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OPINIÓN

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Aula Segura y el fin de la oposición

por 31 octubre, 2018

Aula Segura y el fin de la oposición
Gestos como los de actores políticos de centroizquierda –a saber, Pizarro, Letelier o Lagos Weber– hacen que el mundo progresista siga perdiendo credibilidad entre sus votantes. Seguramente, los parlamentarios involucrados habrán, a título personal, obtenido algunos dividendos políticos de parte del Ejecutivo por su colaboración, pero le han hecho un daño tremendo a la centroizquierda y a la posibilidad de construir un bloque opositor coherente y, sobre todo, con proyecciones de constituirse en alternativa de Gobierno.
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Nadie lo habría podido sintetizar mejor que el senador del Frente Amplio, Juan Ignacio Latorre, cuando, no sin cierta ironía para graficar la postal política de que ya había pasado el tiempo de las fotos y las manos alzadas, señaló sobre el proyecto del Gobierno, Aula Segura, que era “muy sui generis estar tratando temas de convivencia escolar en la Comisión de Hacienda”. A buen entendedor pocas palabras.

Más curioso es aún que, luego del fracaso estrepitoso de la iniciativa en la Comisión de Educación, los mismos opositores formales al Gobierno que integran la de Hacienda –Juan Pablo Letelier, Ricardo Lagos Weber y Jorge Pizarro– hayan sido quienes acompañaron al Presidente Sebastián Piñera en su gira por Europa, lo felicitaron hasta más no poder, lo respaldaron a lo largo de todo ese periplo y, luego, sus actuaciones resultaron decisivas para la aprobación de la iniciativa.

Lo cierto es que, esta vez, tienen razón los muchachos del Frente Amplio cuando se niegan a construir acuerdos con políticos opositores de ese talante. Es muy difícil dormir con el enemigo, en especial cuando estos jóvenes no cargan, afortunadamente, con el lastre de Berlín, la Orquesta Roja y otros complejos bipolares de la izquierda tradicional.

Jorge Pizarro, quien retrocedió luego, Ricardo Lagos Weber, con aspiraciones presidenciales, y principalmente Juan Pablo Letelier, a estas alturas ya casi un Nosferatu de la política, son hoy los responsables directos de imposibilitar la construcción de acuerdos opositores, pues con su actuar les dan la razón a las dudas de muchos actores políticos del FA sobre la sustentabilidad política de un arco opositor que, de verdad, comience a sacar al pizarrón al Gobierno de derecha.

A nivel más profundo, gestos como los de estos actores políticos de centroizquierda hacen que el mundo progresista siga perdiendo credibilidad entre sus votantes. Seguramente, los parlamentarios involucrados habrán –a título personal– obtenido algunos dividendos políticos de parte del Ejecutivo por su colaboración, pero le han hecho un daño tremendo a la centroizquierda y a la posibilidad de construir un bloque opositor coherente y, sobre todo, con proyecciones de constituirse en alternativa de Gobierno.

El rey de los brokers

A propósito del régimen portaliano, hace mucho tiempo, junto a Esteban Valenzuela –inspirados en el modelo de Arturo Valenzuela–, insistimos en la instalación en regiones del parlamentario broker, aquel que, en virtud de su posición política privilegiada, se transforman en una verdadera aduana para la aprobación de proyectos emblemáticos del Ejecutivo, en especial si se es miembro de la coalición gobernante.

En el contexto de una institucionalidad política por el suelo, partidos destruidos y desprestigiados, no existe autoridad alguna con la moral suficiente para llamarlos a terreno. Hacen lo que hacen: andar solos por la vida intentando reelegirse hasta que, alguna vez, una ciudadanía anémica, se aburra y les pegué definitivamente la patada en el trasero que, hace tiempo, se merecen o los electores terminen finalmente optando por los Bolsonaro que les prometan –a cambio de unos pocos beneficios– acabar de una vez por todas con “los políticos corruptos”, ya que estos nunca se dan por aludidos.

La transición, sin embargo, nos enseñó que tal figura no se extiende solo a los parlamentarios oficialistas, sino que puede alcanzar, en especial cuando se es senador, a algunos legisladores hipotéticamente adversarios.

En tal sentido, el anterior mandato de Piñera fue una verdadera escuela y no somos pocos los que nos acordamos de los apoyos cruzados de Alejandro Navarro, Hosain Sabag y en especial de Letelier, entre algunos emblemáticos que recuerdo de esa administración –ni hablar de la Ley de Pesca–, como el soporte incondicional del senador por O’Higgins al Plan de Reconstrucción, mientras se exhibía en uno de los barrios siniestrados junto al Presidente Piñera, Andrés Chadwick y el entonces intendente Rodrigo Pérez Mackenna. En paralelo y a la misma hora, el diputado DC, Juan Carlos Latorre, interpelaba a la ministra de Vivienda, Patricia Matte, por el atraso en la reconstrucción posterremoto, hecho que era criticado no solo por actores políticos sino que por arquitectos, urbanistas y especialistas en vivienda.

Los que vivimos en esta región azotada por la corrupción y las malas noticias –la cofradía de curas pedófilos y recientemente el asesinato del concejal socialista de Pichidegua (tomen nota autoridades: ya se puede matar a un político)–, ya estábamos acostumbrados al estilo de Letelier mientras gobernaba la Concertación –como cuando José Miguel Insulza lo salvó el 2004 por su rol en las irregularidades de la escuela de conductores Siglo XXI o cuando zafó del escándalo de las plantas de revisión técnica–, pero no dejamos de sorprendernos cuando dicho papel se extendió a la primera administración de derecha.

Son los tiempos en que el conocido senador socialista se ufana, entre sus cercanos, de su proximidad con el Presidente en virtud de su vínculo parental con la esposa del Mandatario.

Y es que la definición de los brokers de Arturo Valenzuela se quedó chica respecto de nuestra política actual. Hoy son senadores de oposición los que realmente gestionan y viabilizan las políticas del actual Gobierno. A cambio, ellos perpetúan sus redes clientelares en el Estado a costa de desangrarlo lentamente y, por supuesto, del manejo de ciertas carteras sectoriales, en las que Vivienda es de las favoritas como antes era Transportes, junto con la distribución de sus recursos.

La impudicia

Antes había cierto cuidado en las formas, en cuidar las apariencias: se era parlamentario oficialista o de oposición, pero no se podía estar en ambos bandos. Los partidos eran aún vigorosos y los militantes aún no se aburrían de reclamar cuando sus dirigentes cruzaban la frontera.

Hoy, el asunto cruzó todo límite. Letelier parece senador oficialista y no solo acompaña al esposo de su prima en las giras internacionales, sino que señala, por ejemplo, a propósito de la escandalosa corrupción en el alto mando de las Fuerzas Armadas, que “el gobierno ha actuado en la línea correcta”, cuando todos sabemos que hace lo mínimo. Luego, respecto a las frases del Mandatario sobre Bolsonaro, se lanza una propia que parece más explicación que critica: “Lo traiciona su formación de economista”, como si la economía y los valores no formaran parte de la política, evidenciando de paso su nula sensibilidad socialista.

Antes de eso, en relación con el fallo de La Haya sobre Bolivia, indicó que “nosotros siempre nos opusimos a que se fueran más allá de la relación bilateral, Bolivia insistió, fue derrotado, no hay más que seguir en ese tema". Ni el canciller Roberto Ampuero habría logrado una declaración mejor y luego, en un foro de izquierda, dice que “ya ganamos y esa debiera ser la actitud política nuestra”, alineándose con la versión oficial de La Moneda, cuando lo legítimo habría sido, de paso, criticar la ley de pesca y abogar, también, por restituir el mar y sus recursos a los millones de chilenos. Cosa difícil en él, en especial cuando votó favorablemente la controvertida ley y fue tratado como “amigo” por el ex gerente de Corpesca, Francisco Mujica, quien ordenó a un subalterno, en el contexto de su tramitación, que “el lunes hay que acercarse al senador Letelier para que nos apoye”, lo que finalmente logró.

Ahora, en el acuerdo de Aula Segura, desempeñó un rol clave como miembro opositor de la comisión donde se decidió el tema, que por cierto tuvo avances y mejoras respecto del proyecto original del Gobierno, como la suspensión. El punto es que la iniciativa no toca ni aborda el principal problema de la educación chilena: el origen de la violencia y la segregación escolar, motivos suficientes para que, si hubiésemos tenido una oposición coherente y férrea, pudiera haberse perfectamente no legislado.

Epílogo

Pero con actores políticos como los mencionados es imposible, pues en el contexto de una institucionalidad política por el suelo, partidos destruidos y desprestigiados, no existe autoridad alguna con la moral suficiente para llamarlos a terreno. Hacen lo que hacen: andar solos por la vida intentando reelegirse hasta que, alguna vez, una ciudadanía anémica, se aburra y les pegué definitivamente la patada en el trasero que, hace tiempo, se merecen o los electores terminen finalmente optando por los Bolsonaro que les prometan –a cambio de unos pocos beneficios– acabar de una vez por todas con “los políticos corruptos”, ya que estos nunca se dan por aludidos.

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