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Ley Machuca

por Carmen Garrido Fonseca 12 junio, 2021

Ley Machuca
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Señor Director:

Siempre llaman la atención esos relatos de escolaridades donde en una misma sala, encontrabas al hijo del dueño de la tienda como al hijo de un obrero. Una sala de clases que reflejaba la vida y la convivencia mutua, donde no importaba el origen socioeconómico, sino el objetivo común de aprender en un grupo de procedencias disímiles pero ricos en experiencias de vida y donde se pasaba del conocimiento de una primera cultura a uno formal o de una segunda cultura. Un espacio lleno de oportunidades y también de dificultades, como son los espacios de aula, complejos gratificantes, frustrantes, clásicos, con múltiples formas. Un espacio donde la posición docente era distinguida, tanto, que aún muchos se recuerdan los nombres de las profesoras y profesores de los primeros niveles porque los ayudaron a surgir. En todos ellos existió una igualdad inicial, una misma oportunidad formativa. Quizás algo de ello puede primar en una iniciativa como esta. Hoy la educación se ha llenado de nuevas palabras y a flaqueado en la igualdad de oportunidades de inicio. Hoy transitamos en una Escuela pública doliente, resurgiendo apenas y en un sistema educativo centrado en resultados y no procesos y donde la valoración docente ha disminuido. La aprobación de la ley Machuca busca integrar a estudiantes de sectores vulnerables a colegios privados, tal como una escena de película que retrató una época, no obstante, uno se pregunta por qué, para qué, cuál es la concepción de integración, cuál es la concepción de aula escolar, cuáles son los supuestos. Se entiende que es una alternativa también a la fallida propuesta de Gobierno relativa al sistema de admisión escolar. Pareciera que esta ley se centra en una vinculación con la obligatoriedad de una admisión, es decir con un proceso donde pareciera sólo importar el ingreso al ámbito privado, para sellar un proceso de integración ¿es eso suficiente? ¿por qué hacerlo? ¿Por qué no se preserva una escuela pública poderosa abierta a todos? Quizás se piensa que los resultados de colegios privados, que muestran distancia con aquellos que no lo son, sea suficiente argumento, pero ¿lo es? Lo que se expresa en esta Ley son gestos mínimos, son fragmentos de algo que no se une, que no se ensambla y deja pendiente lo urgente; ese cambio profundo que es necesario realizar. La verdadera opción es sin duda la escuela pública, una escuela que no se hace cómplice de transformar diferencias en desigualdades, una escuela siempre diversa, siempre de singularidades, donde la igualdad debiese ser el punto de partida de toda acción y decisión educativa. Una escuela que se aleje de toda experiencia que evidencie aprisionamiento, enmarque, imposición.

Dra. Carmen Garrido Fonseca

Directora Escuela de Educación

Universidad Andrés Bello

 

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