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¿Fatiga del material humano en materia de Inteligencia?

por 13 agosto, 2019

¿Fatiga del material humano en materia de Inteligencia?
Hemos visto de qué manera algunas de las instituciones encargadas de la inteligencia reclutan su personal. Dicen una cosa y hacen otra. Se dice que hay una escuela de inteligencia, que los candidatos son sometidos a un período de entrenamiento. No es así. Llegan personas completamente inexpertas, que nunca han escuchado hablar de inteligencia, personas que se han desempeñado en otros ámbitos, que trasladan prácticas imprudentes al ciclo de inteligencia, llegan porque no tienen trabajo y son amigos o parientes de. Personas que dan la impresión de que podrían desempeñarse bien y el tiempo lo dirá. Funcionarios que carecen de la cultura más elemental respecto de temas técnicos, de procesos de análisis, manejos conspirativos, apreciaciones de gran alcance nacional.
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Se afirma que no hay inteligencia en Chile. Sabemos, sin embargo, que hay organismos, reglamentos, misiones, organigramas, actividad, comunicación, gastos crecientes, enlaces internacionales, capacitaciones, personas y funcionarios.

Todo eso existe sin duda. Pero cada vez más voces nos dicen que no hay inteligencia, que no hay resultados, que los hechos ocurridos no se aclaran, que la delincuencia crece, el terrorismo crece, que no hay anticipación.

¿Entonces? Puede ser peor.

Vemos que la policía ante la ausencia de resultados investigativos inventa resultados. No vamos a contar de nuevo las historias del Caso Bombas, Huracán, etc. Vemos que el dinero destinado a inteligencia se gasta en asuntos personales de comandantes en jefe, vemos crecientemente que se descubre vínculos de narcos con policías, o policías haciendo quitadas por su cuenta, o soldados robando y vendiendo fusiles. También adquisiciones truculentas que hay que investigar para saber qué pasó.

Todos ellos dados de baja de inmediato, obvio. Otros procesados. Presentadas las querellas de siempre para saber más y cómo ocurrió y pasa el tiempo y se siguen haciendo anuncios de reformas, cambios drásticos, nuevas miradas: ahora sí que sí.

Si un documento que contiene el Plan Nacional de Inteligencia de Chile, elaborado por la Agencia Nacional de Inteligencia es evaluado en el Gobierno como mamarracho y que debió ser corregido y reducido por los analistas de la Dirección de Inteligencia de la Defensa y un diario se atreve a publicar aquello sin ser desmentido hasta ahora, si funcionarios de dicha Agencia y personal del OS-9 de Carabineros se enredan en la toma de evidencias en una oficina de Correos de Chile para investigar un atentado terrorista  y el Ministro del Interior en persona tiene que deshacer el enredo por teléfono y lo informa un diario también, si se envía una modificación a la ley 19.974 consistente en agregar el uso de agentes encubiertos para investigar terrorismo porque todos los demás medios intrusivos ya están definidos y deberían estar activos tales como fotos, escuchas, seguimientos, informantes, videos, interferencias electrónicas. O recomendar que cuando algún organismo no entregue información a otro este puede acusarlo al Presidente de la República, convencidos de que eso mejorará las relaciones entre los organismos de la comunidad y no todo lo contrario.

¿Entonces?

O los jefes no leen las leyes y las atribuciones que tienen o no tienen, o los funcionarios desconocen sus misiones o no las cumplen porque creen que se puede, o las coordinaciones interagencias no funcionan, o el dinero circula en cualquier dirección y el personal con poder se apropia de él.

En fin, lo que falla es la gente.

En esas condiciones no veo cómo se puede mejorar el estado de situación de nuestra inteligencia. Cualquiera sea el rediseño, nuevas atribuciones o controles y exigencias serán inútiles, tiempo perdido, si quienes deben darle funcionalidad a todo ello fallan, se corrompen, mienten, no colaboran, actúan con autarquía, carecen del debido profesionalismo y de las competencias pertinentes.

¿Qué hacer entonces?

Hemos visto de qué manera algunas de estas instituciones reclutan su personal. Dicen una cosa y hacen otra. Se dice que hay una escuela de inteligencia, que los candidatos son sometidos a un período de entrenamiento. No es así. Llegan personas completamente inexpertas, que nunca han escuchado hablar de inteligencia, personas que se han desempeñado en otros ámbitos, que trasladan prácticas imprudentes al ciclo de inteligencia, llegan porque no tienen trabajo y son amigos de o parientes de. Personas que dan la impresión de que podrían desempeñarse bien y el tiempo lo dirá. Funcionarios que carecen de la cultura más elemental respecto de temas técnicos, de procesos de análisis, manejos conspirativos, apreciaciones de gran alcance nacional.

Me refiero a la Agencia Nacional de Inteligencia.

Pero puede ser aún peor. Ello ocurre cuando el conductor estratégico no hace uso de sus atribuciones temiendo el efecto que estas tendrán en su entorno político o en relaciones cercanas, o cuando ese conductor convoca a otros y estos no responden como debieran y se dañan la capacidad para hacer estimados nacionales y otras apreciaciones de rango menor y más urgentes.

¿Qué se gana con agregar a los agentes encubiertos a una institución que ha despedido a los funcionarios con experiencia en los manejos conspirativos y deberán actuar personas que no saben diferenciar entre una penetración y una infiltración? Personas que desconocen las complejidades que significa seleccionar, reclutar, instruir y conducir a un funcionario que se convierte en agente encubierto, crear los perfiles necesarios a las circunstancias operativas, delimitar las áreas de operación, preparar las condiciones para una extracción de emergencia de ser necesario, asegurar la idoneidad del seleccionado, su resistencia ante las tensiones, ante el cambio de vida, Asegurar el apoyo conspirativo de su entorno, las dificultades psicológicas en el transcurso del tiempo, llevar adelante un serio esfuerzo de atención y dirección?

Además, todo el esfuerzo puede caer en el vacío cuando quien debe recibir este asesoramiento de alto nivel cree que no lo necesita. Esa ausencia de apoyo estratégico especializado y meticuloso debería haber evitado las Cucutas, perder la ruta del programa de gobierno, hundirse en la improvisación, no saber que existen los estudios prospectivos que nos dicen como viene el futuro.

Rescato el excelente documento publicado por el diario La Tercera que contiene una propuesta para mejoramientos del Sistema Nacional de Inteligencia, elaborado por Juan Pablo Toro que sabe muy bien de qué está hablando. Su propuesta es vigorosa, coherente y sería eficaz, siempre y cuando las personas a cargo sean otras. Siempre y cuando los conductores estratégicos sean otros, los operadores conspirativos sean otros, cuando se logre disponer de verdaderos agentes encubiertos, quiero decir, cuando el factor humano sea relevante en la implementación de estos diseños.

Pero estamos al interior de un modelo que genera este tipo humano, aprovechador, inescrupuloso, politiquero, falso, indolente, ineficaz, que piensa que es exitoso comportándose así, inútil para la seriedad de lo que hay que hacer. Cambiemos la gente, elijamos con cuidado, con seriedad y entonces tendremos inteligencia en Chile.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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