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Reforma de Pensiones: hacia un esquema de seguridad social con foco en la solidaridad

por 22 agosto, 2018

Reforma de Pensiones: hacia un esquema de seguridad social con foco en la solidaridad
Creemos que ha llegado el momento en que equiparemos la situación previsional entre hombres y mujeres, aumentando la cobertura del sistema y estableciendo una regulación más estricta del mismo, en que el Estado refuerce su rol regulador y asuma un nuevo papel en la administración de nuestros fondos de pensiones. Solo así reforzaremos dos principios básicos para toda sociedad que desea mejorar el estándar de vida de nuestras personas mayores: la solidaridad y la justicia.
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Cuando hablamos de sistema de pensiones, la inmensa mayoría de los chilenas y chilenos se preocupa. Y se preocupa porque, en Chile, las pensiones que reciben nuestras jubiladas y jubilados están en un 79% por debajo del sueldo mínimo.

En nuestro país, las pensiones están administradas por un sistema privado con baja regulación, que se basa en la capitalización individual y con una carencia absoluta de solidaridad, que viene a complementar negativamente el pago de bajas pensiones.

A nuestro entender, el debate debe tener presente un factor fundamental y que también es parte de la discusión en torno a la agenda de género que se ha desarrollado por años y ha explotado en los últimos meses: la precaria situación previsional de las mujeres en Chile.

Las mujeres cotizamos menos que los hombres. El porcentaje de nosotras que cotiza no supera el 50%. A esto se agrega como factor el hecho de que, producto de las desigualdades en materia salarial que hemos tenido a lo largo de los años, las mujeres cotizamos por una renta menor a los hombres. Además, la esperanza de vida que tenemos es mayor a la de los hombres y somos las primeras en hacernos cargo de enfermos catastróficos o no autovalentes, que en un 75% son cuidados por mujeres.

Las mujeres cotizamos menos que los hombres. El porcentaje de nosotras que cotiza no supera el 50%. A esto se agrega como factor el hecho de que, producto de las desigualdades en materia salarial que hemos tenido a lo largo de los años, las mujeres cotizamos por una renta menor a los hombres. Además, la esperanza de vida que tenemos es mayor a la de los hombres y somos las primeras en hacernos cargo de enfermos catastróficos o no autovalentes, que en un 75% son cuidados por mujeres.

La consecuencia de estos factores, entre otros, es simple y cruda: las mujeres recibimos una pensión mucho menor que los hombres, ampliando la brecha en materia de desigualdad al momento de retirarse del mundo laboral. La tasa de reemplazo que tenemos es de un 31%.

Este es uno de los puntos que como bancada de Senadores Socialistas hemos abordado en el libro Una nueva Propuesta de Pensiones para Chile, que se presenta este lunes en el Museo de Artes Visuales (MAVI) de Santiago.

Podría ahondar en las diferencias entre horas trabajadas entre hombre y mujer, la brecha educacional o el trabajo efectivamente remunerado, pero lo fundamental es destacar que todas las cifras apuntan a una deficiente cobertura previsional en la mujer, producto de largas lagunas previsionales, y menores rentas.

Urge una reforma al sistema que entre sus puntos considere estas implicancias, sobre todo hoy, en que hemos asistido a profundos cambios culturales, como el hecho de que cada vez más mujeres son jefas de hogar y donde el número de familias monoparentales a cargo de mujeres ha aumentado.

Para reducir esta discriminación, la propuesta previsional de los Senadores Socialistas transita desde el individualismo del actual sistema hacia un esquema de seguridad social que pone el foco en la solidaridad.

El aporte de este trabajo es la reducción de la discriminación del sistema hacia los más vulnerables, en particular, las mujeres, al establecer un contrato colectivo de ahorro, con un componente de solidaridad, por sobre el de ahorro individual.

Creemos que ha llegado el momento en que equiparemos la situación previsional entre hombres y mujeres, aumentando la cobertura del sistema y estableciendo una regulación más estricta del mismo, en que el Estado refuerce su rol regulador y asuma un nuevo papel en la administración de nuestros fondos de pensiones. Solo así reforzaremos dos principios básicos para toda sociedad que desea mejorar el estándar de vida de nuestras personas mayores: la solidaridad y la justicia.

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