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OPINIÓN

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¿Por qué el Gobierno entró tan luego en crisis de pánico?

por 13 agosto, 2018

¿Por qué el Gobierno entró tan luego en crisis de pánico?
Creo que el Gobierno debe estar más preparado para jugar en un escenario en que tendrá rival –alguna vez la oposición resucitará y de seguro será de la mano de las elecciones de gobernadores y alcaldes– y, por tanto, necesita aprender que los errores no forzados están casi siempre asociados al exceso de confianza. Por de pronto, al nombrar de ministro de Cultura a Mauricio Rojas, esta especie de rockstar, que se deslumbra con las cámaras, que da entrevistas posando de intelectual converso del MIR, que consiguió la portada de El Mercurio para dar a conocer que era el “hombre” detrás de los discursos del Presidente justo en los días en que lanzaba un libro, y que luego nos enteremos que hace dos años afirmó que el Museo de la Memoria era un montaje, el Gobierno podría tener pronto un dolor de cabeza en un ministerio sin mayor impacto político. Y, claro, me imagino cómo se estará riendo Gerardo Varela, en la tranquilidad de su casa, al enterarse que le salió un reemplazante.
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Y Varela terminó siendo el pato de la boda. Ese es el resumen de lo que ocurrió el jueves pasado cuando, luego de un día entero de rumores y especulaciones sobre un cambio de gabinete, apenas terminó siendo el ajuste de un fusible que ya estaba quemado hacía rato. Lo cierto es que la intensidad de los dolores de cabeza que el ex titular de Educación le estaba causando a La Moneda habían copado la paciencia de todos. Aunque le costó al Presidente tomar la decisión, al final primó el criterio político y no la amistad que existe entre ambos, único salvavidas al que se aferraba Varela, desde su última y memorable tesis del valor de los bingos, frase que terminó por contaminar la visita del Primer Mandatario a México.

Pero ahora que Gerardo Varela ya es pasado, la pregunta es: ¿qué le pasó al gobierno que entró repentinamente en una especie de crisis de pánico e inseguridad, después de que hace apenas dos meses su relato transmitía un optimismo desbordante?

Por supuesto que el ex ministro hizo su contribución, pero sería sobredimensionado pensar que la caída en las encuestas de todo un Gobierno tiene como única explicación a Varela. Aquí se mezcla una serie de variables políticas y económicas que se venían acumulando, pero que tenían escasa visibilidad producto de la euforia de la instalación de un Gobierno que se arriesgó en la campaña de hacer la promesa sobre los “Tiempos mejores”, solo asimilable a “La alegría ya viene” con que la Concertación llegó al poder en 1990.

Por más que, desde el equipo económico, hayan intentado estas últimas semanas aclarar que el programa nunca intentó crear “sobreexpectativas” o hacer llamados a evitar la “profecía autocumplida”, esa que indica que las personas terminan convenciéndose de que algo es cierto cuando, de tanto repetir una idea, esta termina como una realidad. Esto es lo único que permitiría explicar la desafortunada frase de José Ramón Valente cuando sentenció: “La economía está yendo bien (sic) y no vaya ser que por hablar mal de ella la botemos nosotros mismos y nos autoinflijamos una herida”. La pregunta es a quién quería aludir el ministro. De seguro no fue a la oposición, que ni siquiera ha expresado opinión del tema, tampoco a la ex Mandataria, quien calificó a la economía chilena como “debilucha”, pero varios días después. Tal vez se refería a la frase “no se invierte por emoción”, expresada en un encuentro empresarial.

La verdad es que este acomodo menor de piezas en el Gobierno parece haber sido una excusa para poder instalar en la opinión pública las verdaderas preocupaciones de La Moneda: una baja en las encuestas antes de lo esperado, motivada –según La Moneda– por las dificultades que está teniendo el país en materia de empleo, así como las contradicciones que están experimentando algunas variables económicas. Es tan evidente el diagnóstico, que el Jefe de Estado, en su discurso de la ceremonia de juramento, no hizo alusión a problema educacional alguno. Tampoco mencionó nada del tema cultural y, menos, de Energía, uno de las pocas carteras en que el Ejecutivo andaba bien. Piñera puso el foco en anuncios en materia económica, los que siguieron al día siguiente, como el de la creación de la Oficina de Productividad y Emprendimiento Nacional.

La verdad es que este acomodo menor de piezas en el Gobierno parece haber sido una excusa para poder instalar en la opinión pública las verdaderas preocupaciones de La Moneda: una baja en las encuestas antes de lo esperado, motivada –según La Moneda– por las dificultades que está teniendo el país en materia de empleo, así como las contradicciones que están experimentando algunas variables económicas. Es tan evidente el diagnóstico, que el Jefe de Estado, en su discurso de la ceremonia de juramento, no hizo alusión a problema educacional alguno. Tampoco mencionó nada del tema cultural y, menos, de Energía, uno de las pocas carteras en que el Ejecutivo andaba bien. Piñera puso el foco en anuncios en materia económica, los que siguieron al día siguiente, como el de la creación de la Oficina de Productividad y Emprendimiento Nacional.

¿Por qué entonces el Gobierno hizo ajustes en áreas que no estaban presentando dificultades?

Sin duda, porque el diagnóstico no es completamente correcto y la solución tampoco. Sacar a Varela y a Alejandra Pérez no va a ayudar en nada a mejorar la percepción ciudadana de que la economía no está funcionando como se espera de un conglomerado de derecha.

Tampoco va a revertir la escasa colaboración que el mundo empresarial está teniendo con el Gobierno, algo que por lo demás no logran entender en La Moneda. De seguro, el ministro de Hacienda debe estar teniendo más de un desvelo nocturno intentando comprender por qué varias empresas decidieron aplicar, a partir de marzo, despidos masivos o cerrar industrias relevantes como Maersk, Iansa, Suazo, Griferías Nibsa, entre otras, pudiendo haberlo hecho durante los últimos meses de la administración de Bachelet. De fondo, el problema principal del mandato del Presidente Piñera es que tiene un déficit político.

Veamos qué ha pasado en estos últimos dos meses en la gestión política del oficialismo. Abundantes errores comunicacionales y metidas de pata de varios ministros, disputas internas subidas de tono –como cuando el senador Chahuán dijo que sacaría a patadas a la ex ministra de Cultura, cosa que parece haberse cumplido–, confrontaciones en materia valórica y escaso diálogo entre La Moneda y los partidos, de hecho, en este cambio ministerial ni fueron consultados. A esto se suma el exceso de confianza y ansiedad por instalar un relato abundante en optimismo que le está jugando en contra. Aunque esta vez el Presidente ha sido mucho más prudente que en 2010, cuando dijo que en “veinte días hemos hecho más que en veinte años”, varios integrantes del Gobierno y los partidos de Chile Vamos abusaron de proyectar que se recibía un país casi en ruinas y, por tanto, que las soluciones llegarían muy rápido.

La Moneda ha dado a entender que, a partir del jueves 9 de agosto a las 18.30 horas, se inició la “Segunda Etapa” gubernamental. Además de lo prematuro –eso es esperable al menos al acercarse al año de administración–, pareciera del todo exagerado si el argumento entregado fue que un ministro deslenguado era el autor material e intelectual de la caída en la percepción pública.

Ahora, si de verdad quieren adelantar una nueva etapa, el Ejecutivo necesita hacer un giro que apunte a tener mayor disciplina entre su gente; generar confianzas en el mundo empresarial –que hasta ahora no parecen aliados– y no hacerle exigencias públicas; bajar el tono al optimismo de manera de bajar las expectativas; también abandonar el discurso que apunta a culpar de todo al Gobierno de Bachelet. Esa estrategia ya no está dando frutos, tal vez se justificaba en la campaña o en los dos primeros meses en el poder, después se vuelve sospechosa para los ciudadanos, porque suena a excusa y eso es lo que menos esperan las personas que votaron por el actual Jefe de Estado y se ilusionaron con los “Tiempos mejores”. Pero también eso le permitirá avanzar en la agenda legislativa de los proyectos más complejos, en los que requiere encontrar acuerdos en un Congreso en el que no tiene mayoría. Si todo el día les digo a los miembros de la oposición que son autores de todos los males del país, difícilmente tendrán disposición para aprobar los proyectos estructurales.

Por último, creo que el Gobierno debe estar más preparado para jugar en un escenario en que tendrá rival –alguna vez la oposición resucitará y de seguro será de la mano de las elecciones de gobernadores y alcaldes– y, por tanto, necesita aprender que los errores no forzados están casi siempre asociados al exceso de confianza.

Por de pronto, al nombrar de ministro de Cultura a Mauricio Rojas, esta especie de rockstar, que se deslumbra con las cámaras, que da entrevistas posando de intelectual converso del MIR, que consiguió la portada de El Mercurio para dar a conocer que era el “hombre” detrás de los discursos del Presidente justo en los días en que lanzaba un libro, y que luego nos enteremos que hace dos años afirmó que el Museo de la Memoria era un montaje, el Gobierno podría tener pronto un dolor de cabeza en un ministerio sin mayor impacto político. Y, claro, me imagino cómo se estará riendo Gerardo Varela, en la tranquilidad de su casa, al enterarse que le salió un reemplazante.

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