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La cara pendiente de la discapacidad en el marco de la nueva ley de inclusión laboral

por 1 diciembre, 2018

La cara pendiente de la discapacidad en el marco de la nueva ley de inclusión laboral
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Hoy estamos viviendo un momento histórico en cuanto a la diversidad e inclusión de personas con discapacidad. Por primera vez la discapacidad está presente con fuerza en el debate público, porque la sociedad ha subido sus estándares en su compromiso con esta comunidad, empujada por una ley que exige que el sector privado y público bajen las barreras, se atrevan y sean más inclusivas.

Así, si bien hasta hace unos meses sabíamos que el 61% de la población con discapacidad no participaba en el mercado laboral y que el 53.9% de las personas con discapacidad no contaba con asistencia y que decía no necesitarla y por tanto tenía posibilidad de trabajar, hoy estos números han cambiado y se hace más necesario que nunca tomar el pulso al contexto actual. Pero no todo se trata de números, también hay que ser responsables y realistas con los factores humanos que están detrás de este cambio social. Ahí estamos al debe. Seguimos enfrascados en reforzar o innovar a través del desarrollo de herramientas profesionales y laborales ¿pero entendemos que hay un mundo de factores personales y psicosociales que determinan el nivel y el éxito en la inclusión que tenga una persona con discapacidad? Nos referimos a cómo lidiar con contextos vulnerables, a la capacidad de autogestión y de autonomía, a la protección familiar y al temor a la discriminación, entre muchos otros aspectos. Todos ellos marcan la diferencia entre una persona que, independiente si tiene o no capacidades profesionales, siente que puede hacer y ser más en su vida y otra que siente que todo estará determinado por su discapacidad.

Con nuestro programa TransformarSE, que lanzamos junto a autoridades, empresas y sociedad civil, nos pusimos el desafío de abordar, explorar y generar conocimiento respecto a esta dimensión social. A partir del apoyo de un grupo de expertos y de mentores, muchos de ellos con discapacidad y otros desde un rol inspiracional, reunimos y trabajamos con un grupo de beneficiarios pero también con sus redes de apoyo, porque sabemos que esta última es crucial para ir rompiendo los círculos que son parte del contexto de la diversidad. Con ellos estamos creando un ciclo de apertura, aprendizaje y colaboración para que miren desde otra perspectiva el contexto de la discapacidad y para que adquieran herramientas que les permitan situarse en otro punto, transmitir quienes son y qué pueden hacer de otra manera a su entorno y también a las nuevas redes que armarán a partir de esta nueva experiencia, aportando así a que otros también puedan transformar su mirada, generando un efecto multiplicador.

En estas semanas nos ha sorprendido cómo somos muchos los que estamos en esta cruzada de cambio, de modernidad, de transformación. Ya no queremos más autocomplacencia, ni caridad, queremos personas empoderadas y entornos comprometidos, pero sabemos que eso comienza en las personas con discapacidad porque son ellas las que deben creer en su potencial, en su capacidad, pero también creemos que se necesitan apoyos para hacerlo realidad.

Hoy son muchos los factores que inciden en una ley que avanza lento, conforme también al tamaño del desafío, pero el factor humano en ella es clave y el primer pendiente que tenemos es reconocerlo, relevarlo y tomar acción al respecto.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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