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Las multinacionales de los libros: la rana y el escorpión que muerde a Filsa 2018

por 7 noviembre, 2018

Las multinacionales de los libros: la rana y el escorpión que muerde a Filsa 2018
Una vez más las multinacionales, en su afán constante de poder absoluto, de tener el control de todo, de lucrar más y de manera rápida, juegan el rol de destructores del ecosistema en el cual viven. La historia la conocemos, y una y otra vez la repetimos, pero nunca es tarde para despabilarnos y activar las solidaridades que ayuden a resistir el dominio del dinero, como dice el sociólogo Pierre Bourdieu al describir el campo cultural y editorial como ese espacio en continua tensión entre el polo comercial y el polo del arte.
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Cada año, la Feria internacional del Libro de Santiago, Filsa, es el escenario de nuevos debates y polémicas. Este año, que nuevamente las tensiones del mundo del libro se reaviven durante su desarrollo, no es una sorpresa. Lo que no deja de impresionar es cómo se manifiesta esta nueva crisis y los efectos que ello puede tener.

En el 2014 las multinacionales del libro que operan en Chile, junto a un par de editores locales, se escinden de la Cámara del Libro y fundan la Corporación del Libro y la Lectura, constituyendo así la cuarta agrupación editorial, después de la Cámara Chilena del Libro, Editores de Chile y la Cooperativa de Editores de la Furia. Las cuatro agrupaciones reúnen parte significativa de las editoriales chilenas y extranjeras presentes en el país, a lo que hay que agregar varias editoriales no agrupadas, entre las que se cuentan muchas editoriales cartoneras y un polo de editoriales anarquistas.

Desde el mismo 2014, la Corporación entra en fuerte disputa con la Cámara por el control de Filsa, intentando incluso usurpar la marca, la que tuvo que devolver por un fallo en su contra del Instituto Nacional de Propiedad Industrial. Este año, ante el fracaso de sus acciones, deciden lanzar su propia feria, pero a diferencia de Editores de Chile y de la Cooperativa de Editores de la Furia, actores de la Primavera del Libro y de la Furia del Libro, antes y después de Filsa, respectivamente, la Corporación decide realizar su feria el “Festival de Autores” al mismo tiempo que Filsa, en la Universidad Católica y en el GAM, desatando además una fuerte campaña de desprestigio en torno a la feria de la Estación Mapocho.

La Corporación entra en fuerte disputa con la Cámara por el control de Filsa, intentando incluso usurpar la marca, la que tuvo que devolver por un fallo en su contra del Instituto Nacional de Propiedad Industrial. Este año, ante el fracaso de sus acciones, deciden lanzar su propia feria, pero a diferencia de Editores de Chile y de la Cooperativa de Editores de la Furia, actores de la Primavera del Libro y de la Furia del Libro, antes y después de Filsa, respectivamente, la Corporación decide realizar su feria el “Festival de Autores” al mismo tiempo que Filsa, en la Universidad Católica y en el GAM, desatando además una fuerte campaña de desprestigio en torno a la feria de la Estación Mapocho.

Por casi más de una década, desde la Asociación de Editores de Chile hemos sido críticos con Filsa, y hemos promovido un cambio profundo en el modelo que muestra evidentes signos de agotamiento. Siendo la Feria Internacional del Libro el mayor evento del libro de nuestro país, que recibe importantes apoyos públicos directos e indirectos, es fundamental relevar su carácter cultural por sobre el fin comercial, democratizar el acceso, repensar la programación cultural, posibilitar una presencia de todos los actores del mundo del libro sin barreras de entrada y lógicas de apartheid como históricamente se vio –las multinacionales desplegadas a sus anchas en la nave central y la edición local apretada en los márgenes–, y avanzar hacia una organización conjunta, entre otros puntos.

Año a año, estas demandas encontraron un rotundo rechazo. Las multinacionales, hoy en la Corporación, una y otra vez se negaron a ceder un centímetro de su feudo, mientras sus stands crecían de más en más y el espectáculo continuaba. Habiendo estas abandonado la Cámara, se inició un lento proceso de avances con los organizadores de Filsa, y una de sus expresiones fue ver el stand de la Furia del libro y de Editores de Chile en la nave central. Que hoy, quienes estuvieron a la cabeza de su organización por años y que jamás aceptaron cambios sean los paladines de su democratización, es un mal chiste.

A decir verdad, el carácter jocoso podría estar en la condición trasvestida de su autodefinición, desde asumirse organizativamente como una Corporación sin fines de lucro, a favor del libro y la lectura, hasta organizar un Festival de Autores. ¿Quiénes son los autores según ellos? Intentan hacer creer que el mundo de los autores se limita al best seller; si no venden, no entran o se les excluye del catálogo.

Descartes decía “pienso, luego existo”, parafraseándolo en la lógica de estos conglomerados, la máxima sería “vendo, luego existo”. Pero todos sabemos que los creadores de obras literarias, artísticas o científicas, como se definen en primera instancia, son autores por el hecho de pensar, de crear, de deliberar, no de vender. En tal sentido, ha sido una pena que algunos autores de estas editoriales se alineen tan dócilmente a sus intereses y obedezcan a sus infantiles indicaciones, dejando de visitar Filsa como se les orientó, y prestándose también para desprestigiarla, relevando algunas de las fallas que nunca antes vieron.

Felizmente la riqueza y diversidad del mundo del libro, no se define porque estén o no estén sus piras de libros expuestos. Con todas las carencias y debilidades existentes, con todos los desafíos que nos presenta Filsa por delante, el bello escenario de la Estación Mapocho sigue siendo un espacio privilegiado para encontrarse con parte significativa de la producción editorial de Chile, de Perú –país hermano invitado este año– y de otros países de la lengua, para encontrarse con autores, editores, libreros, distribuidores y lectores.

Filsa no es una feria como otras. Asisten los lectores, pero también personas que tienen una relación mucho más frágil con el mundo del libro, allí radica la importancia de dicho espacio, y allí también se centra lo lamentable de la política de las multinacionales del libro al desprestigiarla. Lograr acercar al mundo del libro a un sector cada vez más amplio, mantener un vínculo con esos lectores poco habituales que no visitan librerías ni bibliotecas, pero sí una vez al año visitan Filsa, es un gran desafío que hay que cultivar y potenciar, intentando contribuir a transformarlas en personas con un interés constante en el libro.

Recientemente apareció un gran estudio del Ministerio de Cultura en Francia que da cuenta de que, pese a que hay más museos, libros, danza y obras de teatro, sigue siendo la misma parte de la población que accede a ellos, de manera más asidua, pero esa oferta cultural que crece no lograr conectar a casi el 50% de la población que está al margen de esas manifestaciones. Sin duda, nuestra realidad es mucho más precaria que la francesa, por lo que dañar el frágil tejido en torno a Filsa es destruir un vínculo que ha costado años mantener, y que no habiéndolo cultivado y potenciado como pudieron haberlo hecho, hoy sabotearlo podría significar un fuerte golpe a todo el ecosistema del libro, y finalmente a ellos mismos.

Una vez más las multinacionales en su afán constante de poder absoluto, de tener el control de todo, de lucrar más y de manera rápida, juegan el rol de destructores del ecosistema en el cual viven. En el mundo del libro se han opuesto a la reducción del IVA, al precio fijo, se han opuesto a abrir espacio y que la edición local se releve, se han opuesto a la consolidación de una industria local del libro. Sabemos del actuar de las multinacionales y el gran capital también en otros ámbitos, es cuestión de ver cómo está el medio ambiente, la política de la ganancia rápida no importando los costos tiene al planeta en la grave crisis que conocemos. Su política recuerda la fábula del escorpión y la rana, atribuida a Esopo. La rana acepta ayudar al escorpión a atravesar un río bajo la promesa de que este no le hará daño, pues, si la pica, ambos mueren. A mitad del río, el escorpión pica a la rana. Sorprendida esta le dice cómo ha podido hacer eso, ambos morirán. El escorpión responde “lo lamento, es mi naturaleza”.

La historia la conocemos, y una y otra vez la repetimos, pero nunca es tarde para despabilarnos y activar las solidaridades que ayuden a resistir el dominio del dinero, como dice el sociólogo Pierre Bourdieu al describir el campo cultural y editorial como ese espacio en continua tensión entre el polo comercial y el polo del arte.

Es hora de liberarnos del colonialismo cultural que nos domina y de actuar juntos, buscando abrir un círculo virtuoso para el libro y la lectura en Chile. Esto exige un asiduo y continuo trabajo conjunto entre las instituciones públicas y la sociedad civil, como pretende la Política Nacional de la Lectura y el Libro, poniendo al centro la democratización del libro en la sociedad chilena y el fortalecimiento de un ecosistema local que exprese toda nuestra diversidad cultural, que permita potenciar la producción intelectual propia y genere caminos de circulación recíproca con la creación de otros países de la lengua y del mundo.

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