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La izquierda perdida en el espacio

por 23 febrero, 2019

La izquierda perdida en el espacio
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La izquierda se encuentra sumida en una crisis mayúscula, y en tanto no la reconozca, difícilmente saldrá de ella. Lo que eran, y son, sus modelos de sociedad, están haciendo agua por todas partes. ¿Qué es ser de izquierda hoy? En el mundo en que estamos inmersos, cuesta identificarla.

¿Cuál es nuestro modelo de sociedad? ¿El de Corea del Norte? ¿El de Cuba? El del socialismo bolivariano? ¿El de China? Confieso que ninguno de ellos me interpreta. Ninguno de ellos se caracteriza por la no violencia, por el contrario, se arman a más no poder sacrificando generaciones. Tampoco se caracterizan por el desarrollo, el genuino, el del ser humano en su plenitud en armonía y en paz con la naturaleza.

Las crisis humanitarias se extienden en el mundo, bajo los distintos modelos de sociedad dominantes. Ahora el acento está puesto en Venezuela, por oscuros intereses que nada tienen que ver con el humanismo, pero también lo está en África, en Haití, en Siria y en muchos otros países. Y allí donde EEUU ha intervenido con la excusa de llevar ayuda humanitaria, el resultado ha sido calamitoso. Los conflictos en vez de reducirse, se agudizan.

En este contexto, ¿dónde está la izquierda? ¿cuál es su postura? ¿qué significa tener como domicilio a la izquierda? Y lamentablemente la división aflora por desacuerdos respecto del modelo de sociedad que queremos. No basta con estar unidos contra algo si no se tiene en común un modelo de sociedad.

La sociedad estadounidense no es mi modelo, entre otros muchos motivos, por basarse en el individualismo y el militarismo. Tampoco es mi modelo lo que son o han sido los países de la órbita comunista o socialista, China, lo que fue la Unión Soviética, Cuba, porque el poder político tiende a ser monopolizado por un único partido y a sacrificar libertades por generaciones en aras de un hipotético desarrollo futuro que rara vez se hace presente. Ambos modelos tienen una impronta imperial de dominación que no puedo sino rechazar.

La izquierda, y el humanismo en particular, deben desprenderse de sus demonios, liberarse y creer de verdad, siempre y en todo lugar en la no violencia activa, en la desobediencia civil, en la lucha por las libertades y el pleno respeto por los derechos humanos y el desarrollo de la persona como tal.

Eso implica no respaldar regímenes militares, cualquiera sea su naturaleza, impulsar siempre soluciones de carácter políticas, entendida la política como el espacio de resolución pacífica de conflictos, los cuales son inherentes a toda convivencia humana; implica promover el pleno desarrollo de las potencialidades y capacidades de cada uno de nosotros, la solidaridad; implica reconocernos con distintos intereses con los cuales debemos concatenarnos como las piezas de quien arma un puzzle o ensambla las notas de una partitura musical para que emerja una música celestial; implica renunciar al armamentismo conducente a la imposición de unos sobre otros; implica ser consistentes y consecuentes.

¿Es mucho pedir?

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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