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El negacionismo histórico en Kast y Urrutia

por 24 abril, 2018

El negacionismo histórico en Kast y Urrutia
Las declaraciones de Ignacio Urrutia y las aseveraciones de José Antonio Kast son provocaciones que buscan victimizarse ante el país. Kast y Urrutia lo que llevan a cabo con sus dichos es una trivialización, relativización y la minimización de crímenes contra la humanidad. Las palabras, los discursos y el lenguaje que un actor político y un representante utilizan no pasan inadvertidos y son síntomas de esa forma desvirtuada de ver la Historia.
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En las últimas semanas, hemos sido testigos impertérritos y también con un poco de incredulidad, de las acciones de ciertos actores políticos de nuestro país y asimismo de la desidia y complicidad con que dirigentes políticos se han desembarazado del tema o han hecho vista gorda del mismo.

Me refiero a las acciones y provocaciones del ex candidato José Antonio Kast y del diputado Ignacio Urrutia (UDI), así como las declaraciones de los abogados de los condenados por crímenes y violaciones de Derechos Humanos recluidos en Punta Peuco, especialmente de Raúl Meza. Lo preocupante del asunto no son las simples declaraciones, sino la tergiversación de la historia como recurso para conseguir sus fines.

Si bien la Historia es política, en el sentido de ser una acción de la comunidad, las declaraciones y acciones de los arriba mencionados tienden a mostrar una historia sesgada y negacionista. Los dichos del diputado Urrutia (avalados por la inacción de la directiva de la UDI), demuestran una profunda idea de defender y revisar históricamente los procesos políticos que derivaron en el asesinato, tortura y desaparición de miles de chilenos. Kast y Urrutia, con sus palabras y obras, la UDI con su omisión, demuestran ese pensamiento irreflexivo y obsesionado por recrear un pasado en función de intereses políticos, pisoteando la memoria de miles de asesinados, cosa que es peligrosa en su sentido más profundo.

La historia no se construye simplemente con los hechos y las acciones de los sujetos, es el culmen de procesos, tejidos sociales, culturales, políticos y económicos que van construyendo una realidad que siempre está transformándose. El hecho de negar estos procesos históricos (el Golpe de Estado fue un hecho y no se puede negar, así como los asesinatos, torturas y desaparecimientos de los cuerpos) es una forma de distorsionar y transformar según intereses políticos o de cualquier otra índole. El tratar de “terroristas con aguinaldo” a las víctimas de la violencia política del Estado, es no saber nada de historia (y nuestra clase política lo demuestra constantemente) y tiene como trasfondo la manipulación de las evidencias históricas y también pone en entredicho la capacidad de conocer una parte de la verdad por parte de la Justicia.

Por ello es que, impávidamente, somos testigos de las declaraciones de Urrutia y Kast, sin sanciones políticas, y que logran tergiversar sus propias acciones en beneficio propio y transformándose en víctimas. Esto no es nuevo, la transformación de los victimarios en víctimas es común en la historia. Hermann Göring y Adolf Eichmann, en sus juicios por crímenes contra la humanidad y contra el pueblo judío, se presentaba uno como héroe y otro como simple funcionario burocrático, tergiversando la realidad que les saltaba a la vista innegablemente, pretendiendo victimizarse ante la locura cometida durante los doce años de la dictadura nacionalsocialista.

El hecho de que Kast invoque la Ley Zamudio ante la rabia y provocación de los ciudadanos y estudiantes es paradójico de esta situación, asimismo cuando el abogado de condenados por violaciones a los derechos humanos solicita indultos esgrimiendo la misma ley. La pregunta sobre los derechos humanos de condenados por asesinar, torturar, violar y responsables de la violencia estatal no es de fácil respuesta, puesto que los argumentos éticos y hasta religiosos se van cruzando. Lo importante es saber que lo “humanitario” tiene límites en ciertas ocasiones. Karl Popper definió en 1945 su controvertida “Paradoja de la intolerancia”, donde señala que “la tolerancia ilimitada debe conducir a la desaparición de la tolerancia”, lo que llevaría a la exacerbación de la misma intolerancia.

Los grupos intolerantes que al verse atacados se escudan en la libertad de expresión o el derecho a expresión y reunión, terminan conduciendo a las sociedades a desastres de magnitudes como el Holocausto o las dictaduras. Por ello, señala Popper, es que debemos ser intolerantes con la intolerancia. Debemos luchar con todas nuestras fuerzas, con todo nuestro espíritu y con todas las herramientas contra aquellos que promueven el odio y la negación de la Historia.

El hecho de que Kast invoque la Ley Zamudio ante la rabia y provocación de los ciudadanos y estudiantes es paradójico de esta situación, asimismo cuando el abogado de condenados por violaciones a los derechos humanos solicita indultos esgrimiendo la misma ley. La pregunta sobre los derechos humanos de condenados por asesinar, torturar, violar y responsables de la violencia estatal no es de fácil respuesta, puesto que los argumentos éticos y hasta religiosos se van cruzando. Lo importante es saber que lo “humanitario” tiene límites en ciertas ocasiones. Karl Popper definió en 1945 su controvertida “Paradoja de la intolerancia”, donde señala que “la tolerancia ilimitada debe conducir a la desaparición de la tolerancia”, lo que llevaría a la exacerbación de la misma intolerancia.

Lo paradójico en Kast es la confluencia de movimientos y opiniones políticas e históricas de ciertos sectores, preocupados por reivindicar a instituciones y personas que cometieron crímenes y que pueden llevar a cierto negacionismo estatal, especialmente debido a que las declaraciones de Urrutia no van a ser sancionadas por su partido, miembro de la coalición gobernante, a través del insulto a la memoria de los asesinados y de las víctimas de la violencia estatal. Declaraciones de por sí burdas y sin sentido. Provocaciones que buscan victimizarse ante el país. Kast y Urrutia lo que llevan a cabo con sus declaraciones es una trivialización, relativización y la minimización de crímenes contra la humanidad. Las palabras, los discursos y el lenguaje que un actor político y un representante utilizan no pasan inadvertidos y son síntomas de esa forma desvirtuada de ver la Historia.

El que los medios de comunicación les den tribuna a estos discursos solo revive el dolor de las víctimas, renueva y fomenta nuevas humillaciones y, lo más peligroso, crea un campo fecundo desde donde puedan renacer nuevos conflictos y genocidios, puesto que se avalan hechos como la Caravana de la Muerte a través de indumentarias alusivas a un hecho tan macabro. Por ello es que Urrutia, como funcionario público elegido democráticamente, señale como “terroristas” a las víctimas es de una gravedad que no puede quedar no sancionada por sus pares congresistas y por la sociedad, porque la sociedad no puede quedarse impávida ante este hecho.

Hannah Arendt señala que la tragedia de la humanidad es la inacción, el no actuar frente a ciertas coyunturas en este espacio que es de todos. Por lo mismo es que debemos actuar frente a la intolerancia discursiva y de acción de representantes políticos y no dejar que la inacción de algunos se propague simplemente porque no poseen la capacidad de pensar. Kast y Urrutia son ejemplo de esa clase política que utilizó al Estado para dominar y preservar el orden social y la mantención en el poder a costa de tergiversar, olvidar y negar la Historia, como un ejercicio híbrido donde la Historia y la política terminan manipulando el pasado y rechazando toda evidencia empírica disponible sobre el terrorismo de Estado efectuado por aquellos que piden clemencia y comprensión desde Punta Peuco.

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