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Nosotros los “Progre”

por 18 agosto, 2018

Nosotros los “Progre”
Hay una suerte de apresuramiento del Frente Amplio por transformar lo que anda mal que va tensando el tejido social y político, explicable por la frustración y la inercia de la injusticia y el abuso por tantos años, pero que descuidadamente va también despertando la peor versión de la ultraderecha, racista, clasista, intolerante y pinochetista, que no casualmente ha ido en paralelo a la profundización y crecimiento electoral del Frente Amplio, sino que incluso implicó que hoy tengamos a un José Antonio Kast políticamente muy activo, cosa que con los gobiernos de la Concertación y la ex Nueva mayoría simplemente carecía de sentido.
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Está absolutamente claro que Chile necesita transformaciones profundas en sus estructuras sociales y políticas, desde la economía como frente primero de sensibilidad ciudadana, hasta la reestructuración completa de los mecanismos políticos, las instituciones y un largo etcétera. Estas transformaciones son las que se han ido sedimentando en el Frente Amplio, como posibilidad política fundamentada sobre ellas, enarbolando el trabajo de pensar e implementar lo que acertadamente se ha denominada un Chile post-neoliberal.

El punto es que el progresismo que impulsa estas instancias debe ser ajustado en término de maduración política, más allá del fuerte impulso social que concreta su aglutinamiento, el cual no se basta a sí mismo y que como tal va posicionándose como antecedente del proyecto efectivo que se construye en el presente.

Uno de los elementos que sin duda debe ajustarse es el tempo político, porque una ciudadanía en su gran mayoría escéptica -que finalmente es la que se suma o resta a estas propuestas-, se abruma con tantos frentes de acción, que en términos críticos implica asimilar que no todo puede hacerse al mismo tiempo, que hay una contraparte que naturalmente resistirá y que un paso no implica mecánica e inmediatamente el otro, por ejemplo, el caso de la ley de divorcio es muy claro al respecto, porque no sólo no se acabó el mundo como afirmaban los agoreros del terror, sino que hoy ya existe unión civil, ya se habla de matrimonio homosexual, adopción por parejas del mismo sexo, etcétera, es decir, es un tema que se fue dando gradualmente, sin el impacto social y la resistencia que generaría una transformación súbita, y sobre todo, se instaló como un tema a mantener y profundizar, pues nadie ni siquiera ha insinuado que esa ley desaparezca, incluso la misma UDI aportó en estos días para tipificar una nueva causal de divorcio.

En fin, algo de esto ya se está instalando en el debate interno del Frente Amplio, como parte de su propio proceso de ajuste, maduración y definición, el cual se irá desarrollando de manera inteligente, estratégica y con los pies bien puestos en un Chile con un tejido social cada vez más complejo, traumatizado y desencantado, que en su inmensa mayoría quiere transformaciones, pero conscientes, inteligentes y viables, ejes que nos obligan a redoblar los esfuerzos y hacer de la democracia y la participación el punto de inflexión interno, como punto focal de lo que queremos para nuestro país.

Al contrario, terminar con las AFP, pasar a un sistema de salud solidario, gratuidad universal en la educación, aborto libre, cambio en el sistema económico y la repartición de la riqueza, cambio en la forma y estructura de hacer política, la defensa de los territorios, el problema ecológico, etcétera y etcétera, son todos importantes, pero inaplicables de forma inmediata no sólo por no contar con el poder político para hacerlo, sino porque todas esas transformaciones tan necesarias dependen fundamentalmente de lógicas de despliegue e instalación propias de la sociedad civil y la sociedad en general, que no son los tiempos políticos de los partidos y las ideas. En otras palabras, hay una suerte de apresuramiento que va tensando el tejido social y político, explicable por la frustración y la inercia de la injusticia y el abuso por tantos años, pero que descuidadamente va también despertando la peor versión de la ultraderecha, racista, clasista, intolerante y pinochetista, que no casualmente ha ido en paralelo a la profundización y crecimiento electoral del Frente Amplio, sino que incluso implicó que hoy tengamos a un José Antonio Kast políticamente muy activo, cosa que con los gobiernos de la Concertación y la ex Nueva mayoría simplemente carecía de sentido.

Por lo mismo es importante que el progresismo pueda sintetizar todos esos frentes de cambio en una estrategia política inteligente, sólida y de mediano y largo plazo, porque el ritmo de las transformaciones sociales profundas siempre es más lento. Creo que en esto la crítica de Sharp es bastante clara, porque el Frente Amplio en esta premura, ha focalizado sus esfuerzos en cuestiones electorales mucho antes que en cuestiones propiamente políticas, lo que él denomina los “atajos electorales”.

En esto falta pasar de un progresismo apresurado y por lo mismo políticamente ingenuo, a un progresismo pensante y crítico de sí mismo, que en su misma definición como expresión de los movimientos sociales, debe ajustarse a ellos y no viceversa.

Otro elemento que tiene que ver con su definición y proyección, es plantearse problemáticamente si pretende ser una nueva izquierda o una izquierda otra, cuestión aún latente y parte fundamental de su ideario.

En efecto, una nueva izquierda implica una reformulación y refresco de las ideas que fueron viciadas, desfiguradas y traicionadas por la Concertación y la ex Nueva Mayoría, transformando al Frente Amplio en un lugar de acogida para los decepcionados que aún creen en la participación partidista y social, y, por tanto, como un espacio de refundación y actualización de una izquierda para el siglo XXI.

En cambio una izquierda otra es la ruptura con esa proyección política que hunde sus raíces en las viejas claves de lucha e instalación política de la izquierda tradicional, para levantarse desde otras claves de interpretación que sí se ajustan al presente y sus urgencias, porque seamos claros, no es posible que llevemos pensando la política bajo estructuras conceptuales de más de medio siglo, que además representan para la ciudadanía un punto de conflicto y oposición conocido y desgastado, por lo mismo lo que se debe mantener de la izquierda chilena son los valores generales que la inspiran, pero pasando a un nivel de formulación política ajena a una significación social problemática muy marcada, para entrar en un plano de innovación y apertura en el modo que precisamos, abordamos y proyectamos las problemáticas: lo que tenemos claro es el qué, lo que ahora debe pensar el Frente Amplio es el cómo si realmente aspira a ser una verdadera alternativa política, lo demás que quede a la historia de las ideas.

En fin, algo de esto ya se está instalando en el debate interno del Frente Amplio, como parte de su propio proceso de ajuste, maduración y definición, el cual se irá desarrollando de manera inteligente, estratégica y con los pies bien puestos en un Chile con un tejido social cada vez más complejo, traumatizado y desencantado, que en su inmensa mayoría quiere transformaciones, pero conscientes, inteligentes y viables, ejes que nos obligan a redoblar los esfuerzos y hacer de la democracia y la participación el punto de inflexión interno, como punto focal de lo que queremos para nuestro país.

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