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Nueva Constitución y un acuerdo nacional por la mesura

por 30 julio, 2022

Nueva Constitución y un acuerdo nacional por la mesura
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Cuando las campañas por el Apruebo y el Rechazo ya entran en tierra derecha, pareciera que el debate público toma un tinte que se aleja cada vez más de lo que el país necesita.

La discusión en los medios de comunicación y en las redes sociales se ha vuelto violento, intolerante, falto de rigurosidad. La cuña fácil y el ejemplo extremo, muchas veces directamente falso y mentiroso, ya no son la excepción. Pareciera que el lema es agudizar las contradicciones. Vemos a muchos sostener en los medios interpretaciones de normas constitucionales, que difícilmente se atreverían a sostener en los tribunales.  Os enfrentamos al todo vale.

El Apruebo y el Rechazo se volvió un botín de campaña para la política chica, una competencia por capitalizar eventuales triunfos y derrotar al enemigo para mejorar la posición negociadora post plebiscito.

Concluido el trabajo de la convención, se esperaba que nuestra “clases dirigente” estuviera a la altura, pusiera al país por delante, estableciera puentes y construyera acuerdos, lo mismo que esa clase le pedía a los y las convencionales.

Pero la realidad es otra. Si durante el proceso constituyente hubo una crítica muchas veces justificada sobre el actuar de una parte importante de los convencionales; hoy, parte importante de la clase política y de las élites del país hacen lo suyo, con un espectáculo que se está volviendo lamentable y vergonzoso, y que nada podría envidiar de las peores de la convención.

Ni hablar de nuestra intelectualidad, tan a maltraer en tiempos en que cualquier difusor de ideas ajenas se autoasigna esa categoría. Sus discusiones más se acercan a competencias de ego adolescente, que a la construcción de aportes que iluminen la discusión ciudadana.

El 4 de septiembre no se lleva a cabo un proceso electoral más. Se trata de un plebiscito para definir una constitución que debe ser la base de una manera de entendernos como sociedad en las próximas décadas.

No hablemos de la tan pretenciosa como vacía frase de “Una casa para todos”. Hablemos de los mínimos necesarios para entendernos y de una legitimidad que sea suficiente para respetarla.

Pareciera que parte de la clase política no recuerda que partidos y congreso, son de las instituciones más desprestigiadas del país. Cuando, en mi opinión con razón, se cuestiona el sistema político propuesto en el nuevo texto, vale preguntarse si con la manera en que la clase política actúa, habrá algún sistema político que le dé estabilidad al país en el largo plazo.

Los mismo que se suben a un ring en los medios de comunicación; que explotan las diferencias hasta el ridículo; que desacreditan a sus interlocutores; que muestran un desprecio total por el pueblo en sus argumentos; pretenden hacernos creer, que ellos serán capaces de hacer después, algo mejor. Permitan que dudemos.

Pareciera que parte de las elites se repiten a sí mismas, le dimos una oportunidad al pueblo y no fue capaz, así que ahora retomamos nuestras funciones y resolvemos nosotros. Lo hacen sin asumir en nada su incapacidad y decadencia.



Ni Rechazo ni Apruebo darán estabilidad y certezas al país sin acuerdos básicos ni cambios en el actuar de las clases dirigentes. Lo grave, es que es la democracia y la convivencia del país las que sufren, y cuando las democracias sucumben, son los populismos, los autoritarismos y las dictaduras las que surgen. No hay modelos alternativos. No hay ni democracias populares, ni dictaduras blandas. No hay populismos en que a los pobres les vaya bien.

Los partidarios del Apruebo, entre los que me incluyo como ciudadano de a pie, seamos claros con los cambios evidentes que el texto necesita, demos certezas, el camino es bastante claro. Dejemos los gustitos de lado. El pueblo no es sabio solo cuando está de acuerdo con uno.

A los partidarios del Rechazo, terminen con las “interpretaciones” que saben falsas y con las campañas del terror tantas veces utilizadas con tan malos resultados para todos. Sean claros en las salidas que proponen. ¿Si gana el rechazo que? ¿Nuevo proceso? ¿Dos años para redactar una nueva propuesta de constitución? ¿Quienes? ¿o la idea derechamente es solo reformar nuevamente la constitución del 80?

Hace pocos días Agustín Squella planteaba que el país estaba en un ambiente de desmesura. Como siempre un caballero.  Quizás por ahí va el mínimo de responsabilidad que debemos exigir. Un pacto humilde, nada rimbombante. Un Acuerdo Nacional por la Mesura. Así quizás en el mes que queda tengamos acuerdos mínimos y un debate a la altura.

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