva la nula credibilidad y deteriorada aprobación por parte de la OO.PP. hacia los partidos, el parlamento y la presidencia… y cuando todo esto ocurre y se naturaliza en el tiempo (actitud resignada), es cuando me convenzo con creces que esta cirugía debe ser profunda en todos sus aspectos, y los partidos políticos son uno de estos.

Años atrás conversando con un parlamentario le pregunté, por qué quería dejar de ser diputado e iniciar una candidatura para alcanzar un puesto como senador en el Congreso, y su respuesta fue muy clara: “porque se trabaja menos y se gana más”. Esta reflexión, bastante espontánea, hace parte de una cultura interna que se ha anidado por décadas al interior de los propios partidos políticos, al ver éstos al Estado como un botín de guerra por capturar. Pienso esa actitud, voraz, urge hoy desafiar no solo con nuevas acciones, sino también con un renovado capital simbólico y ético, capital resignificado y oxigenado en sus retos más urgentes… ¡Todo por hacer!

“Debes ser el cambio que deseas ver en el mundo” (Gandhi).

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