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López Obrador: el triunfo de los cambios profundos

por 4 julio, 2018

López Obrador: el triunfo de los cambios profundos
El nuevo sexenio tendrá por prioridad los asuntos mexicanos, no podría ser de otra manera. En materia internacional buscará retomar los clásicos principios de no intervención en los asuntos internos de otros estados y respetar la autodeterminación.  No cabe duda de que su principal desafío será la relación con EE.UU. y la administración Trump. Pero esta ha empezado con el pie derecho, conversaron tranquilamente y es posible que se construya una relación realista entre ambos, difícil pero necesaria.
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Una contundente victoria electoral acaba de obtener Andrés Manuel López Obrador. Ganó rotundamente la Presidencia de México y tendrá una importante cuota de parlamentarios de su coalición.  Pero, por sobre todo, tendrá las esperanzas y la voluntad de millones de mexicanos, que quieren cambios profundos.

La victoria de AMLO, como suele llamarlo la prensa azteca, se debe a una conjunción de factores: un rechazo a la violencia e inseguridad que ha recrudecido en los últimos años, un rechazo también al aumento de la corrupción, especialmente de las elites, y de los políticos. El descalabro de los partidos tradicionales va unido a la esperanza de un cambio de gestión y de cultura política.

López Obrador y sus compañeros supieron interpretar esta aspiración, conectaron bien con la sensibilidad emergente, con especial fuerza en la juventud.  Entre otras cosas, por el propio ejemplo de vida del Mandatario electo. En un medio donde el refrán dice que “un político pobre es un pobre político”, AMLO posee el mérito de tener una larga vida pública y ninguna cuenta en paraíso fiscal ni un tren de vida inexplicable para sus ingresos.

La transición empezó bien, todos los candidatos perdedores a las pocas horas reconocieron hidalga y repúblicanamente la victoria del “Peje” (apodo popular del Sr. Presidente electo). Es algo poco común en la historia reciente de México, donde en la noche de las elecciones algunas veces se “caía el sistema”, en otras se impugnaban los resultados y las protestas eran cosa habitual. Bien por México y su democracia.

Se inicia una nueva etapa en la historia contemporánea de México, que empieza con una larga transición, porque AMLO asumirá a inicios de diciembre. Largos meses de transición en los que deberá organizar su gobierno y su plan de acción, necesario para coordinar al variopinto frente de fuerzas que lo acompañan: izquierdistas desencantados del juego tradicional del clientelismo y componendas en que cayó el Partido de la Revolución Democrática, hoy en el suelo. Empresarios desarrollistas encabezados por su colaborador Alfonso Romo, que tiene inversiones en su país y también en Chile. Un frente también integrado por los evangélicos, que logran emerger como fuerza política. Muchos dicen que la coalición que ganó tiene un “alma izquierdista” y otra “productivista”, pero, por muchos matices que tenga, es claro que es una coalición que tiene un líder indiscutido.  Y que sabe ejercer el poder.

La transición empezó bien, todos los candidatos perdedores a las pocas horas reconocieron hidalga y repúblicanamente la victoria del “Peje” (apodo popular del Sr. Presidente electo). Es algo poco común en la historia reciente de México, donde en la noche de las elecciones algunas veces se “caía el sistema”, en otras se impugnaban los resultados y las protestas eran cosa habitual. Bien por México y su democracia.

En las leyes no escritas de la política mexicana, se dice que se aplican dos leyes en tiempos de transición: “El que se va limpia la casa”, junto a la de “el que llega cuida al que se fue”.

Limpiar la casa es realizar las tareas duras que exige el momento histórico: ya sea pelearse con los americanos, nacionalizar empresas o privatizar otras, devaluar el peso, es decir, aligerarle la mochila al que viene. Son tareas para el Mandatario que se va. Se complementa con la máxima de que el que llega cuida al que se fue, es decir, que a la persona, a la familia y al patrimonio del Sr. ex Presidente no se les toca. Con ello se preservaría la estabilidad, principal obligación del estadista.

En el presente, el presidente Peña Nieto ha señalado públicamente su felicitación al Presidente electo, aunque haya sido su adversario político. Se entiende, le entregará la casa en orden. Y el Sr. Presidente electo ha ofrecido respaldo al Sr. Presidente Peña Nieto en las duras negociaciones del Tratado de Libre Comercio con EE.UU. Durante su campaña, a diferencia del candidato Ricardo Anaya, manifestó que su propósito era gobernar México y no perseguir judicialmente a las antiguas autoridades.

El nuevo sexenio tendrá por prioridad los asuntos mexicanos, no podría ser de otra manera. En materia internacional buscará retomar los clásicos principios de no intervención en los asuntos internos de otros estados y respetar la autodeterminación. No cabe duda de que su principal desafío será la relación con EE.UU. y la administración Trump. Pero esta ha empezado con el pie derecho, ayer conversaron tranquilamente y es posible que se construya una relación realista entre ambos, difícil pero necesaria.

En esta línea es probable que la diplomacia mexicana abandone el llamado “Grupo de Lima”, que reúne a las naciones “antichavistas”, porque AMLO quiere precisamente retomar una diplomacia de no injerencia en los asuntos internos de otro país. Respecto a Chile, como lo expresó cuando el año pasado se entrevistó con la entonces Presidenta Bachelet, solo tiene muestras de admiración y cariño, por su pasado y por su presente. Contó en aquella oportunidad que su interés en la política se había gestado, entre otras cosas, por septiembre de 1973, cuando llevaba pocos días como novato en la UNAM y se conmovió por el Golpe de Estado.

Todo está escrito para continuar y profundizar la fructífera relación de amistad chileno-mexicana, como históricamente ha sido. Relación entre estados mas allá de las ideologías. Conviene tomar nota de ello, porque no faltaron en la campaña mexicana, como en algunas opiniones en Chile, que manifestaron aprensiones respecto al triunfo del hoy Presidente electo mexicano.

El respeto a la autodeterminación de cada país es principio fundante de una relación amistosa y potente.  Por el contrario, tratar de hacer del anticomunismo un eje de la política exterior, solo muestra desfases históricos o intentos por transformar hechos internacionales en elementos de la política doméstica.

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