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El súper 1 de junio de Piñera: el Presidente que cree en la posverdad

por 1 junio, 2018

El súper 1 de junio de Piñera: el Presidente que cree en la posverdad
En este Gobierno, que rinde hoy su primera Cuenta Pública, no se habla de ideas. No se tematizan conceptos. No se hace política. Se hace telepolítica. El punto es que la reality-política tiene riesgos, el principal, el que la ciudadanía comience a darse cuenta de que la gestión Piñera-Chadwick todavía transita entre el oropel y la posverdad. Ejemplos hay muchos, pero el autogolazo de la agenda mujer y las Isapres es de antología.
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Todavía no sana la posverdad que se autoinfirió el Presidente Piñera.

Aún sigue creyendo que ganó la Presidencia de la República por un espectacular guarismo, reflejo de una inédita basculación de la opinión pública hacia el conjunto de creencias neoliberales de modernización, seguridad ciudadana, crecimiento económico y aseguramiento del sentido de la felicidad futura: mejor vejez, mejores pensiones, mejor morir.

Es pura y santa posverdad.

Después de estos meses, cuando ya está descubierta la trama hilarante, para todos nosotros, los espectadores, no nos queda sino el consuelo del siempre inteligente humor negro: estas brevísimas semanas han sido mucho más exitosas que los 20 años de la Concertación… Ya se pagó la entrada, no queda más que esperar a que termine la función.

Esa es la posverdad, porque la verdad es otra.

La verdad es que este fue un Mandatario elegido, no por Twitter ni por Facebook. Al Presidente Piñera lo eligieron por Tinder.

El pantallazo de la modernización capitalista les encantó a sus seguidores. El perfil del orden, la seguridad y el fin de la delincuencia, los encandiló. Y la promesa de crecimiento con igualdad y justicia social, como un flechazo, produjo finalmente el encuentro. Se georreferenciaron, se geosocializaron el uno al otro, Piñera y sus votantes, luego se dieron la cita, la cita electoral, previo a un chat del que se pudo leer, no sin pudor, lo que románticamente se decían el uno al otro: “Chilezuela… Chilezuela…”; “¡Atroz! ¡No! ¡Chilezuela, no!”.

No obstante, no se ve en este Presidente conducción política. Se ve oportunismo. Y tampoco se ve en el ministro del Interior –su primo– más misión que la de ser un “amigo crítico”. En ciencias sociales está de moda la noción de “amigo crítico”. Se trata de un asesor colaborativo de carácter horizontal, que ayuda en la reflexión y comprensión, en vistas a la mejora institucional, organizacional y funcional. Su asesoría, se dice, aunque duela (crítica), es en buena (amigo). Lo que quiere decir esto es que ni Sebastián Piñera ni su amigo crítico, Andrés Chadwick, están a la altura de lo que podríamos denominar conducción política del país, en vistas a instalar una nueva comprensión de lo social sobre la base de ideas de una derecha renovada intelectualmente. Son, eso sí, amigos críticos.

Bueno, a fin de cuentas, el Presidente tendrá su “Súper 1  de junio”.

No obstante, no se ve en este Presidente conducción política. Se ve oportunismo. Y tampoco se ve en el ministro del Interior –su primo– más misión que la de ser un “amigo crítico”. En ciencias sociales está de moda la noción de “amigo crítico”. Se trata de un asesor colaborativo de carácter horizontal, que ayuda en la reflexión y comprensión, en vistas a la mejora institucional, organizacional y funcional. Su asesoría, se dice, aunque duela (crítica), es en buena (amigo). Lo que quiere decir esto es que ni Sebastián Piñera ni su amigo crítico, Andrés Chadwick, están a la altura de lo que podríamos denominar conducción política del país, en vistas a instalar una nueva comprensión de lo social sobre la base de ideas de una derecha renovada intelectualmente. Son, eso sí, amigos críticos.

Y este par de amigos críticos están –y no se puede desmentir esta opinión– haciendo otra cosa, es decir, no están haciendo política, sino que están haciendo agenda semanal en los medios de comunicación sobre la base de sus respuestas a las emociones, sentimientos y subjetividades, que también semanalmente emergen en nuestra sociedad. Responden y transitan por una agenda, pero de muy corto plazo. No se habla de ideas. No se tematizan conceptos. No se hace política. Se hace telepolítica.

El punto es que la reality-política tiene riesgos, el principal, el que la ciudadanía comience a darse cuenta –como en efecto lo hace– de que la gestión Piñera-Chadwick, los mejores amigos críticos del mundo, todavía transita entre el oropel y la posverdad. El alcance de este Gobierno se ve momentáneo. Ejemplos hay muchos, pero el autogolazo de la agenda mujer en contra de la Isapres es de antología. Eso no es política, es hacer el ridículo a estadio lleno.

Piñera, el Presidente elegido por Tinder, no logra salir de la red social en la que está atrapado, no hace política, y él, históricamente hablando, sigue siendo tan solo una curva más del bucle Bachelet-Piñera. Bucle del cual aprendimos de memoria sus loops. La montaña rusa de esta última década ya está archirrecorrida.

Piñera va directo a un fracaso emocional más. Serán las consecuencias del vértigo sentimental, de la red de subjetividades, en la que se metió. El vértigo del vacío. Y, ojo, que ahora sí, después del vértigo y el vacío, nos espera enfrentar el peor de los populismos.

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