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Carta a lxs primerxs alienígenas Opinión

Carta a lxs primerxs alienígenas

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Aldo Torres Baeza
Por : Aldo Torres Baeza Politólogo. Director de Contenidos, Fundación NAZCA
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¿Quién habrá sido el primero o la primera de todxs lxs cabrxs que saltó un torniquete del metro?, ¿fue uno?, ¿fueron muchos en un mismo simultaneo y único instante?, ¿cuántos años tendrá?, ¿será hombre?, ¿mujer?, ¿en que rincón perdido de la ciudad estará mirando como su gesto terminó por cuestionar toda la estructura de poder sobre la cual se sostenía un país?, ¿habrá sospechado que ese acto, aparentemente pequeño pero de consecuencias históricas impresionantes, desató la mayor protesta de la que tengamos memoria y que posiblemente cambie a Chile para siempre?

Pues bien, tú, cabrx, eres el primer alienígena de una comunidad multicolor de alienígenas. Tu salto sobre el torniquete fue el inicio simbólico de un nuevo país, una bandera que se hunde sobre el territorio con una sola leyenda: Chile despertó. Despertó de la siesta del consumo y la individualidad patógena. De ese dolor y ese miedo que nos tenía separados, compitiendo enajenados en un ruta ciega que nos impulsaba al colapso y la crisis.

¿Te has detenido a pensar lo que hiciste tú y todxs tus compañerxs, pingüino rebelde?…
Provocaron que los ríos comenzaran a correr. Yo los vi, ¿tú los viste?, ¿has visto los bailes, los cantos, las pancartas y los colores que recrean este latir de la historia? Ustedes lo provocaron. Provocaron, además, un generalizado y compacto sentimiento de escepticismo hacia esa guerra ficticia declarada por el presidente y los mensajes de la televisión que intentaban crear el clima para que pareciera cierta. Provocaron que la gente dudara cuando el presidente hablaba de “lo que quieren los chilenos” en circunstancias que él no vive como ningún chileno y, en definitiva, gobierna un país que no habita, un país de alienígenas. Y es en razón de esa desconexión que entendió el malestar social como algo que había que aplastar con militares (comiendo pizza en Vitacura) y no entender con sensibilidad.

Ustedes, secundarios, provocaron una explosión de alienígenas, reproduciéndose en todas las esquinas, golpeado la olla y sartenes para comunicarse con un código críptico: ta, ta, ta-ta, tan. Por sobre todo, secundario rebelde, provocaste que los alienígenas entiendan, o empiecen a entender, el tremendo poder que tienen cuando se unen. Eso es llevar a la practica lo que alguna vez dijo otro presidente: la historia es nuestra, y la hacen los pueblos. Ahora, tras cada ofrecimiento del gobierno, los alienígenas ya saben que las herramientas del amo jamás servirán para desarmar su propia casa, porque ustedes, pinguinxs, provocaron que la gente volteara la cabeza y mirara quien proyectaban las imágenes al fondo de la caverna.

Su acto, cabrxs, se transformó en un oleada imparable de esperanza y alegre rebeldía. Sacaron la rabia, la emoción y el grito contendido. Hicieron que aquel trabajador que se auto culpaba por su pobreza empezara a cuestionar el sistema que lo oprime y no su propia vida, ¿soy pobre porque soy flojo?, se pregunta ahora ese trabajador. ¡Flojo yo que me levanto a las 6.00 de la mañana para trabajar 14 horas diarias!, ¿realmente soy yo el culpable o es toda una estructura sistémica la que produce y reproduce mi pobreza?…

Tú, pingüino, pingüina, que aguantaste los lumazos para que una abuelita que no conocías guardara el pasaje del metro y lo ocupara para comprar pan, tu hoy eres hoy una especie de héroe, de heroína. Un héroe trans-moderno. Un Manuel Rodríguez. Una violeta Parra. Nuestra propia

Rosa Rosa Parks. Ese eres tú.

Te nombran las abuelitas que sobreviven con 90 lucas de pensión.
Te nombran los miles y miles de estudiantes endeudados.
Te nombran las familias de la gente que ha muerto en las lista de espera de los hospitales.
Te nombra ese 50% del país que gana menos de 400 lucas la mes.
Te nombran las 4,6 millones de personas endeudadas.
Te nombran los 5 millones de personas que no terminaron el cuarto medio.
Te nombran el padre y la madre de familia que no llega a fin de mes.
Te nombran los nadie, los nunca, los sin rostro, los invisibles, los últimos de la fila, los desplazados, los postergados. Ellos.
Pero también te nombra el que está conforme con su vida, pero que de todos modos se une al grito de dignidad en nombre de esa maravillosa capacidad emotiva que nos hace sentir el dolor del otro como propio. Esa conciencia que llevó a ustedes, que no sufrieron el alza en el pasaje del metro, a protestar por sus abuelas y abuelos. Esa cosa llamada empatía, o comunidad, que jamás entenderán quienes no pertenecen a la zoología alienígena.

Un proverbio chino dice que para recorrer mil kilómetros primero hay que dar un paso. Ustedes lo dieron y ahora vamos todas y todos detrás. Galeano decía que los pequeños actos no acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá. Pero quizá desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable.

Y en eso estanos, transformándola.

Gracias a ti, a ustedes, los primeros alienígenas que evadieron el metro en un acto de desobediencia civil que se transformó en ejemplo. Donde sea que estén, gracias por despertar a Chile de la siesta. Porque si, es cierto: Chile despertó.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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