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Nivel crítico de aguas subterráneas en Coquimbo no sería por causas naturales

por 14 noviembre, 2018

Nivel crítico de aguas subterráneas en Coquimbo no sería por causas naturales
Los pozos evidencian una caída superior en la proporción de tendencias a las que muestran los caudales medios y máximos. Y si eso se liga a que las precipitaciones se han mantenido en el tiempo, al menos sin tendencias significativas que lo denoten en los 30 años analizados, entonces parece que la causa más probable de impacto en la menor disponibilidad de agua está relacionada con la "excesiva presión" a que han sido sometidos los recursos hídricos en la Región de Coquimbo.
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Sabemos que el agua es el recurso natural más importante del país, pero no está de más reiterar las razones. En él descansan los principales sectores productivos de Chile: minero, forestal, agrícola, industrial, sanitario, turístico y energético que, en conjunto, representan más del 60% del PIB, según cifras de la ex Delegación Presidencial de Recursos Hídricos.

Esto es, toda la estructura productiva del país está relacionada con el agua y, si se asume que Chile ha tenido un importante crecimiento económico, existe una evidencia incontrastable de que para alcanzar dicho crecimiento, el país debió haber usado volúmenes incrementales de agua para sostener dicho proceso.

De lo anterior, se desprende que en Chile ha existido una creciente demanda por agua y que dicha demanda no es posible que solo haya sido satisfecha con recursos superficiales, sino con la extracción de las reservas subterráneas. Este proceso no ha considerado aspectos que compensen los desequilibrios hídricos a nivel de las cuencas hidrográficas y de los acuíferos afectados, como tampoco la búsqueda de fuentes alternativas, como el reciclaje de las aguas, la recarga de acuíferos o el uso adecuado de las aguas lluvias.

 Nuevamente surge la necesidad de conocer cuáles son las reales demandas y las reales ofertas de un determinado ecosistema, porque a partir de esa ecuación es posible determinar si las actividades productivas son posibles de ser llevadas a cabo sustentablemente en el tiempo y evidenciar, a su vez, si no se están afectando los equilibrios hídricos y, por consiguiente, la capacidad de recuperación y preservación de los ecosistemas en amplias áreas del país, sobre todo cuando nuestro crecimiento económico depende del consumo de agua.

Ahora bien, aunque los escenarios de variabilidad y cambio climático, evidenciados algunos y otros en desarrollo, definen situaciones de escasez hídrica para distintas zonas del país, tanto en el corto como en el largo plazo, resulta difícil pensar que solo una menor oferta de agua sea la responsable de las situaciones críticas que el país está enfrentando, especialmente en zonas áridas y semiáridas.

Para tenerlo claro, cuando se habla de cambio climático se hace mención a un cambio del clima que está sobre la natural variabilidad climática, es decir, es una situación que no ha ocurrido antes o su probabilidad de ocurrencia excede a los registros o evidencia histórica disponibles. Así, por ejemplo, si alguien señala que en Copiapó cayeron en un año 800 mm de lluvia, entonces ese hecho determina un escenario de cambio climático porque no se poseen registros históricos o antecedentes relativos a vivencias de personas de que esto se hubiese producido precedentemente. O si en Aysén, donde llueven sobre 3500 mm al año, se evidencia que en un solo año cayeron 1000 mm, entonces se está ante situaciones evidentes de cambio climático, porque sobrepasan a la natural variabilidad que presentan las variables en una zona, en este caso las precipitaciones.

En este contexto, una zona del país que es motivo de una importante presión sobre los recursos hídricos es la Región de Coquimbo, en donde la minería, el turismo, la agricultura y la expansión urbana, han determinado un aumento en el consumo del agua, aspecto que se ha marcado en forma nítida desde inicios de los años 90 a la fecha, en un incremental que, al menos en el mundo de las urbanizaciones y proyectos inmobiliarios, se advierte a simple vista. En este marco, las ofertas de agua en Coquimbo provienen de las precipitaciones caídas, por una parte, las cuales como mucho llegan en promedio a los 200 mm al año, y de la acumulación de nieve en la alta cordillera, lo que se verifica en los deshielos respectivos.

Frente a este marco, en el Centro Tecnológico de Hidrología Ambiental de la U. de Talca analizamos en primer lugar el comportamiento de las precipitaciones en los últimos 30 años, en un lapso que va de 1984 a 2014, y sobre la base de estaciones pluviométricas de la Dirección General de Aguas distribuidas en la Región de Coquimbo.

Esas series se analizaron a nivel de los meses del año y se les aplicó una herramienta estadística matemática que permite señalar si tales series de datos denotan una tendencia o crecimiento positivo o decrecimiento negativo y si esas tendencias positivas o negativas, son significativas o no. Por ejemplo, si la tendencia es positiva y nos dice que en los 30 años la tendencia es positiva en 2 mm de lluvia, entonces, aunque sea positiva, es evidente que no es significativa. Para ello se aplicó la prueba de Mann Kendall, que permite analizar estos aspectos.

En ese marco fue posible detectar que de las precipitaciones a nivel mensual y en un total de 448 series analizadas, en un 63% de ellas presentan tendencias negativas en los 30 años analizados y un 37% son positivas. Pero lo medular es que ninguna serie es significativa. En otras palabras, las lluvias más o menos han mantenido su tendencia en la región en los últimos 30 años, con una mayor presencia a la baja en el tiempo, pero sin ser significativas.

Lo interesante surge cuando se analizan los caudales máximos mensuales (el valor más alto del mes) en distintas cuencas controladas por estaciones fluviométricas de la Dirección General de Aguas y para el mismo periodo (1984-2014). Así, se pudo observar que a nivel mensual, en un total de 120 series analizadas, existen 119 tendencias negativas, de la cuales casi la mitad, el 49,2% son significativas negativas. Esto habla de que los caudales máximos, que son en función de lluvias intensas y más que nada de los deshielos en esta región del país, están disminuyendo producto quizás de una menor acumulación de nieve en la alta cordillera, por la subida de la isoterma cero o por una menor aportación de precipitación sólida. Sea como sea, aquí hay un aspecto interesante de evaluar, cuando la mitad de las tendencias son negativas y significativas.

Pero ¿qué pasa con los caudales medios que reflejan el valor promedio de los días del mes? La respuesta es similar, porque se evidencia que un 52,5% denota tendencias negativas y significativas, es decir, nuevamente la mitad, con solo una tendencia positiva y no significativa. Y esta parte de los caudales ya responde más al almacenamiento de agua en los acuíferos, toda vez que los caudales en periodos de la estación seca, que en esta región alcanzan a un lapso superior a nueve meses, en su mayoría provienen de volúmenes de aguas subterráneas, que son aguas almacenadas previamente en las cuencas.

En este contexto, es importante considerar el comportamiento de los pozos, desde donde se extrae para su uso el agua subterránea y para diversos fines. Así y en lo que se refiere a su nivel estático, es decir, cómo se ha comportado la altura de agua en el mismo periodo y a nivel mensual, fue posible analizar 60 series de datos mensuales, entre los años 1984 y 2014, que muestran el nivel del agua desde la superficie o nivel cero del suelo, hasta el nivel del agua.

Lo resultados son altamente determinantes, porque se ha incrementado, y significativamente en el 80% de las series analizadas, la profundidad o distancia entre el nivel cero del terreno y el nivel del agua en profundidad, lo que habla de un descenso notable del nivel freático en el tiempo. Esto solo podría ser atribuible a un mayor consumo de estos recursos en el tiempo, toda vez que los acuíferos o las aguas subterráneas se recargan en el tiempo y con gran dificultad, teniendo tiempos de residencia del agua en la zona subterránea de más de 10 años sin problemas. Por ende, se está hablando de una situación que dice que los recursos hídricos subterráneos están siendo sometidos a una presión que evidencia una caída preocupante en su nivel y que puede atribuirse como principal causa al sobreúso a que ha sido sometido en los últimos 30 años.

¿Que esto también podría ser consecuencia del cambio climático? Evidentemente puede estar ligado a una menor oferta de agua sólida (ya se vio que las precipitaciones no han disminuido significativamente), pero los pozos evidencian una caída superior en la proporción de tendencias a las que muestran los caudales medios y máximos. Y si eso se liga a que las precipitaciones se han mantenido en el tiempo, al menos sin tendencias significativas que lo denoten en los 30 años analizados, entonces parece que la causa más probable de impacto en la menor disponibilidad de agua está relacionada con la excesiva presión a que han sido sometidos los recursos hídricos en la Región de Coquimbo.

Esto implica no haber contado con una visión de planificación de largo plazo, que consulte la sustentabilidad de los ecosistemas, por una parte, y la mantención de las estructuras productivas, por otra. Y nuevamente surge la necesidad de conocer cuáles son las reales demandas y las reales ofertas de un determinado ecosistema, porque a partir de esa ecuación es posible determinar si las actividades productivas son posibles de ser llevadas a cabo sustentablemente en el tiempo y evidenciar, a su vez, si no se están afectando los equilibrios hídricos y, por consiguiente, la capacidad de recuperación y preservación de los ecosistemas en amplias áreas del país, sobre todo cuando nuestro crecimiento económico depende del consumo de agua.

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