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Instituciones de contrapeso y el estado de la democracia en el mundo Opinión Archivo: AgenciaUno

Instituciones de contrapeso y el estado de la democracia en el mundo

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Esteban Szmulewicz Ramírez
Por : Esteban Szmulewicz Ramírez Investigador del Centro de Estudios del Desarrollo (CED), académico de la Universidad Católica del Norte.
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De ahí entonces la preocupación por la percepción, sobre todo entre personas más jóvenes, que piensan que los parlamentos son demasiado lentos e ineficaces para tratar con problemas urgentes como el cambio climático, la transición energética y las múltiples crisis.


Recientemente, IDEA Internacional publicó su informe sobre el estado de la democracia en el mundo y las Américas 2023. El documento plantea abrir un espacio de deliberación en un año de elecciones en todo el mundo, varias de ellas particularmente desafiantes para la defensa de la democracia a nivel global y regional.

Uno de los temas centrales del informe es el concepto de democracia y las denominadas instituciones de contrapeso, constituidas por un conjunto de instituciones formales e informales que contribuyen a controlar y al accountability de las instituciones representativas, particularmente el Poder Ejecutivo, en sintonía con la denominada “nueva legitimidad democrática”. Estas incluirían, más allá de los tradicionales checks and balances, mecanismos de participación ciudadana, rendición de cuentas vertical, organismos autónomos, entre otros, fundados principalmente en valores de imparcialidad, transparencia y reflexividad.

El informe sitúa un conjunto de avances y retrocesos en este plano, pero ello tiene ciertas limitaciones. Pensemos, por ejemplo, en el caso de Sudáfrica, que ha reconocido, incluso en su Constitución, lo que denominan “instituciones del Estado que sustentan la democracia constitucional” (constitute project), incluyendo la Comisión de Derechos Humanos, la Comisión para la Igualdad de Género, el Auditor-General, la Comisión Electoral, entre otras. Sin embargo, existe una significativa distancia entre la semántica constitucional y la realidad.

En ese marco, sería interesante recoger elementos propios de los debates sobre la ética democrática, incluyendo la confianza interpersonal y hacia las instituciones, la cultura ciudadana de derechos y deberes, y otras dimensiones que podrían complementar la magnitud de las instituciones de contrapeso. Un segundo elemento tiene que ver con algunas de las lecciones de la pandemia por COVID-19 y su relación con el estado de la democracia, como lo revela la actual comisión investigadora en el Reino Unido por las actuaciones durante la pandemia, en que parlamentos efectivos y buenos partidos políticos siguen siendo cruciales para contar con debates públicos, mediados y plurales.

De ahí entonces la preocupación por la percepción, sobre todo entre personas más jóvenes, que piensan que los parlamentos son demasiado lentos e ineficaces para tratar con problemas urgentes como el cambio climático, la transición energética y las múltiples crisis.

De esta manera, muchos jóvenes deciden recurrir a soluciones rápidas. Pero estos problemas son complejos y no tienen soluciones fáciles, por lo que requieren deliberación, intermediación, parlamentos y partidos políticos sanos y fuertes, lo que en muchos casos no está ocurriendo. Por eso, como bien lo esboza en sus conclusiones el informe, cabe preguntarse cómo se coordina este sistema de instituciones de contrapeso con la necesaria eficacia de la acción estatal, de tal manera de no ralentizarla excesivamente, sobre todo en el contexto de América Latina, donde todavía se requiere una importante presencia del Estado en materia de derechos sociales, protección del medio ambiente, entre otros.

Ello permitiría abordar una vigorosa lucha contra el narcotráfico, compatible con el Estado de derecho y la democracia, justamente de acuerdo con las herramientas normales del Estado de derecho. En definitiva, el aporte del informe de IDEA en relación con el análisis sobre el estado de la democracia es realmente extraordinario, y se podría complementar con una mirada acerca de la ética democrática y la necesaria coordinación entre las instituciones de contrapeso y la eficacia de la respuesta estatal ante los urgentes y complejos problemas actuales.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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