martes, 29 de septiembre de 2020 Actualizado a las 15:04

A propósito del anunciado cierre de la carrera de Intérprete en Danza de la UDLA

por Exequiel Gómez Acuña 27 agosto, 2020

A propósito del anunciado cierre de la carrera de Intérprete en Danza de la UDLA
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Señor Director:

No comprendo la ética de una Universidad que abandona las Artes. No comprendo el pensamiento de aquellas personas que toman esa decisión, sobre todo si esa decisión lleva un aval académico en donde se otorgan argumentos a veces inconexos y maqueteados.

Más allá de simplificar la discusión acerca de que si los números y las cifras alcanzan o no para sostener una carrera, como la de Danza, quisiera compartir una reflexión de las señales que emite una casa de estudios superiores hacia la comunidad, con la decisión de cerrar una carrera artística.

Es cierto que el sistema de acreditación institucional se ha quedado para aportar grandes cambios al interior de cada Universidad del país, ha ordenado procesos académicos curriculares, ha supervisado compromisos y cumplimiento de planes estratégicos de las casas de estudios, ha contribuido a que la misión y visión institucional, hagan el ejercicio de bajar a las bases en coherencia con todas las actividades que desarrollan y/o debieran desarrollar las universidades, entre otras cosas. Pero también ha supeditado a un equilibrio muy poco sano y ya vemos, sabemos y comprendemos que es peligroso – en relación al levantamiento de datos cuantitativos que arrojan y/o desean arrojar hacia el exterior cada universidad – dado a que, tienden a homogenizar realidades muy diversas y complejas entre las carreras que se imparten en el sistema de formación profesional universitario.

La ley señala:

“Las universidades son instituciones de educación superior cuya misión es cultivar las ciencias, las humanidades, las artes y las tecnologías, así como también crear, preservar y transmitir conocimiento, y formar graduados y profesionales”

Si tomáramos un mínimo párrafo de la vigente Ley de Educación Superior nos damos cuenta, de inmediato, que al parecer todo el peso de la acreditación se lo lleva el “…y formar graduados y profesionales”.

¿Dónde queda el cultivo de las ciencias, las humanidades, LAS ARTES y las tecnologías?

¿Dónde esta esa preservación?

Creo, definitivamente que las personas que sostienen los altos cargos administrativos académicos en las Universidades privadas, debieran replantearse seriamente esta situación y en su gestión, procurar que esto ocurra.

Por otro lado y en esta lógica sistémica de medición cuantitativa, o mejor dicho en este constructo de ingeniería de la educación, un organismo como la CNA (Comisión Nacional de Acreditación) debiera velar porque las instituciones cumplan con la preservación y cultivo del Arte, y no solo cumplan, sino que inviertan, porque para ello tienen ganancias, y es un deber de la Universidad, es un compromiso comunitario, ya que es la misma comunidad la que invierte en sus carreras formativas. Una universidad que da señales de no invertir y desprotege el arte, esta mutilada culturalmente, por ende, no tendría que acreditarse, porque esta rindiéndose, desecha y estaría incumpliendo lo que declara cualitativamente. Creo que, ese debiera ser un mínimo criterio de acreditación institucional señores de la CNA, es una responsabilidad ciudadana, es más debiera ser una política de estado. Toda institución de educación superior debiera valorar “con todo lo que ello significa” las prácticas artísticas, ya que forman parte del acervo y patrimonio cultural del país.

Entonces, que UDLA cierre la carrera (eufemísticamente hablando no abrirá matriculas de aquí en adelante) debiera ser preocupante, dado a que, el país pierde un espacio de cultivo, presencia artística y desarrollo cultural. Se esta desechando la danza, una carrera artística, el único bastión de arte vivo que le venia quedando a la UDLA porque ahora su Facultad deberá acomodar el nombre, para que le cuadren las cifras, digo yo.

Y si la decisión vino de más arriba, entendiendo el arriba como lo vertical que a veces no aparece en el organigrama de la institución, considero inhumano que un gran conglomerado dedicado a la formación de profesionales, deje en una precaria situación laboral y emocional a quienes llevan años prestando servicios académicos, realizando docencia de calidad, aportando saberes al quehacer estudiantil universitario y al crecimiento del proyecto de una escuela. Tiene más ética mi vecina que sigue pagando el sueldo a la Sra. que hace aseo en su casa y que no va desde marzo y sin embargo, en la solidaridad y comprensión, sabe que es un compromiso que asumió.

No señores, definitivamente NO, eso no se hace, no en una pandemia, no a costa del COVID, pero ahí están, una semana los despidos de la UAHC, esta semana el cierre de la carrera de Danza de la UDLA ¿Que más viene? Que no nos sorprenda entonces que la formación en danza en Chile tenga una gran merma en los próximos años.

Hay que poner atención a los movimientos de las Universidades Privadas, están jugando su ajedrez político y económico, de seguro comenzarán las transacciones, para eso deben acomodar la carga, para que el paquete se vea atractivo.

Desde la vereda del día a día, de aquellos que ponemos el rostro frente a los estudiantes, no es grato que te corten lo prometido, lo anhelado, ni la proyección, no es justo para sus familias. Pero a pesar de ello quisiera invitarles a no declinar en su recorrido en el lenguaje de la danza, porque a pesar de la fractura, seguiremos compartiendo saberes con los nuevos, desde este u otros espacios, sensibles y abiertos.

Agradecer, en esta micro escena, a todes mis compañeres docentes y artistas que han aportado al desarrollo de la cultura de nuestro país, a través de la formación profesional en danza, nuestros estudiantes saben que hemos puesto el cuerpo y lo seguiremos poniendo, porque así lo hemos heredado, porque tenemos memoria y porque queremos cambiar estos avatares. Existe un lazo inquebrantable que une a los viejos y a los nuevos, y es de esperar que nuestra declaración de arte se despliegue y quede plasmada en la nueva constitución que queremos, para que quede escrito que el arte es un derecho, no una mercadería, por lo que merece que velemos y protejamos aquello que acrecienta la sabiduría de una comunidad, la cultura de nuestro país.

Exequiel Gómez Acuña
Interprete/Docente/Coreógrafo en Danza
Profesor de Educación Musical
Magíster (c) en Educación y Cultura

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