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Seguro único de salud y miopía

por 21 septiembre, 2021

Seguro único de salud y miopía

Crédito: ATON

Sostener que el Estado puede decidir mejor que los individuos, me parece propio de ideologías obsoletas que contienen cierta arrogancia y, por ello, algunos nos negamos a aceptarlo. Eso significa que, quienes piensan así, creen poseer la sabiduría suficiente para predecir lo que la gente desea y prefiere en salud. Por ello, no suscribir tales ideas centralistas no corresponde a una mera “miopía”, como señala Juan Carlos Said, sino a una respuesta intelectual a doctrinas que coartan la libertad individual y proponen al Estado como el gran árbitro de las decisiones humanas en salud, educación, pensiones, trabajo, consumo y otras.
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En un artículo en El Mostrador, titulado “Seguro único de Salud: la miopía de la centroderecha”, Juan Carlos Said, gran detractor de las exitosas políticas sanitarias desarrolladas por el ministro Paris, nos propone ahora un sistema de salud único, estatal, de afiliación obligatoria, al que se llegará “casi por inercia” en contraposición a aquellas ideas que se basan en la libertad de elección de las personas, las que –según él– son “una entelequia nacional”. Sostiene que un sistema “multiseguros es una forma que no existe en ningún país desarrollado” y que no se trata más que de propuestas para salvar a las Isapres.

En el mencionado artículo arguye que todos los problemas de acceso, oportunidad y calidad de los servicios de salud que recibe la población se resolverían con un gran administrador estatal único. Esa burocracia estatal, que monopolizaría todos los recursos para salud, sería altamente eficiente y contrataría ágilmente los servicios de prestadores públicos y privados –a precios ciertamente definidos por el Estado–, satisfaciendo plenamente lo que la población requiere. De inmediato, surge la primera interrogante: ¿qué limita hoy al sector público –que agrupa a más del 78% de la población– a avanzar en las medidas que propone Said y lograr un sistema tan eficaz que sea el preferido por toda la población? Este, cuenta con elevados subsidios estatales y solo requiere algunos ajustes que están en manos de los políticos.

Acogiendo la propuesta de Said de buscar arreglos políticos, no puedo dejar de preguntarme si la derecha debe aceptar malas ideas para alcanzar acuerdos políticos mediocres, cuyos resultados sabemos que serán insatisfactorios para la población. Quizás, es mejor que los que patrocinan propuestas inconducentes asuman por sí mismos su propia responsabilidad.

Por cierto, hay una crítica válida y que muchos la hemos denunciado reiteradamente: hoy la libertad de elección es apenas relativa, pues solo las personas que cuentan con una renta suficiente o un trabajo estable y no tienen preexistencias graves, pueden elegir entre Fonasa o una Isapre. Entonces, ¿por qué no resolver esas deficiencias en lugar de proponer destruir el sistema? Evidentemente, se puede avanzar para perfeccionar el derecho a elección, como lo he propuesto en numerosos artículos y en mis libros. Pero Said propone eliminar tal derecho.

Existen herramientas que permitirían a todos los ciudadanos elegir entre una Isapre y Fonasa sin declaración de salud ni ningún tipo de restricciones, como lo son los mecanismos de subsidios a las personas ajustados por riesgo. Sistemas similares se aplican en Colombia, República Dominicana u Holanda, incluso en el ObamaCare en USA y, en España, el exclusivo sistema de salud para los funcionarios públicos civiles, denominado MUFACE, paradójicamente, ¡con seguros privados le hace una verónica a la salud estatal! Cualquier modelo afín a los anteriores podría funcionar perfectamente en Chile y eliminar de raíz la posibilidad de seleccionar carteras de riesgo. Hoy, indudablemente ello no se puede, pues los subsidios estatales los monopoliza el servicio público, los hospitales estatales y la Atención Primaria de Salud, los que han alcanzado un per cápita similar al de las Isapres, pero con un nivel de servicios, complejidad y oportunidad sustancialmente inferior.

Sostener que el Estado puede decidir mejor que los individuos, me parece propio de ideologías obsoletas que contienen cierta arrogancia y, por ello, algunos nos negamos a aceptarlo. Eso significa que, quienes piensan así, creen poseer la sabiduría suficiente para predecir lo que la gente desea y prefiere en salud. Por ello, no suscribir tales ideas centralistas no corresponde a una mera “miopía”, como señala Said, sino a una respuesta intelectual a doctrinas que coartan la libertad individual y proponen al Estado como el gran árbitro de las decisiones humanas en salud, educación, pensiones, trabajo, consumo y otras.

Finalmente, acogiendo la propuesta de Said de buscar arreglos políticos, no puedo dejar de preguntarme si la derecha debe aceptar malas ideas para alcanzar acuerdos políticos mediocres, cuyos resultados sabemos que serán insatisfactorios para la población. Quizás, es mejor que los que patrocinan propuestas inconducentes asuman por sí mismos su propia responsabilidad.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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