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Diálogo y negociación para enfrentar la crisis de legitimidad institucional sistémica

por 11 noviembre, 2019

Diálogo y negociación para enfrentar la crisis de legitimidad institucional sistémica
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Primero que todo, convengamos que Chile ya ha vivido procesos de crisis de legitimidad institucional sistémica (CLIS), donde ha estado en juego el destino del país, es decir, la sombra de su futuro. Para resumir décadas o siglos en que Chile se ha visto en jaque, en la gran mayoría de los casos, se ha recurrido al uso de la fuerza y la violencia sistemática en contra de los vencidos, toda vez que ha primado la lógica confrontacional de bandos en una sociedad dividida.

Solo por poner algunos apellidos a estos fenómenos de crisis, podemos mencionar al menos a Balmaceda, Alessandri y Allende, o bien años, 1891, 1925 y 1973, aunque la historia de lo pasado por alto nos va a recordar otros personajes que han encarnado crisis tipo CLIS en otras épocas. Por lo pronto, nos quedamos con estas tres marcas temporales para comprender el actual escenario nacional como una oportunidad de diálogo y negociación estratégica y, en especial, este análisis  se proyecta sobre la marca Allende/1973.

Antes del golpe de Estado de 1973, comenzaron a manifestarse situaciones o hechos que fueron fermentando la crisis, entre otras, el intento de golpe de Estado a Frei en 1969, el llamado de la DC en agosto de 1969 para avanzar en la ‘unidad política y social del pueblo’, visualizándose este partido como el último gobierno democrático que podía terminar su gobierno con la fuerza de un tercio, haciendo un llamado a la izquierda, un año antes de la elección de Allende para llevar adelante este gesto unitario de alianza amplia. Ya sabemos que este llamado fue desoído por la izquierda, en su propia lógica de que ‘ahora le loca al pueblo’, con la ilusión que el tercio izquierdista podía hacer las grandes transformaciones que proclamaba su programa de gobierno.

La historia nos demostró que no pudo la ‘unidad popular’ y que la ‘unidad política y social del pueblo’ atrincheró a sus actores en la lógica de bandos al igual que antaño. En el caso de la derecha, se apostó por el uso de la fuerza para imponer su orden, que ya venía ideológicamente diseñado con el peso de ‘el ladrillo’ con que finalmente la dictadura cívico-militar cambio la ´cultura país’ desde la economía. ¿Hubo oportunidades de diálogo? varias, entre distintos líderes e iniciativas. ¿Qué no había en Chile? cultura de diálogo, para solventar la polarización, además, en esos años la negociación no era concebida desde una dimensión estratégica, sino que se valoraba más el ‘juego de muñecas’ o ‘muñequeo’ por parte de los líderes políticos.

Ya sabemos sobre el daño que significó la violación sistemática de los derechos humanos, incluyendo la violación de derechos económicos, sociales y culturales gestados por la dictadura, así como las consecuencias del nuevo modelo económico, con sus siete reformas estructurales, incluido los statu quo que provocan, hasta el día de hoy, las leyes de amarre de la constitución política de 1980 en estos 30 años de postdictadura. Desde 1979 en adelante se ha entronizado un sistema de abusos y una sociedad del abandono que sufre cada chileno que ha tenido que recurrir al endeudamiento, para intentar resolver la precariedad e indignidad que produce uno de los sistemas de distribución de la riqueza más aberrantes del planeta.

Si bien, los últimos siete gobiernos postdictadura han adoptado y adaptado el orden impuesto hace 40 años, el despertar de octubre ha significado que cada chileno en su más diversa condición entienda incluso, desde su gen egoísta, que solo un sistema que tienda al equilibrio y al aprecio de la dignidad puede ser sostenible para sí mismo y para la sociedad donde se inserta.

La pregunta es si las élites siguen pensando que ‘uno de estos días, esto de la protesta ciudadana va a pasar’ o se enteran por las redes sociales, medios de comunicación u observación participante que, la CLIS y su estallido social, avanza de norte a sur hasta los faldeos cordilleranos, mucho más allá de las plazas de la segregación que cada ciudad y su ciudadanía puede reconocer como la marca del modelo indignante o sistema de indignidad naturalizada.

La oportunidad histórica que tenemos en nuestra nueva chilenidad es enfrentar esta CLIS, fuera de la lógica de bandos, que otrora  periclitó el suicidio de un Balmaceda o de un Allende como destino manifiesto de un país cuasi analfabeto en cultura de diálogo y negociación o, como recuerda el emblema nacional ‘por la razón o la fuerza’.

La superación de la CLIS actual va más allá incluso de la inversión del lema en ‘por la fuerza de la razón’, ya que ese emblema apela más a la idea de ganar el debate e imponer ‘la razón de unos, por sobre otros’, simplemente una nueva versión del ganar-perder. En tal sentido, esta CLIS implica no tanto el escenario del ‘debate’ para ver quién tiene la razón, sino aventurarnos a un aprendizaje en comunidad para hacer nacer entre todos una auténtica cultura de diálogo y negociación que estimule la innovación colaborativa en el ejercicio de nueva ciudanía y ponga en sintonía lo mejor de nuestras culturas ancestrales, incluyendo ‘los parlas’ junto a prácticas participativas de código abierto que nos ofrecen las nuevas tecnologías.

Al César lo que es de quien haya sido elegido o jurado como César, incluidos todos los poderes del Estado, sumando a las organizaciones y movimientos político sociales que dan nombre a la Polis. En ellos recae la oportunidad y responsabilidad de emprender una negociación estratégica multipartita para enfrentar esta CLIS, logrando legitimidad a su agenda abierta y transparente en la voz del soberano (al pueblo lo que es del pueblo) movilizador de diálogos estratégicos capaces de enfrentar la CLIS, brindando una nueva legitimidad institucional sistémica, fundante de unas nuevas reglas del juego que, el club de los césares tendrá que asumir como una nueva carta de navegación. Diálogo y negociación no son excluyentes, sino convergentes, donde los césares son mandatados por el soberano para ‘negar el ocio’ o negociar y dotar de sentido estratégico la frase ‘Chile despertó’.

En primera instancia, los césares democráticos tendrán que negociar la generación de un nuevo escenario que resitúe la democracia como expresión de gobierno directo para enfrentar la CLIS, esto es negociar la convocatoria a un plebiscito constituyente. Allende no pudo o quiso tarde, se le adelantó el golpe de Estado, dado la lógica de bandos y polarización imperantes.

Esta nueva oportunidad resulta clave convocar a un plebiscito constituyente para abrir un diálogo constituyente, fundado en un diálogo estratégico de millones de ciudadanos, que tendrá un efecto virtuoso para el surgimiento de una democracia que se legitima asimismo y a sus instituciones por efecto de la instalación de una ciudadanía dialogante entre pares y autoridades democráticas, donde la doctrina Sánchez ‘que gane el más mejor’ implique nuevos liderazgos, independientes de quienes sean los nuevos depositarios de la voluntad ciudadana post proceso constituyente. Así, diálogo y negociación resultarán ser pan de cada día para que la acción pasada ‘Chile despertó’ fomente su atención plena en un presente vivido y consciente.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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